Sapos y bochas.Y parece que la vieja se estuviera riendo para la eternidad con la boca abierta petrificada, como se ríen sin exageraciones mientras conversan y cuchichean en el palier y en medio de las esperas que lloran las viejas que vienen a ver a los tipos de la naciones unidas, a contarles que tienen hijos que no han vuelto a casa desde hace dos años, que se los llevaron por averiguación de antecedentes pero que no entienden qué clase de averiguación de antecedentes serán esos, quietas las vieja como quieta la vieja muy tiesa muy estirada con rasgos del paso del tiempo, y ellas esperando a esos burócratas que andan levantando denuncias por culpa de unos vende patria que fueron a decir afuera lo que no es y es que por acá son derechos y humanos, le comenta él a su mujer mientras se toma un aperitivo en el bar del mismo hotel, fichando, como se fichan o fichan los jugadores con las fichas del sapo, parece que la vieja se estuviera riendo con los ojos redondamente abiertos y la boca también abierta y endurecida, o mejor inmortalizada en ese bronce forjado con el que antiguamente se hacían todas las cosas también como las distintas figuritas que adornan, como la propia vieja o esas otras viejas de pañuelos blancos en sus cabezas que hacen cola en la puerta del hotelucho ese de mala muerte que está cerca de la estación que eligieron mientras ellos se hospedan en uno de cinco estrellas, y parece que la vieja se estuviera riendo en el centro del adorno presidiendo las distintas parte de ese cajón con compartimentos donde van a parar las fichas de las apuestas, y parece que la vieja se hubiera quedado con la boca abierta para siempre como hambrienta esperando para siempre tragarse alguna de esas fichas que tiran los jugadores, como el sapo contiguo o el sapo y la rana que sentadita para toda la vida y que están muy cerca, o lo molinetes que giran que aunque conducen las fichas a compartimentos que pagan menos son más porque vieja hay una sola dos son los sapos y las ranas y hay como cuatro molinetes y cuatro ranuras comunes.
Y allá en la cola las mujeres cuchichean que los militares toman las denuncias que las denuncias entran en los juzgados pero que en los juzgados hay una lentitud bárbara y vaya a saber en qué compartimentos estarán sus chicos que lo único que quieren es verlos que si hicieron algo malo que lo paguen pero que las dejen verlos que ellos son inocente como un sapo o una rana, en la cola terminan dando vueltas como los molinetes del sapo.
Nada mejor que las tardecitas de los viernes en el club social cuando comienzan a juntarse los viejos a jugar a las bochas, cuando vienen sueltos de ropa con sus camisas y pantalones de hilos impecables y sus alpargatas especiales de yute, blancas como la de los pintores, y tiran el bochín y comienzan a lanzar las bochas y se pelean y se arrodillan y los exagerados se tiran y llevan cintas métricas en los bolsillos, nada mejor que esas tardecitas mirándolos cómo divertidos se embadurnan con el ladrillo picado de los bordes de la cancha que son de madera igual que las cabeceras o la cabecera y el otro extremos y la arena pura de la cancha, como si fueran niños, más niños que ellos que van y vienen para juntarse en el bar del club a tomar unos cinzanos y escuchar esas lecciones esos adoctrinamientos que traen los bolitas que vienen diciendo que hablan por los cubanos y el che sobre la revolución marxista y todos sus beneficios, nada mejor que eso y nadie puede sospechar que ellos puedan estar actuando como una cédula le dicen los que vienen a enseñarles los mismos que les dicen que el pueblo está desesperado esperando la revolución, de ellos que son los montoneros que no saben porqué les pusieron, así que les suena a un caudillo de la cuesta del portezuelo y que a lo mejor es porque es un amontonamiento de tipos con iguales pensamientos o un montón de boludos porque ni los peones del campo los escuchan.
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