Contrariedades de un cronopio contradictorio.
Ni analfabeto ni alfabeto así se habrá formado, alfabeto por imperio del linaje en un pueblo colorido de la patria entre la ciudad de las luces y la madre de ciudades, analfabeto por la escasez de instrucciones de entonces, ni ciudadano de Río Seco por el marqués de Sobremonte ni ciudadano ilustre de Villa de María por el gobernador Ferreira de entonces, solamente un niño de aquel pueblito caminando y jugueteando en la frontera para ir hasta Ojo de Agua para aprender de ortografía, de letra redonda y de matemáticas rudimentaria como era la costumbre, solamente creciendo al calor de la protección de una madre, de una mujer ordenadora y matrona y mandona, ni católico ni un ateo cuando fue creciendo y a pesar de todas las recomendaciones, para terminar de andar diciendo antiguamente decían a los Lugones Lunones; por venir estos varones del gran Castillo que traían lunas enteras, medias lunas, lunas llenas.
Sabio jorobado, pide a la taberna,
Comadre del diablo, su teta de loba.
El vino te enciende como una linterna
Y en turris ebúrnea trueca tu joroba,
Porque de nodriza tuviste una loba
Como los gemelos de Roma la Eterna.
Ni socialista ni nacionalista así se habrá expresado, así habrá recitado a lo mejor en sus tardes de soledades, o en la tranquilidad del solaz de los primeros años de matrimonio, socialista por imperio de sus hormonas de niño bien y renegado en las ciudades por donde anduvo, nacionalista cuando comenzó con sus incursiones en las arenas enrarecidas de los discursos populares, cundo dio inicio a su carrera dubitativa en los fangos de presuntos ideales en los pantanos de consolidar ideas que nunca se consolidaron menos por esos días, ni poeta ni cuentista, solamente narrador de tierra adentro escritor discriminado por sus conciudadanos del puerto, como siempre, a mis cretinos: que esta cortés opinión te sea clavada en medio de la cabeza, poeta de versos de los Lugones Lunones aquellos de un escudo cuarteado, cuatro lunas blanqueadas en campo azul dibujadas con versos al otro lado, de azul y blanco esmaltado las estrofas de sus versos las letras insondables de sus cuentos y sus relatos.
Ni golpista ni republicano por el año de mil novecientos treinta así se habrá pronunciado, escribiendo por encargo, El Ejército y la Armada de la Patria, respondiendo al calor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para el destino del país, lleno de demonios ni con el golpe ni contra el golpe, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República el abandono inmediato de los cargos, ¿el pueblo nunca habla por su cuenta?, cargos que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales, nombrando y enriqueciendo parientes, comunicando el número uno pero el número uno de todos los que vendrían, les notificamos categóricamente que ya no cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas, cuyo objetivo primordial es defender el decoro personal, que ellos han comprometido, y que no habrá en nuestras filas un solo hombre que se levante frente a sus camaradas para defender una causa que se ha convertido en vergüenza de la Nación, comunicando el número dos de todos los números dos posibles, les notificamos también que no toleraremos que por maniobras y comunicaciones de última hora pretendan salvar a un gobierno repudiado por la opinión pública, ni mantener en el poder los residuos del conglomerado político que está estrangulando a la República, ni con el régimen ni sin el régimen así se habrá proclamado.

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