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Monday, March 21, 2011

cronopios juntos uno un genio el otro el escribiente en rescate de joyas de la literatura

La Salamanca, Mario Paz escribiendo con Rafael Obligado, nace la Noche en el fondo de las abruptas cañadas, se asoma la iguana la iguana mala se asoma y se esconde mala la iguánida con los hombres que entran en la montaña, y con las sombras primeras por los valles se adelanta la noche con cada paso en los pasadizos se adelanta, aunque es dulce, en su presencia juglares le cantan a la noche las aves gimen, no cantan, y se arrojan a su albergue tropezando entre las ramas como si alguien apagara de golpe la candela; aunque es tierna, y el suspiro de sus labios llena el aura, la brisa con los fantasmas va taimada despertando execrables alimañas, deja el valle como en un momento el día pasa de la irradiación a lo negro, y en silencio ágil trepa por la falda, metiéndose entre las grietas, descendiendo a las quebradas pasa el día a la noche como pasara con los años, arrebatando las luces que el sol dejó en la montaña luces que van quedando y de pasar después se apagan, hasta que se hunde sombría en la horrenda Salamanca, nace la sombra crece y se agiganta, ¡la Salamanca! aunque haya noches cortas y noches largas, nace la sombra crece y se agiganta, antro oscuro de quiméricas fantasmas ciudad de los espíritus aldea de ánimas livianas y de almas en pena, que en los senos de la sierra largo espacio se dilata, largo sendero con pocas sinuosidades largo atajo con paredes de tierra apisonada, en columnas de calcáreo lanza sus bóvedas anchas que en algunas partes se angostan, o corriendo por encima de estalagmitas se arrastra como bicho rastrero con encantamiento; retuércese en espirales que a los abismos se lanzan para ganarle a la roca curvas y contra curvas para terminar en picada; por silente galería recta las peñas taladra uno que otro risco que se rompe en pedazos; y del fondo tenebroso oscuro fondo frondoso, en vibrantes bocanadas de chispas plateadas, arroja al vasto recinto de las bóvedas en calma camino oscuro sin un alma, el lejano cañoneo de estruendosa catarata, de tierra y pedradas torrente de color y de arcilla, luego, en grietas repartida para que un día pase la iguana, por angostas sendas marcha mostrando un camino que a veces ensancha, hasta juntarse en inmensa húmeda y tétrica sala de descanso y de parada, donde suena, siglos hace, la pertinaz gota de agua, agua que sale de las grietas en la montaña, hendeduras que se abren y tapan para que ande la iguana, ¡mansión de horror!, en la altura giran del buho las alas son esas alas, alas de pájaro perezoso, y de sus ojos redondos echa a aquel antro las llamas; bufando el lagarto brillan sus ojos en la penumbra desolada, y más abajo, esparciendo del aire espeso los miasmas da cantidad de sabandijas, de los hediondos murciélagos vuela la torpe bandada y corren los que no vuelan, corren en fila, azotando las encorvadas murallas, les quitaron sus moradas en procesión hervorosa torpes topan como topos las malditas luces malas, y, a su reflejo, o a la luz de una luciérnaga algún duende se asoma, y rápido pasa como para aunque todos sepan nadie lo vea, hundiendo mudo en la sombra los callados pies de lana, corre el pata y lana, de la más honda tiniebla, de esa que ha quedado abierta como un hervor del abismo, bordeando el infierno suben de trasgos y engendros y brujas los palmoteos y gritos, suenan como aplausos como suspiros arteros desesperados graznidos ululares y chilladas, luego, en tropel sonoroso, llenan la sala, y principio dan, bajo teas humeantes, ciegas sonoras suenan las cizañas al aquelarre maldito, hay pocos peones pero los pocos trabajan, giran en torno de un tacho que hierve a un fuego rojizo para luz y para hacer fundiciones; con varejones de tala esos hombres revuelven, baten el líquido; y echan el húmedo sapo de los pantanos traído; ellos creen que así el camaleón desaparecerá del mapa, echan la blanda lengua del perro que erró sin amo ni abrigo, de asustarse entre ellos mismos de espantarse se espantan y, en el desierto, a la luna, alzó lamento tristísimo; de las iguanas los ojos; las alas de los vampiros; siempre girando, girando en infernal remolino dentro del mismo túnel más de un torbellino, desde la gruta ignorada, nadie conoce todas las sombras suena en los campos vecinos aquel estrépito infame estertor arenoso de una voz con carraspera, ronca la flema con la dulzura de un himno,: música errante sencilla y despareja, que lleva al corazón y al espíritu de la salamanca por dentro, ansia de empresas vedadas, sed de grandeza y dominio un criollo joven y hermoso se distingue de los otros, de cribado calzoncillo el mozo, de facón a la cintura como otros, de poncho, espuela y barbijo surgido del entretejo, por la música celeste y su ambición atraído, entró impávido en la gruta presuntuoso y engreído se hundió en su inmenso recinto, un punto tembló, y un punto vaciló en su condición de embebido, pero, atrevido, como flexible culebra como uno más de las malas alimañas se arrastró por los abismos, y allá las brujas gritaron, abriéndose en ancho círculo: "-¡llegue el valiente a iniciarse, el hermoso, el bienvenido!, ¡venga luego a complacerle, venga el rey de nuestro asilo!", pesadillas de beodo camino de alucinaciones y miedos, a esta voz, rompiendo el muro, apareciendo de repente se apareció el diablo antiguo el de la cola y los cuerno, largo y flaco con el tridente en la mano, hediendo a azufre hombre y sierpe a un tiempo mismo, de caminar y arrastrarse como hace siempre "-¿qué desea el que me busca?" ronco y grave al joven dijo, largo silencio se ha puesto "-el amor de las mujeres, el caballo que yo envidio, echar suerte con la taba, buen ojo para el cuchillo, después de un rato el joven dijo, a la mula más bellaca montarla de un solo brinco, y darte el alma por todo, ¿te conviene?" "-concedido; le contestó satanás al distraído pero antes, venga una prueba para saber si eres digno," y así diciendo, Satán abrió un hondo precipicio al que se asomó el criollo sin más senda que una larga cuchilla puesta de filo; debajo, monstruos y fieras que dan hambrientos rugidos, y en el fondo, en un altar, la dulce imagen del Cristo, "-¡anda! ordenó el diablo gritando, está abierta la senda a tus humanos designios; el amor de las mujeres, el caballo que yo envidio, ¡anda! y no temas los monstruos que te saldrán al camino; echar suerte con la taba, buen ojo para el cuchillo, ¡anda! y ¡escupe y derriba al odiado, al crucifijo!" a la talla del enemigo, el ambicioso, el blasfemo, echó a andar por el peligroso precipicio y un estallido lanzó al joven, a las brujas, y a Satanás, al abismo, la dinamita triunfante en triunfante explosión de triunfante trabajo, y del obrero los picos perforaban la montaña abriendo túnel magnífico a la audaz locomotora, al nuevo, excelso vestiglo, monstruo de hierro dragón o de muchas bocanadas.

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