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Thursday, September 15, 2011

valientes y cobardes

Valientes y cobardes.
Hasta el padre Keiner que jugaba canastas los viernes y los sábados con las señoras estiradas y con la nariz para arriba, hasta él que formaba parte del grupo porque habían descubierto que sabía y les faltaba un jugador en el club social del ingenio y no les importó que fuera el mismo de los sermones de los domingos cuando explicaba como el caminante renegaba con los publícanos, hasta él que participaba plenamente en esas mesas pantagruélicas que se armaban para jugar comer y chupar como buenos cristianos, hasta él llegó a pensar mal del flaco Méndez como un cagón un temeroso como para despacharse con todo el rosario, como uno de los posibles entregadores de los peligrosos subversivos locales que querían imponer la sinarquía marxista, hasta él llegó a pensar en el otro como un ideal, porque como el mismo cura sabía el flaco se rozaba con los de la sociedad pero partencia al grupo de los caminaban por el fango de la pobreza, porque los mismos días de canastas se venía empilchado impecable y todo de blanco para cumplir con el programa, que con las damas se extendía a las dos jornadas, y al juego de cartas se sumaban unos partidos de tenis que se jugaban a todo o nada en dos canchas impecables de polvo de ladrillo que habían hecho construir los dueños del ingenio, paro al mismo tiempo el flaco vivía engallotado con una mina que vivía en el embudo y le costaba desprenderse de esa vida de privaciones con su sueldo de auxiliar de contador en la empresa, pero esa historia era aparte y hasta él llegó a pensar mal del flaco, así que qué habrán pensado ellas que le presumían y le contaban que sus maridos andaban muy entretenidos con sus trabajos y entonces se le insinuaban.
Pero él y los demás se equivocaron, también el colorado porque el flaco era un valiente formado como él mismo decía en la pontificia universidad de la calle, con elegancia y de buenas maneras le explicó al mayor del ejército comandante de las arenas, responsable del proceso de reorganización nacional en el ingenio y sus zonas periféricas, que no era un buchón ni nada que se le pareciera, que podía contar con él si quería que le presentara mujeres y que de lo demás, directamente, no sabia nada de nadie.
Hasta el padre Keiner se admiró, antes que se comenzaran a asombrar los que quedaban con buen voluntad en el pueblo, atolondrados imprudentes o locos como en cualquier otro pueblo que se enteran de todo que no saben nada que viven que mueren que vegetan, hasta él quedó pasmado antes que se enteraran quienes formaban parte de las partes del pueblo donde seguían desapareciendo parientes amigos allegados, hasta él se admiró del último cuento que daba cuenta que el curita Martínez, le entregaba información a los milicos desde el confesionario, justo desde ahí donde los sacerdotes están más cerca del caminante escuchando en directo las historias de las miseria humana, minas que les meten los cuernos a los maridos y maridos que asesinan a patas de lana, pecados que son más para estar dormidos que despiertos aunque nadie lo cuente a nadie o lo diga y antes de las indicaciones de los treinta padrenuestros y los quince avemarías para tener derecho a la ostia, quién lo hubiera dicho del galleguito jocoso que veía los domingos en la cancha cuando jugaba con los del club Alberdi los odiados rivales de toda la vida que a veces perdían y a veces les rompían el culo con goleadas que hacían que las cargadas se extendieran por meses, hasta él se admiró que ese trabado del curtita español que enseñaba geografía e historia en la comercial, comentara como al pasar quienes eran los peligrosos o al menos quién entendía él que eran los peligrosos, tipos que después los otros mandaban a las comisarías y a los comandos donde los pasaban por el submarino la picana y las docenas de torturas que comentaban que inventaban para que los torturados hablaran.
Pero él y los demás se equivocaron, también el colorado porque el pretendido hombre de temple corajudo curita que renegaba en las misas de los domingos con lo feligreses que dejaban limosnas de hambre, hombre de conocimiento y de fe fuera solamente un cobarde.

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