Gordos y flacos.Cuando llegaron a la isla Bartolotti y Décima parecían Laurel y Hardy, dos gordos reales más dos flacos de películas, disparando de fantasmas porque en realidad nadie los corría, era una pelotudéz correr si no había nadie que los siguiera pero estaban con miedo, pero tampoco se estaban escondiendo niños apenas como jugando a las escondidas, el gordo iba como rengueando y como si le pesara el culo y el flaco parecía el pájaro loco con pasos que daba sin separar las rodillas como una foca, si hubieran tenido que dar explicaciones no las hubieran tenido pero habían comenzado a correr después de recibir el mensaje de la profesora de literatura que les llegó clarito como el agua, ellos estaban en la lista de los perros del mayor de las arenas que se hacía llamar el alcalde interventor del pueblo y al que no lo llamaba así lo sancionaba subordinado matón guardaespaldas o lo que fuera, ellos el gordo y el flaco real estaban en la lista de la gente que se iban a llevar por averiguación de antecedentes durante la noche, había dicho la señorita corran y con una sonrisa les dijo como el gordo y el flaco, un grupo más de todos los grupos que se estaban llevando por averiguación de antecedentes de gente que después no volvía por el pueblo aunque los cuchicheos de los vecinos inventaban las más locas leyendas, leyendas épicas y de traiciones especialmente de traiciones porque venían con el cuento que fulano había entregado a zutano y a mengano y así todos los días con perengano que entregaba a fulano, les habían dicho que esa noche sería la más negra de todas las noches y durante esa noche que seguramente sería larga como todas las noches de invierno cuando amanece más tarde y oscurece más temprano, evitando el apagón porque saldrían de servicios las centrales eléctricas del pueblo que una era del propio pueblo y la otra era de los patrones, por espacio de unas cuatro horas que era lo que ese comandante había calculado para poner en camiones y camionetas unos cuatrocientos de esos zurdos maricones, cuando llegaron a la isla Bartolotti y Décima parecían Laurel y Hardy, corrían desde que escucharon el mensaje que les hacía llegar el tordo no entendían muy bien cómo porque estaba preso y ellos salieron inmediatamente hasta ese punto, la isla, que conocían al dedillo un rectángulo como de cuatro hectáreas que en el lado este en el vértice de abajo limitaba con la esperanza el lote donde les dijeron que los esperaba el negro Melitón con un auto para viajar a la frontera con Paraguay, según la información que tenían en la esperanza no sería como en paulina, prediliana o florencia donde los chacareros que eran de los patrones le pasaban chismes a los militares, y todos los otros lotes del ingenio que ella dijo que eran los lugares por donde andarían el mayor y los matones, cuando llegaron a la isla Bartolotti y Décima parecían Laurel y Hardy metidos en un lío sin haberlo querido, después de todo Bertolotti podía suponer como lo había dicho la señorita Demistrópulos que le dijeron que lo buscaban por un par de reuniones que se hicieron en su casa porque se lo pidió su amigo el flaco colorado que corría a su lado, y el flaco porque a esa reunión vino un montonero pesado que son los que andan en los montes enseñando a los coyas a manejar los fusiles para la revolución que se viene, pero rosarios de dimes y diretes esto era un quilombo y lo mejor era correr por el costado de esa isla espantando a los loros en bandadas que a esa hora de la tarde se adormecían también en bandadas en las ramas de los eucaliptos.
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