Discurso de la colonización.
YO - Fuertes huellas dejaron en nosotros, la inmigración de principios del siglo pasado, el pan dulce la sidra y las zapatillas del medio siglo, la onda de las dictaduras militares bajo la sombra de lo que otros etiquetaron como la guerra fría, el creernos que estuvimos recuperando algo que tal vez nunca tengamos en el tercer cuarto del siglo, profundos e invisibles estigmas en las reformas y privatizaciones del cuarto y cuarto del siglo, las estupideces de estos primeros diez años, marcas indelebles nos legaron esos antepasados distorsionados por la historia o mejor por los malos o pésimos o mediocres historiadores, insalvables patologías, patéticos comportamientos conmovedoras actitudes que vamos diciendo que son nuestra identidad nacional y no son más que rasgos de la profunda colonización que llevamos adentro, muy adentro nuestro, que no tiene que ver nada con una cuestión de tierra, con una porción de territorio que ni siquiera ocupamos ni nos interesa ocupar, sino antes, mucho antes, con una posición mental que sí o sí nos convierte en esclavos del sistema impuesto, del que nos sigue viniendo de afuera aunque no lo queramos admitir mirando para los lados equivocados, porque lo importante no es que venga sino que creamos que eso es lo nuestro esto es lo grave, allá poblando salas de cines de cadenas multinacionales congestionando patios de comidas de un estilo de vida, que puede ser mejor o peor, eso no puede cuestionarse, lo que es cuestionables e nuestra lamentable ubicación frente a eso, desesperados por consumir cosas o servicios que tienen sus precios en moneda extranjera y no en la moneda nacional, ahorrando en moneda extranjera, comprando y vendiendo muchas veces una identidad nacional, que en el verbo y en el discurso mil veces proclamamos, declamamos, para mostrar lo que no somos o lo que somos en una parte, cuando logremos romper aquellas cadenas que nos atan por imitación habremos conseguido la libertad plena, y en la libertad plena podremos ponderar el mérito entre nosotros, y en la ponderación del mérito caminaremos hacia una sociedad más igualitaria en serio, y auténtica antes que seria.

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