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Saturday, August 06, 2011

discurso en el paréntesis V

Discurso del paréntesis V
Yo – Así pasamos mucho tiempo discutiendo posturas, ¿es la perfección algo que esté en otro lado que la boca del hombre?, ¿es la perfección una entidad con algún sustento?, ¿qué es realidad la perfección?, ¿lo bello, el conocimiento superior?, es la perfección solamente una oscura presunción que está en la cabeza del hombre que por definición es imperfecto aunque se crea perfecto y que cree que lo que lleva adelante con su conocimiento se acerca o se parece a lo perfecto para después terminar en la muerte como cualquiera, ¿es la perfección un sinónimo de lo eternos?, ¿es lo imperfecto instantáneo?, posturas, opiniones que en realidad no se cómo llamarlas porque eran más bien sentencias que nos separaban, él insistiendo con sus perfecciones yo aturdido por sus vanidades y por mis presuntas humildades que me llevaban a concebirme imperfecto, nunca fueron resoluciones que significaran coincidencias, no podíamos tenerlas menos en un lugar en una disposición social donde se desplegaban más bien posiciones como las del él más que de las propias mías, pero justo en esa dimensión estaban las explicaciones a mis despelotes, porque era como que las ideas de él se imponían sobre las mismas opiniones mías, aunque a mí me importaba muy poco que eso fuera así, que las cosas se fueran dando diferentes a las que se iban hablando, perfecto discurso vida imperfecta, cuando a él parecía importarle mucho que yo creyera en la legitimidad de las suyas, opiniones, veredictos que al final como si fuéramos una rueda un círculo o lo que fuera significaban posiciones radiales con respecto a problemas comunes de la vida, él con su visión y yo con la mía de círculo complicado de una existencia que se va repitiendo hasta el infinito con muy pocas variaciones que los que estamos en el centro percibimos poco porque ni siquiera tomamos en cuenta el deterioro que sobre nuestros físicos trae el tiempo, que parecía un cúmulo de imperfecciones porque él por su lado nunca se equivocaba, al menos en el discurso nunca admitía equivocaciones, no las mencionaba, y yo por contraste me sentía una paria, una mierda imperfecta en el medio de un mar de perfecciones, él tan seguro de su perfecciones yo tan inseguro de mis imperfecciones y no solamente de las mías sospechando que él no podría no tenerlas, aunque después la historia el paso del tiempo para los dos como pasa el tiempo para cualquiera, fuera reduciendo esa suficiencia en medio de la insuficiencia, en él la potencia para creer con firmeza en todos los méritos de él y por descarte en todos los desméritos míos, quién me habrá mandado a meterme en tamaños líos, si después de todo afuera está plagado de mentirosos y cínicos, eso, especialmente cínicos que dicen una cosa y hacen otra.

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