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Monday, April 04, 2011

revolucionario el cronopio hablador luchando contra otros cronopios y famas

Revoluciones del hablador de mayo.
Revolucionario y hablador fue desde pequeño y le gustaba hablar y apenas murió su padre, que lo envió al seminario más porque tenía que cobrar una herencia que por sus propias preferencias, abandonó sus estudios para sacerdote en el colegio de Montserrat y se volvió a Buenos Aires a estudiar para abogado, como ninguno de todos los que fueron siendo sus compañeros, con entusiasmo memorizaba a viva voz sentencias copiadas de cuantos escritos que le llegaban de Voltaire para repetirlos en voz alta como si fueran exclamaciones, aclamaciones que no le pedían, proclamaciones propias, repetía no comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo, memorizando encendido hinchado de fuerzas le encantaban esas palabras, jugando de contenidas en escritos que les llegaba a sus profesores y los profesores le prestaban, escritos que con algunos tiempos de diferencias llegaban con los que llegaban en los barcos al puerto de Buenos Aires, le encantaba repetir en voz alta las enseñanzas de Diderot repitiendo cada cual de su parte y unidos solamente por el interés general del género humano y por un sentimiento de recíproca benevolencia, andaba, caminaba con sus discursos y no le importaba si lo escuchaban.
Le gustaba y repetía a cuanto cristiano que lo quería escuchar las palabras que sus maestros le enseñaron, del iluminado Rousseau inspiración de esa lejana revolución que en el levantaba la envidia, un brillante pensador que según lo que contaban los mismos maestros era un renegón y un majadero, como cómplices de él en sus curiosidades repetían chismes que iban y volvían con los viajeros, cuanto más crece el Estado, más disminuye la libertad, recitaba, aunque pocos las entendieran muy bien o algunos lo escucharan por partes, pocos se encantaban como él al menos los de su camada, repitiendo en cadena como para no olvidarse, una y otra vez adonde anduviera redundando el gobierno, para ser bueno, debe ser relativamente más fuerte a medida que el pueblo es más numeroso, en cuanto círculo literario o sociedades anduviera participando en cuanta tertulia andaba desesperado por contar que cuanto más numerosos son los magistrados, más débil es el gobierno, impostaba con sus apóstrofes a sus audiencias imaginadas o reales, la resolución de los asuntos se vuelve más lenta a medida que se encarga de ellos mayor número de personas, graduaba sus loas sus glorificaciones, probando las ventajas de la libertad los aires de la igualdad en esas palabras que parecían tan perfectas la relación de los magistrados con el gobierno debe ser inversa a la relación de los súbditos con el soberano.
Tanto le gustaba hablar que habló hasta el cansancio, tanto como pudo hasta su desgracia, en la primavera de mil ochocientos uno, recitando de memoria la editorial del telégrafo, ese periódico en el que plasmó con la tinta sus ideas, como prodiga el sol sus resplandores y aspiraba como tomando ímpetu, generosos a la tierra dilatada, disfrutando del discurso de cada palabra agregada, decía que en éxtasis cruel llora pasmada, el helado matiz de sus verdores, cuando todavía iba y venía explicando en las jornadas de mayo por el principio de retroversión, ante la ausencia del monarca la soberanía vuelve al pueblo decía, de repetir el silogismo de Chuquisaca, preguntaba ¿puede seguirse la suerte de España o resistir en América?, las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas, algunos lo escuchaban unos cuantos y eso que era el regidor tercero del cabildo cargo rechazado por los comerciantes.
Revolucionario fue por donde anduvo, de la pluma y la palabra, pero también de la muerte y los manifiestos, disponiendo las ejecuciones ordenadas por la junta, redactando las consignas, para algunos un revoltoso y encima presuntuoso que jugó todo el tiempo para evitar los juicios por las desobediencias cuando anduvo por Bolivia, y le gustaba hablar y fue demasiado cuando para él cuando le dieron la noticia que le tenían que cortar la lengua, por esos un poco antes reforzaba sus divulgaciones y recordaba el más sublime grado de las virtudes de las artes y las ciencia, un egoísta Castelli en el lecho de su muerte un cómodo utilitario con las generaciones que vinieran, si ves al futuro dile que no venga, palabras que no las pudo decir más que escribiendo en un papel que le acercaron cuando ya desfallecía.

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