Discurso de la conjugación.
Y así fuimos andando confirmando sin saberlo los pasados de los pasados, a pesar que las maestras de quinto grado para arriba y todas las profesoras de lenguaje y literatura que atravesamos durante los años del secundario hicieron todos los esfuerzos para que los comprendiéramos no lo comprendimos cabalmente y nos fuimos haciendo de esa manera incompleta, confirmando sin saberlo que iban quedando atrás esos tiempos y esas informaciones que decodificamos y esas informaciones que no decodificamos y probablemente no decodificaremos nunca, viviendo por nuestra cuenta viviendo con los que nos rodeaban viviendo por cuenta de los otros los que quisimos, odiamos, los que repudiamos, aprendiendo como cualquiera a los golpes que no es lo mismo el pasado que el pasado confirmado que el pasado del pasado en realidad que es en definitiva el pretérito pluscuamperfecto.
Ya en esos días habíamos mirado y escuchado demasiadas cosas las que sabíamos y las que no sabíamos, una mirada confirmaba la otra un sonido confirmaba el sonido anterior, un sabor el sabor pasado, un olor el olor pasado parecido similar tal vez pero único en cada uno de los instantes de las percepciones que fuimos teniendo.
Ya fuimos los que supimos ser ya fuimos lo que supimos ser, o sea el mirar era posterior a una mirada de origen o el oler a otro oler de origen o el gusto seguía en una sucesión inacabable de gustos que nos se interrumpían a pesar que fuimos viviendo como cierres en partes.
Yo he mirado, es hablar del pasado.
Ya había mirado, es hablar del pasado del pasado.
De ese pasado que fuimos mirando con padres distantes aunque amorosos y con Eufemia y con Blanca que nos cuidaron a ambos a mí y a ese otro niño que veo y que ya no está ni fue estando en esos pasados de pasados.
Y así fuimos andando confirmando futuros que se hacían viejos, ¿viejos los futuros?, si la cantidad de futuros que tuvimos iban perdiendo vigencia en el paso de un tiempo vertiginoso del mundo y de nosotros mismos aislados creyendo firmemente que fuimos los primeros y también los últimos de quienes iban apareciendo en ese mundo externo en el que fuimos invisibles inservibles en ocasiones, insoportables rebeldes sin causa renegados insoportables, con un futuro viejo y perimido que si bien fuimos construyendo a partir de un mañana real y posible entraba vertiginosamente en una categoría de un mañana virtual y ficticio que se iba modificando parcialmente para ser parte de la realidad y para quedar como ficción para siempre, conocimos las últimas cocinas a leñas que pacientes manipuleaban nuestras abuelas y creímos en los robots que cocinaban que nunca llegaron como si fueran el futuro pluscuamperfecto, la rémington de la comisaría de la esquina de nuestra casa pasó a olivetti létera y la olivetti rápidamente se convirtió en data entri pero nunca llegó ese futuro que nos auguraba mañanas más armoniosos sin diferencias sin interferencias.
Yo podría mirar, es hablar del futuro.
Yo podría haber mirado, el futuro en una acción pasada.
Entonces si fuera que pensamos que el mundo era perfecto porque no se movía demasiado entonces en esa infancia acogedoras, el mundo iba siendo cada vez más imperfecto hasta en su versión más folclórica de locos que se dicen perfectos cuando son bien imperfectos, locos que no reconocen errores aunque estén pagando los costos de su propios errores.

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