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Thursday, August 11, 2011

discurso de la palabra del hijo pródigo

Discurso de la parábola del hijo pródigo.
Yo – EL – Nosotros – Que hubiéramos querido ser diferentes a los que fuimos en ese pasado que se hizo presente en ese futuro que se hizo presente. Nadie se toma el trabajo de explicarte lo que es la autenticidad, de lo que es no creerse porque sí eso de estar por encima de nadie como que no hay nadie que esté por encima de uno mismo, si a alguien le interesa eso y encima si uno lo encuentra entre los ahora mutantes, por su características de sobrevivientes y aislados que los hay pero no entre los que aparecen comúnmente, sin puntos medios sin medias tintas sin promedios prójimos como nosotros mismos que la mantienen a costa de todo como el norte de sus propias vidas, en realidad hay muy poca gente dando vueltas con la genuina autenticidad que es ser auténtico cuando nadie te ve cuando no hay nadie que esté controlando con un autentómetro porque no lo hay, porque no hay manera de medir esa estatura moral esa altura ética, que en primer lugar implica no mentirse a sí mismo algo que es muy difícil para cualquiera porque si realmente tuviéramos una amplia y objetiva conciencia de esto a lo mejor no habría tanto psicólogo ni progreso de profesiones similares para arreglarnos los tornillos que andan sueltos, y que al no mentirnos significa como consecuencia no mentir a los otros a nadie de ninguna de las sofisticadas maneras que hemos inventado y que por cierto vivimos inventando para tapara nuestras intolerancias que constituyen la condición complementaria para entender la parábola en toda la magnitud que le quiso dar El cuando la tiró al ruedo, y como nadie se toma el trabajo mucho de lo que hagamos con ella depende de nosotros mismos y precisamente no somos muy propensos a ser auténticos verdaderamente, porque hay mucha comodidad, y mucho menos tolerantes, si no, no estaríamos como estamos, naufragando a cada lado con nuestros dogmas pensando que son malos los otros pero nunca nosotros mismos que por contraposición somos buenos e inmaculados, probablemente mirando de la misma manera que miran los demás para nuestro lado pensando que ellos son los buenos y nosotros los malos, cuando logremos ir un poco más allá de esos estrechos umbrales, de esos límites ridículos de nuestras complacencias, estaremos entendiendo aquello del perdón auténtico repitiendo la idea de la parábola sobre el retorno de aquellos a quienes tenemos la obligación de amar por encima de diferencias y enfrentamientos, aquellos que no son ni más ni menos los otros, entre los cuales indudablemente habrá fanáticos locos despistados, pero que dentro del rango de la autenticidad y de la tolerancia debemos considerar aunque más no sea con el motivo de estar mejor entre todos, claro que el punto de partida de este encuadramiento de esta sintonización, así como es simple singular obvio, es complejo plural y no tan obvio justamente porque no la terminamos de entender a esa narración suya qué es lo que EL no quiso decir por lo menos a los que nos tiramos a seguidores o intérpretes de él mismo, porque si no, no habría pobres en el planeta.




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