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Sunday, March 20, 2011

rescatando leyendas desde el fondo de nuestra historia luces que aunque veamos nos alumbran

LA LUZ MALA - MARIO PAZ ESCRIBIENDO CON RAFAEL OBLIGADO, larga tropa de carretas atraviesa la llanura bajo la eterna hermosura de los radiantes planetas, larga tropa de carretas cortas atraviesa el llano y penetra la sabana o van por un sendero en medio de la eterna espesura alumbrada con la luz que irradian de los resplandecientes planetas, corta tropa de carretas largas bajo las estrellas nada más en esos mundos de silencio transitando abajo del techo del oscuro universo, hay un cielo abierto infinito el universo, al tardo paso sujetas de los bueyes, enfiladas, salvan lomas y quebradas, al lento andar de las yuntas cansadas o perezosas en caravana pasan montículos y hondonadas, y en el trébol florecido, haciendo áspero ruido, hunden las ruedas pesadas, crujen las ruedas con el efecto centrífugo que empieza en sus ejes como si fuera un quejido más de todos los lamentos que se escuchan en el monte crujen la ruedas pesadas y mugen los bueyes lanzan sus bufidos un búho ulula a lo lejos y se escuchan gruñidos por todos lados, vense allí en el claroscuro de mil vagos resplandores y sonidos lento el andar de las carretas acelerados los corazones, vence oscilar sus conductores sobre el pértigo inseguro, ensimismados y silenciosos, somnolientos y asustados, de llegar no tiene apuro a su rancho el picador, jinete de mil corceles montador de oficio peón diestro en cabalgaduras y cabalgatas, pero músico y cantor al fin juglar también de mil canciones, entretiene su camino con algún triste argentino que llora ausencias de amor, la Cruz del Sud, suspendida sobre los campos desiertos recuerda al Mesías remonta al Nazareno, esa cruz de una crucifixión repetida es como que tiende los brazos abiertos hacia la tierra dormida, y en la sombra sumergida aquella inmensa región, llena de mística unción, fervores de campesinos temores susurros del carpintero llama por el trébol perfumada, cruz que parece que baja como en una lluvia de estrellas con el sereno en la noche sombría con luz que está a sus plantas postrada como en perpetua oración, súbito brilla a lo lejos una luz, un resplandor repentino que se presenta de improviso, la luz maldita, la luz maldita, maldita la luz que sigue maldita la luz que se pierde, cuya historia nunca escrita saben jóvenes y viejos, es la luz maldita nadie la toca, vedla: lanza mil reflejos; se detiene y humo exhala; incendia el campo, destruye personas y las cosechas resbala como bailando en el aire como rasando la tierra en un lugar distante es la luz siniestra que va retorciéndose maligna, para quemar a alguien para dejarlo ciego, y cada uno se persigna, murmurando,
"-¡La luz mala!",
"-es el alma de un hermano, que, desterrada del cielo, solitaria y sin consuelo vaga errante por el llano, dicen que fue un peón de campo cualquiera, un espíritu cristiano de crueles ansias lleno, que, de la noche en el seno, nos ha pedido otras veces una cruz y algunas preces que lo tornen justo y bueno”,
así lo ha suplicado dice que por amor ha matado dice que por desengaño al patrón ha degollado, así dice y así pede que digan, y entretanto, esquivando sus destellos, rezan juntos todos ellos, olvidados ya del canto por el ánima angustiada, larga tropa de carretas cortas atraviesa el llano y penetra la sabana o van por un sendero en medio de la eterna espesura alumbrada con la luz que irradian de los resplandecientes planetas, y la luz mala, corta tropa de carretas largas bajo las estrellas nada más en esos mundos de silencio transitando abajo del techo del oscuro universo, los hombres ven, trémulos de espanto, cómo la luz resplandece, y chispea, y desparece, y con nueva brillantez ilumina, y cada vez más y más grande parece, ora se hunde en el bajo ora se eleva en el aire ora se pierde entre los pastizales ora sale impulsada, ora corre por la loma, pero siempre avanza, y toma por momentos nuevo brío, dicen los hombre que desde el horizonte sombrío se aproxima a cada instante y como una campana bascula para desaparecer de nuevo, y hacia atrás y hacia adelante huyen las sombras inquietas, algunas son sombras otros animales y se acerca a las carretas como un ojo centellante, y, mientras lleno de horror, uno que siente angustia que siente pena tras esfuerzos sobrehumanos, se cubre con ambas manos todo el rostro el picador, siente miedo el cristiano como si hubiera hecho algo por el alma del hermano que se murió con tristeza, el penacho de vapor suelto al aire, luz que no es de las estrellas ni proviene del oscuro universo rauda y altiva, rumorosa y convulsiva cual un potro desbocado, pasa hirviendo por su lado la veloz locomotiva, se asusta un paisano más otro no se asusta y exclama ¡mal hacéis vuestro camino paso a paso y lentamente, al alcance del torrente, antiguo pueblo argentino!, ¡cantad himnos al destino, y cuando en noche serena brille una luz, no os de pena, no temáis, criollos, por eso, si hay perdón para el maula y hay ensueño de cosecheros, que en las vías del progreso la luz mala es la luz buena!

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