Órdenes y ordenanzas.Los niños envueltos en hojas de parra, en las mismas hojas que José el cartero recibía regularmente dos veces en el mes como encomiendas en unos paquetes de gran tamaño que venían desde la linda y que urgente llevaba a entregar por la propina en dinero y además porque a veces se juntaban a jugar al póquer y entonces comía esas cosas como cigarrillitos verdes sabrosos que sobraban de las comilonas y luego se servían en las mesas de juego de la sirio libanesa, y los panes de pitas, los mismos panes que se servían para las picadas bañadas en cervezas rubias que se mandaban todos los paisanos con Carlitos el fotógrafo que más allá de su oficio era amigo de cada uno de esos turcos generosos que lo llamaban a cada uno de sus casamientos y cumpleaños de quince y de dieciocho y de aniversarios que festejaban todos, las bolas de calabacín el bacalao al ajo tostado, la tripa rellena con arroz y las empanadas árabes eran los más importantes platos de una docena de otros posibles, que Don Francisco le hacía cocinar a su sometida pero educada mujer cada vez que lo invitaba a comer generalmente a cenar salvo que se tratara de cuestiones urgentes como ahora, y entonces se juntaba con él en los mediodía, y esta vez no era una excepción, así que apenas llegó Don Francisco lo hizo pasar y antes que el otro degustara si primer trago de vino ya le estaba comentando sin mucho protocolo que ahora que se hizo cargo de la intervención militar el mayor de las arenas que se acuerde del compromiso que tiene con poner a su hijo el contador de secretario de hacienda y que le diga nomás de todas las instrucciones que los patrones dieron para que no se pierdas la industria que es el motor del pueblo, y el otro le agradece mientras lastra como lima vieja y le dice que la cosa es clarita que debe bajara inmediatamente la ordenanza impositiva que el tordo con los ocho cabrones de los concejales hicieron aprobar el viernes entre gallos y medianoche y que tiene que escribir una nueva donde la fabricación de azúcar papel alcohol y frutas de estación no paguen más impuestos que lo que corresponden porque al final todos comen del trabajo que da la empresa en este pueblo de porquerías que andan embromando con estas cuestiones de la zurda y que envenenan a la gente y la ponen en contra cuando siempre fue un pueblo tranquilo, y que después de eso es nada más que seguir las instrucciones del mayor o sea que el chango tendrá que estampar la firma y nada más.
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