El príncipe y la vestidora.La señorita Denistrópulos se quedó para vestir santos pero eso a su papá no le importó demasiado, no necesitaba que ningún vago y menos inmundo se hiciera cargo de su nena más pequeña por esos días convertida en una competente profesora de literatura y por eso contratada inmediatamente por García el director de la normal, como buena hija de un griego auténtica ella contaba con casa comida y una gran y buena dote que no iba a ser de cualquiera, y menos de ese señorito pelotudo mediquito casado y con dos hijos que andaba regando por todo el pueblo que había logrado conquistar el corazón de tan hermosa princesa, la señorita Denistrópulos se quedó para vestir santos y aunque a su papá no le importó a ella sí porque le había entregado lo que ella sabía que no había entregado a nadie anteriormente, y había creído en todas las promesas de ese engreído que terminó como terminan todos los hombres esclavizados de su familia con el argumento que los niños son muy chiquitos como para dejarlos sin padre hasta que, de golpe como si hubiera sido cosa del espíritu santo o del patailana, aparece la mujer con un bombo que le explota y entonces la señorita Denistrópulos confirmó que el tipo no la quiere y que lamentablemente ella está enamorada, y contenta porque por lo menos la semillita no prendió porque si el griego se entera lo mata con los brazos que tiene manejando el camión cada día para hacer el reparto de mercadería en los lotes y ayudando a sus changarines, la señorita Denistrópulos se quedó para vestir santos pero al gusto no se lo saca nadie, aunque por esa mezcla de tristeza impotencia y bronca que siente cada día se disfraza de señora con vestidos cerrados y exagera sus maneras atildadas y pulcras que no dejen lugar a dudas que es una señorita y no una puta cualquiera.
El príncipe Arredos fue príncipe siempre aunque por esos día no tuviera mucha plata, cuando fue un niño cuando fue un jovencito cuando se recibió de doctor, un tipo de esos que viven de buena suerte como si su vida fuera una fiesta permanente con buenas noticias todos los días, nada de sapos, menos de esas historias de sapos feos que cuentan los viejos cuando se ponen a jugar en el club social los viernes de nochecita como motivo para tomarse unos vermucitos y fumarse unos rubios con boquilla porque todos son cajetillas y se las tiran a dueños de ingenio cuando todo el mundo sabe que en realidad son empleados, él los aprecia pero son todos unos chupamedias de esos y los carga cada vez que puede y los otros se las aguantan, el pensó que eso de los sapos convertido era una leyenda de cuentos de hadas antes que de la realidad pura, es que él no es que anduvo nadando en la abundancia pero en su casa nunca faltó nada y menos cuando tuvieron que mandarlo pensionado a la ciudad de las luces en los cincuenta para estudiar medicina, y eso más una los bienes de una sucesión temprana por el fallecimiento temprano de sus padres en concepción lo había dejado bien parado, así que cuando sintió que Irene estaba enamorada de él se aprovechó de ella y la tuvo toda una noche haciéndole el amor y mintiéndole.
Ahora la otra anda enojada y no le da ni cinco de bola, según los chismosos está prendida con los zurdos pero él está seguro que no se jugará porque la conoce bien, puede estar de acuerdo con lo que piensan pero en el fondo sabe que son unos niños bien que creen que representan al pueblo, ella es de los de él, de los radicales de las boinas blancas, aunque desde que están los milicos nadie habla de estas cosas.
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