Pulpos en su tinta, historias de camaleones y auditores, de cronopios y famas fuera de la historia y fuera de las corporaciones que escriben la historia.
Hace mucho él mismo se preguntaba, el señorito se preguntaba ¿debe seguirse la suerte de España o resistir en América?, las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas, pero claro él era un ciclotímico y después cambiaba, tilingo el tucumano se iba con unos volvía con otros arreglando en los círculos superiores en los que se movía, y esos unos a veces coincidían con él y otras veces no coincidían y esos otros le daban la razón y otras veces se lo negaban, y entonces todos y él, el señorito seductor de señoritas que graciosas presumían y lo esquivaban, todos esos después cobraban o pagaban, y eso él bien lo sabía por su oficio de auditor y más que nada como auditor de lo ejércitos.
Hace mucho que él mismo decía hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria, hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos ha perpetuado por salvajes y mirados como esclavos, pero claro él era un ciclotímico y después cambiaba, mentecato el del jardín de la república se iba con unos volvía con otros arreglando en los círculos superiores en los que se movía, y esos de un lado concordaban con sus encendidas ideas y aún declaraciones y de otro lado a veces no concordaban y entonces se armaban los zafarranchos y corría mucha sangre que era como mucha de la tinta que sale de los pulpos cuando quieren defenderse, pero también cuando andan atacando.
Hace mucho que él mismo decía hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina pero claro él era un ciclotímico y después cambiaba, un majadero el de San Miguel se iba con unos volvía con otros arreglando los asuntos a su conveniencia en los círculos superiores en los que se movía, con San Martín, con Bolívar, con O`Higgins, en ocasiones mirando para ellos, para que los oficiales no se fueran en mentiras y menos en connivencia con los subalternos, haciendo preguntas incómodas como hacen los auditores, de stocks de armas y municiones de pertrechos diversos de raciones de comida y de remedios, esos auditores que son como camaleones que deben cambiar de colores para saber lo que quieren saber, haciendo preguntas con respuestas incómodas.
Pero claro, no se pensaba lo sanguinarios que esos unos y esos otros podían ser con quienes metieran sus narices en sus prósperos negocios, por aquí en las colonias por allá en la península, entre virreyes, generales, condes y marqueses, oficiales mayores y menores, negocios combinados de acá para allá de allá para acá, no se pensaba cuando debía de haberlo hecho, el auditor de auditores un pulpo en su tinta un camaleón cambiando de colores, el espía, el espiador de los jefes ocupados, el tuvo mucho de los ímpetus de los jóvenes y muy poco de las sabidurías de los viejos, de esos que llegan a viejos con sus propias facultades o por sus propias facultades, no lo habrá pensado como no se habrá imaginado de los que escribirían de él los que se animan con la historia, esos que escribieron Monteagudo llegó a Buenos Aires en 1811, luego de la muerte de Mariano Moreno asesinato del que nadie dice una palabra, después de la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, que desplazó del gobierno al ala radical de la Revolución de Mayo, afianzando el poder del ala conservadora liderada por Saavedra, y como auditor camaleón asumió la defensa de varios de los acusados, incluido Castelli, en el juicio para buscar responsables por la derrota de Huaqui en la quebrada de Yuraicoragua, derrota que le cargaron en la mochila a Viamonte, fue editor de la Gaceta de Buenos Aires, alternándose con Vicente Pazos Silva, quien pronto pasó a ser su enemigo y lo acusó de "sacrílego profanador", y también influyó en la redacción del Estatuto Provisional por el que se debía regir el gobierno hasta la reunión de la Asamblea General Constituyente, la primera norma de tipo constitucional dictada en el ámbito de lo que luego pasarían a ser las naciones de Argentina, Bolivia y Uruguay.
Después lo asesinaron o lo asesinó Candelario con unos y otros por cincuenta doblones de cuatro pesos en oro en la plazoleta de la Micheo, o nunca se supo muy bien quien entre todos los corifeos posibles, entre todos los barberos de Lima, entre todos los soldados o aserradores, entre todos los esclavos y todos los cocineros, o entre todas las faroleras enamoradas de un coronel, probablemente habrá sido porque se pasó toda la vida con los que saben que las revoluciones se hacen con ideales, sueños primero de mundos diferentes proyectos después de mundos diferentes, con intrigas y con elevados objetivos o con transparentes propósitos, pero también con corrupciones, con mentiras, con maquinaciones y maniobras, con muerte desolaciones y traiciones, porque no hay nada que hacerle, siempre el hombre anda entre la fortuna y la miseria.

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