Sabor a nada.Eran las veinticuatro horas con cero cero con cero cero horas de ferroviario algunos camaradas de la gendarmería lo cargan cuando habla o lee de esa manera, eran las horas en redondo que confirmó con su firmeza las veinticuatro horas con cero cero a sus compañeros en la cabina, cuando la sombra del pórtico de entrada al calilegua atravesó en décimas de segundos la carrocería de la camioneta en la que iba el comandante segundo Pantané, bostezando del aburrimiento que le daba la modorra después de unos buenos vinos y el asado que comió con sus amigos, cualquiera fuera la tarea que tuviera que hacer era tipo de no amilanarse con esas minucias y menos ahora que se había cargado semejante operativo en sus espaldas, calmo iba y parco como siempre aún con un principio de resaca, un rato antes el cabo Cirilo le confirmó la cadena de puteríos que más le interesaban y era saber si su primo Décima y su amiguita la Aguad habían sido alertados convenientemente con la voz de alerta del tordo en Gorriti y el derrame de esa información por la Demistrópulos, al menos eso informó su precaria pero efectiva inteligencia, la diligencia con la que se movió esa mosquita muerta que se las tira de profesora pulcra y estudiosa y no es más que una hembra voraz y peligrosa, una sonrisa le iluminó también por décimas de segundo la cara al sargento imaginando esa diligencia en la cama, bostezando pero atento era parte de su oficio en la frontera y ahora colaborando con el ejército y la policía y en contra de la sinarquía internacional se entretenía mirando la parte del mundo de adelante que iluminaban los faroles del vehículo presintiendo la negrura de esa oscuridad a los costados, iluminado justo el mundo del frente a oscuras el mundo en los costados, era justo esa hora la hora cuando la sombra esa sombra de la arcada de entrada al pueblo, atravesó de la trompa a la puerta de la caja de la camioneta, y pasó la misma sombra para reproducirse varias veces nuevamente en las carrocerías de igual color amarillento de los camiones y de las camionetas que venían detrás, todos con un logotipo circular con una inicial en sus puertas, en décimas de segundos que sumaban segundos en segundos que sumaban minutos en minutos que al final terminarían en las horas que llevara completar la caravana de rastrillaje, era una sombra natural solamente en el blanco y negro de una luna llena que se perfilaba arriba y lejos como si estuviera dibujada en un cielo negro muy negro plagado de estrellas, pero esa sombra le confirmaba al sargento que el corte de energía se había producido según lo programado y que debía empezar con la larga tarea que tenía asignada para esa larga noche, aunque en ese mismo instante él hacía el cálculo de cómo habrían funcionado todas las usinas de rumores y de información para que su primo el cabezón se enterara que lo venían a buscar y escapara, no debía estar cuando tocaran la puerta número cuarenta y nueve del plano uno en un millón que tenía todo dibujado y tachonado con grafito del pueblo entero, no entendía bien la misión iban a buscar una pilada de tipos que si preguntaban era por averiguación de antecedentes, todo un despropósito por la hora y el motivo, quizás hubiera preguntado si hubiera podido hacerlo pero miró a sus compañeros de cabina y se quedó mudo, él es un oficial de la Guemes cuando la Guemes era la escuela Guemes y no tendrá el secundario terminado pero le dieron instrucciones como para que no ande preguntando pelotudeces, y que si no se las aguanta que pegue el grito con alguna idiotez para tragarse los secretos, por eso mientras entran a calilegua tararea, qué nos sucede vida que últimamente ya nos miramos indiferentes.
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