Oscuridades y claridades.Cuando monseñor le hizo mutis por el foro y le nombró varias veces las palabras templanza, para aceptar lo que no se puede cambiar, misericordia, para comprender que no siempre funciona la indulgencia, y fortaleza propia y para los que lo rodean, cuando le recomendó entereza llamándolo hijo como lo hacía cuando se ponía ceremonioso y tenía que darle malas noticias no como las noticias que él mismo le traía cuando personalmente le alcanzaba las limosnas generosas que le mandaban los patrones del ingenio para la patroncita la virgen del rosario, cuando su excelentísimo compadre de comilonas una vez al mes hartándose de las pastas que amasaba la mujer de la intendencia de la curia, cuando su reverendísimo camarada de secretos de infidencias de confidencias caminando para la puerta de la catedral de la tacita de plata, enfundando sus manos en esos bolsillos que parecían sin fondo de su sotana negra impecable, cuando el sacerdote amigable y condolido le conversaba para que le entendiera o le terminara de entender lo que le decía, que él no podía interceder más ante la junta de comandantes supremos para pedir por la liberación de su entrañable sobrina que además fue su última ahijada dentro de la parentela que era numerosa, que hizo unas llamadas a los altos mandos pero que de allí le contestaron, dicho sea de paso un sargento de segunda que terminó trenzado con su canciller por una cuestión de protocolo, que lo de la niña era uno de los casos difíciles, y que los casos difíciles los resuelven en conjunto los tres comandantes y para que se reúnan los tres comandantes es más difícil que ver un OVNI, el gringo dimensionó lo que ya venía sospechando, la cosa pesaba más de lo que parecía, estos tipos se las traían y como el ingeniero le venía adelantando no se podía joder con ellos, claro como el agua de problemas oscuros, así que siguiendo los consejos de su amigo el curita y comprovinciano y compañero en las catadas de buen vino que acompañaban buenos asados, aprovechó el viaje de cien kilómetros de vuelta a su casa con el chofer Lobos que no movía ni la pestaña, para adormecerse como le gusta dormir la siesta con un ojo cerrado y el otro abierto, para rezarse unos cuantos padre nuestro y pedirle al señor fortaleza para explicarle a su hermana la mamá de la joven detenida que no había forma de devolverle la libertad de la que fuera privada por averiguación de antecedentes, la hermosa niña de diecinueve es la minita del montonero que manda en la zona de despliegue de la ciudad de las ciudades y es un pez gordo, porque el ya sabe bien que los pescados son más gordos los son más cuanto más cerca están de la capital federal, todo eso le dijo su amigo el curita, es información de primera y ahora apenas despertado en la oscuridad de esta mañana de invierno le vuelve a la memoria y le vuelve la impotencia de entonces.
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