Pesadillas y razones.Nuevas pesadillas van quedando cuando se van interrumpiendo viejas pesadillas, unas quedan atrás otras pasan adelante se mezclan, no hay más esos sueños exaltados de los primeros días creyendo que el infierno en palomitas y en monte quemado se replicaría en infiernos parecidos, en esos lugares inundados de pronto por ruidos de cristales que se rompen que hacen estruendos que se confunden con estruendos de tiros de quejidos de pedidos de ruegos de llantos de niños grandes pidiendo por sus madres de grandes achicados que no se las aguantan y preguntan cómo pueden salvarse, de esas decenas de hijos de puta de cobardes de maricones de luciferes con trajes de fajina agrandadazos por portaciones de escopetas que ni funcionan pero que asustan por los golpes que se dan mientras preguntan, de pistolas de gruesos calibre, con tipos prepotentes calentones y vividores, coimeros y aprovechados en los aprietes que eran distintos para varones que para mujeres como es siempre, que los de ellas terminan con algún servicio que eso sirve para perdonar cualquier pecado al que debe hacerlo lo de perdonar claro porque pecar anda pecando cualquiera, no están mal los pervertidos poniéndoles a ellos picana en las bolas y en la poronga y haciéndosela chupar las de ellos por la niñas que todavía con el semen chorreando de su labios entregan a docenas de compañeros para que las suelten, el colorado se da vueltas y vueltas en la cama ronca y largas largos gemidos después de haber quedado exhausto bailando el pata - pata de la Miriam Makeba, ahora son repetidos los sueños con buchones y entregadores en un pueblo donde los más buenos lo son porque ni hablan ni ven ni escuchan en suma porque se hacen bien los pelotudos cada vez que los otros proceden en sus operativos, nadie dice nada nadie se queja todos miran para cualquier lado dicen por algo será algo deben haber hecho, y sueña que menos mal que en ese pueblo nadie pregunta por él salvo un par de minas y solamente cuando se trata de registros contables que en eso anda diez puntos, nadie les dice nada a estos demonios con uniformes verde oliva o azules cuando vienen de las ciudades cercanas donde tomaron bajo condiciones de guerra los distritos militares que hasta ayer nomás eran páramos apacibles en los que caminaban colimbas solitarios y pajeros y ahora dicen los que llevan y traen que están convertidos en purgatorios cuando menos porque son verdaderos infiernos que es cuando comienzan a llevarse carradas de gente como si cargaran arena en los acoplados de los camiones.
Esas son sus pesadillas mucho más pesadas que las ligeras razones que tiene para hacer de su vida un remanso apacible.
Un sosiego cargado de vino y de asado los viernes a la noche y los sábados al mediodía con los compañeros de trabajo los domingos al mediodía y también a la noche con los mismos compinches, una quietud que a veces interrumpe su mujer que se queja que no tienen ni para ir de vacaciones como si él tuviera el tiempo para andar pensando en eso cuando tiene que trabajar par mantener a los niños que van creciendo, y encima hacer de cuenta que no ha pasado nada que la vida continua aunque las noticias que lleguen no sean de las mejores, que a su papá le dieron tanto que cuando volvió se murió de tristeza porque con la prepotencia de estos tipos le quitaron hasta la casa que era el único indicio de un bienestar movedizo como un anchi apenas una casita que el viejo había logrado ampliar por ahí de los sesenta con una gratificación que le dieron en el banco de la provincia en la época de los milicos cuando existían los premios a la lealtad y al afán de todos los trabajadores que extrañaban al general.
Eran sus razones mucho más livianas que las rápidas pesadillas que tiene para hacer de su vida una corriente turbulenta.
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