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Tuesday, September 06, 2011

ego y alter ego

Ego y alter ego.
Emma fue una niña y una joven alegre, con el edredón a cuestas y arrastrando su muñeca desvencijada de caolín o de biscuit o de piel de cabritilla apenas aprendió a caminar andaba de acá para allá jugando sola o acompañada cuando encontraba otras niñas, y mientras creció se le fueron pegando para toda su vida los momentos de esas payanas eternas en las que perdía igual de veces a las que ganaba, las largas horas de las rayuelas que jugaba en las escuelas pero también en las plazoletas cercanas, yendo una y otra vez de la tierra al cielo brincando sobre una de sus piernas otras veces sobre las dos, corriendo sola si ese era el caso por los mismos corredizos y las mismas escalinatas cuando el placero no molestaba que le sirvieron un poco después de escenarios para presumir cuando fue entrando a la adolescencia igualmente feliz con esos proyectos de galanes que se le escurrían a ella como a las otras chicas con las que andaba todo el día, vecinas amigas compañeras, que andaban igual que ella que se puso querendona y caliente cuando comenzó a tener permiso para bailar siempre bajo la atenta mirada de su madre casamentera a la que no se le escapaba ni el vuelo de una mosca en los bailes del club recreativo.
Aunque malcriada y caprichosa se vio después que para el gusto del otro, Emma fue una mujer alegre los primeros años de matrimonio, los fue pasando satisfecha y plena, cuando todo eran novedades compras y proyectos, cuando todas eran atenciones del mismo tipo que le quitó la virginidad de la misma manera que con el tiempo le fue agotando la paciencia, con dolor pero con el consentimiento de ella, que le rompió la telita de la misma manera que le rompió las ilusiones y el corazón porque Emma fue sintiendo que su dolor podía ser el dolor de los niños cuando fueran creciendo, ese dolor que se le fue manifestando poco a poco pero en forma persistente y que le tocaba por todas las partes de sus más preciados tesoros, lo primero que aprendió cuando se lo enseñaron es que una mujer se debe a un solo hombre, y es lo primero que se olvidó cuando comenzó a vivir las partes miserables del otro sin tener consideración por las propias, los que le enseñaron no le hablaron de las excepciones, de las propias y de las ajenas como cuando el tipo además de las degradaciones de las que la fue haciendo objeto anduvo saltando de lechos en lechos en otros lechos.
Emma es una mujer aunque siga siendo lo que fue, una niña o una joven aunque ahora no más alegre y sí triste aunque divertida, cada vez que puede se calza una de la media docena de pelucas que tiene, se maquilla cuidadosamente y sale sola o con las amigas a los más inverosímiles boliches, y allí se transforma, baila hace mímicas prueba con los límites de un desenfado que en no pocas ocasiones le significa despertarse en lugares extraños al lado de tipos extraños partes de sus estados extraños que se le acaban cuando comienza a recuperarse de la resaca, volviendo a la normalidad parece la misma niña o joven feliz de otros tiempos.
Pero ya no lo es y cuando él le reclama ella le dice será otra, que no sea mal pensado.

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