Trago largo – IV –
A medida que pasa el tiempo comienzan a ser más frecuentes las resignaciones desconocidas, los reconocimientos las mansedumbres que no pegan con nada, que no pegan para nada con sus rebeldías de tanto tiempo viejo rebelde sin causa y con causa que no pegan para nada con sus resistencias trabajadas, la abundancia la inconsistencia, la redundancia y la mentira son por lejos más, que eso que sucede en el balance silencioso en los quebrantos que pasa solitario y apartado, la mentira es más grande que la verdad, lo oculto supera a lo evidente, solitario y evitando y tratando de escaparse de los días que siguen de los días siguientes, que también se dan cada semana de cada mes de cada año, los debe y el haber en hojas que se van quedando amarillas y además quebrando de secas que se ponen, el pasar al final horas de horas con los amigos y no tan amigos, chupeteando y mamándose hasta el cansancio hasta quedar descerebrados, ir y regresar demente de cada fiesta magnífica, repetida a veces aburrida.
Un cúmulo de cosas que hacen que el debe supere por siempre el saldo del haber, esos que se van anotando de tanto conseguir a las hembras predispuestas, la verdad pero la verdad en serio, no todo ese delirio de imaginar cuando la verdad es que de vez en cuando se engancha algún pescado, se levanta una rata o se pesca un gato en el mejor de los casos, el líder ama las alegorías desparejas morbosas y groseras de su zoológico que dando vueltas, como giran igual que calesitas los momentos gloriosos del príncipe, que no son todas pamplinas que no son todos patapúfetes él solamente él lo sabe sin decirlo a nadie, y eso en la intimidad es motivo de desaliento, de acritud de depre en la proximidad de una nueva madrugada que se acerca cada vez más, sombras y oscuridades que le permiten convencerse que para algunas damiselas no tan pocas, no alcanza con ser un buen mozo, no alcanza con el dinero de la billetera que mata el galán ni con ningún otro atributo, que ellas mismas privilegian y publicitan cuando se ponen a chismosear de sus levantes, cuando andan de un lado con frases hechas como esa que el hombre propone y la mujer dispone.
Pero el campeador no se rinde, en todo caso se retira para pensar nuevas estrategias para volver, y con nuevas ínfulas a sus ínsulas poniendo sobre la mesa sus fortalezas, escondiendo sus debilidades que son más dudas que otras cosas, o maldiciones o restricciones obligadas porque los años no pasan en vano, dar un paso al costado nunca, no hacerlo para perder menos, menos ahora cuando ha descubierto a la más hermosa entre las potras, difusas recortadas en el resplandor fosforescente, en medio de ese despliegue de minifaldas, pantalones ajustados y camisas con los que se insinúa de todo, lo que hay y lo que no hay y lo que puede haber debajo de esas blusas y debajo de esas trusas minúsculas que se imagina, están impregnadas de perfumes finos naturales o esencias ordinarias, mezcladas con transpiración perfumada y a lo mejor con otros malos olores.
La descubrió mirándolo, así que la parte inicial de filtreo está resuelta así como resolvió la aceleración de su enduro, falta probar con los complementos en el menor tiempo posible, las horas están jugadas y no es cosa de andar perdiendo posiciones ganadas, así que acostumbrado como con esa moto que conoce al dedillo despegó en milésimas de segundos de los vagos, en segundos hizo el trecho que los separaba y en menos de un minuto estuvo a metros de la niña que entonces miró para otro lado.

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