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Friday, March 11, 2011

dichas de protecciones que confunden bastante

Cronopio caprichoso dichoso borroso confundido triste cronopio partido, le daba un poco de vergüenza pero a él le gustaba que lo mimaran que le anduvieran por atrás preguntándole si le gustaba si quería otra cosa si los aprobaba si lo cambiaba, le daba un poco de vergüenza pero a él le gustaba eso que parecía una comitiva detrás de él además de ser una comidilla aquel grupo de personas que fue a despedirlo en la estación de santiago un ramillete de cotorras que lo querían como si fueran su madre multiplicada por varias veces además de la propia que estaba presente y les daba instrucciones a las otras, que le arreglaran las arrugas de la ropa que le acomodaran el flequillo del corte americano, le daba un poco de vergüenza pero le gustaba tener tantas cuidadores pendientes su séquito propio de ruidosas y habladores de damas atentas y complacientes con sus gestos pendientes de sus palabras, madre hermanas amigas y amigas de las amigas de la hermanas, concentradas todas en su aspecto y sus caprichos de niño mimado por ese ramillete de matronas parlanchinas que numeraban en el andén lo que inventariaban siempre y que catalogaban desde unos días atrás cuando le llegó la notificación de la fuerza aérea, un par de camisetas frisadas un par de calzoncillos largos que él rechazaba porque eso usaban los viejos, dos camisas de frisa dos pantalones de media estación un pulóver y un buzo y un sobretodo gastado enumeraban con memorias de progenitoras amorosas numerosas y de esperpentos complacientes en conjunto viendo de despachar al niño hasta los buenos aires, el Pilita le llamaban de pila tal vez por la pelada en su cabeza redonda y bien formada, le daba un poco de vergüenza en su concurrido principio de colimba por los que pudieran estar mirando en esa estación llena de gente, aunque se sintiera un niño estaba partiendo al servicio militar adonde se terminan de hacer los hombres le dijo un hermano mayor unos días antes adonde no van los maricones que si entran se los tiran a todos, le daba un poco de vergüenza pero le gustaba tener ese cortejo de comadronas preocupadas por si llevaba el pijama y la pantuflas el cepillo de dientes y los elementos de higiene, el cepillo de dientes especialmente inventariaban mientras le hablaban de los dientes blancos y de la muelas cariadas y los guardias se paseaban baladíes y grises como sus uniformes y sus gorras con viseras caminando parsimoniosos picando los boletos y anunciando la inminente partida al viaje de quince horas a las quince horas como si fuera la cábala, le daba un poco de vergüenza pero a él le gustaba que lo mimaran que le anduvieran por atrás preguntándole si le gustaba si quería otra cosa si los aprobaba si lo cambiaba, mientras la locomotora levantaba vapor y como si fuera de un gigante que resoplaba largaba la presión que se escapaba de rendijas inferiores con la forma de bolas de humo que impregnaban todos los pasillos en la zona de andenes incluso a ellas a su madre a sus hermanas a las amigas de sus hermanas a las amigas de las amigas de sus hermanas en el numeroso acompañamiento que se le juntaba para ver si iba todo lo pertrechado que las brujas suponían que debía estarlo, le daba un poco de vergüenza tenía entonces sus escrúpulos pero a él le gustaba que lo halagaran que le anduvieran por atrás festejando sus ocurrencias como lo hicieron siempre desde que tuvo conciencia que lo siguieran preguntándole si le gustaba si quería otra cosa a la que tenía o se le daba lo mismo una cosa que otra si aprobaba sus consentimientos si cambiaban. Pasaron los años y a él Raúl lo mismo le daba un poco de vergüenza pero a él le gustaba que lo mimaran esas chismosas borrosas celestinas que lo apañaran con las amantes que lo defendieran del veneno que destilaba la única mujer que no aguantaba la propia que lo defendieran con sus talantes.

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