Duros oficios en duras geografías y en duros días de una Cronopia cualquiera, cuando comenzó le sobraban las ganas y las fuerzas y le faltaba el dinero, iba entretejiendo sueños mientras cabalgaba allá en Yariguarenda en plena selva oranense que en punta como si fuera una cuña bajaba desde Bolivia y se metía en parte de la linda y del jardín de la república en un lugar que en la época que ella anduvo se llegaba solo a caballo antes que en un caballo se desplazaba solo con una mula y un asno que el baqueano y su papá que la acompañaba de pesado cargaron entonces con sus escasas pertenencias dos valijas de cuero y un pequeño baúl con media docena de libros y un par de muñecas que portaba como recuerdos de su infancia difícil pero radiante que había terminado apenas seis años antes, cuando comenzó le sobraban las ganas el entusiasmo de virgen encendida el arrebato de jovencita malpensada que se ruborizaba con muchachos bien parecidos y galantes le sobraban las ganas y el delirio como para aceptar sin peros un destino que rechazaban sus compañeras de la crema y nata innata de la sociedad colonial viviendo con comodidades en la ciudad capital por propia voluntad por propio atrevimiento de familias patricias, le sobraban las ganas cuando los inspectores del ministerio le dieron la noticia ella la tomó de una manera apasionada maestra de todos los grados así nomás en la largada le explicaron que los coyitas de allá viviendo como a dos mil metros en medio de las montañas no podían andar con las formalidades de la ciudad así que le dijeron de hacerse cargo de una escuela rancho donde los niños además de aprender comen y duermen toda la semana y vuelven con sus papás los fines de semana, ganas y conocimientos iba entretejiendo sueños que comenzaban en las aulas de la querida escuela normal de maestros Sara iba entremetiendo sueños y ensueños como se lo enseñaron, cuando comenzó le sobraba la fuerza el ímpetu de niña arrebatada arrancando con travesuras en los recreos preparando con frenesí las tareas algunas noches a la luz de una lámpara de kerosén hasta que legaba la artimaña de los padres que reclamaban que para esos menesteres la luz radiante del día o la mortecina luz en jornadas nubladas de las tardecitas que comenzaban apenas después de la hora final de la siesta alcanzaban para leer el matadero o estudiar sus oraciones y aprender el teorema de Pitágoras, cuando comenzó le sobraban las ganas y las fuerza y le faltaba dinero, un dinero que soñaba juntar peso por peso moneda nacional anotados en su libreta de ahorros por allá no había gastos solo lapachos en flor y picaflores que jugaban entre las zarzamoras y en los arroyos con agua cristalina que bajaban con suaves pendientes y entre laderas por todos lados, ganas y conocimientos iba entretejiendo sueños que comenzaban en las aulas de la querida escuela normal de maestros Sara iba entremetiendo sueños y ensueños como se lo enseñaron soñaba con juntar el dinero como para ser algún día como sus amigas de la crema las misma a las que cuidaba por unos pesos los hermanos y en vacaciones en la ciudad de la linda donde entonces había un tonto por casa, ella limpiaba babas y restos de vomitadas trabajando, como le dijo Liborio su papá porque las damas que no trabajan son bataclanas le repetía mientras subían y bajaban por serranías Sara iba se distrayendo en sueños y ensueños risueños. Muchos años después cuando terminó y estaba por jubilarse le faltaban las ganas y las fuerzas y le sobraba el dinero.
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Thursday, March 10, 2011
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Duros oficios en duras geografías y en duros días de una Cronopia cualquiera, cuando comenzó le sobraban las ganas y las fuerzas y le faltaba el dinero, iba entretejiendo sueños mientras cabalgaba allá en Yariguarenda en plena selva oranense que en punta como si fuera una cuña bajaba desde Bolivia y se metía en parte de la linda y del jardín de la república en un lugar que en la época que ella anduvo se llegaba solo a caballo antes que en un caballo se desplazaba solo con una mula y un asno que el baqueano y su papá que la acompañaba de pesado cargaron entonces con sus escasas pertenencias dos valijas de cuero y un pequeño baúl con media docena de libros y un par de muñecas que portaba como recuerdos de su infancia difícil pero radiante que había terminado apenas seis años antes, cuando comenzó le sobraban las ganas el entusiasmo de virgen encendida el arrebato de jovencita malpensada que se ruborizaba con muchachos bien parecidos y galantes le sobraban las ganas y el delirio como para aceptar sin peros un destino que rechazaban sus compañeras de la crema y nata innata de la sociedad colonial viviendo con comodidades en la ciudad capital por propia voluntad por propio atrevimiento de familias patricias, le sobraban las ganas cuando los inspectores del ministerio le dieron la noticia ella la tomó de una manera apasionada maestra de todos los grados así nomás en la largada le explicaron que los coyitas de allá viviendo como a dos mil metros en medio de las montañas no podían andar con las formalidades de la ciudad así que le dijeron de hacerse cargo de una escuela rancho donde los niños además de aprender comen y duermen toda la semana y vuelven con sus papás los fines de semana, ganas y conocimientos iba entretejiendo sueños que comenzaban en las aulas de la querida escuela normal de maestros Sara iba entremetiendo sueños y ensueños como se lo enseñaron, cuando comenzó le sobraba la fuerza el ímpetu de niña arrebatada arrancando con travesuras en los recreos preparando con frenesí las tareas algunas noches a la luz de una lámpara de kerosén hasta que legaba la artimaña de los padres que reclamaban que para esos menesteres la luz radiante del día o la mortecina luz en jornadas nubladas de las tardecitas que comenzaban apenas después de la hora final de la siesta alcanzaban para leer el matadero o estudiar sus oraciones y aprender el teorema de Pitágoras, cuando comenzó le sobraban las ganas y las fuerza y le faltaba dinero, un dinero que soñaba juntar peso por peso moneda nacional anotados en su libreta de ahorros por allá no había gastos solo lapachos en flor y picaflores que jugaban entre las zarzamoras y en los arroyos con agua cristalina que bajaban con suaves pendientes y entre laderas por todos lados, ganas y conocimientos iba entretejiendo sueños que comenzaban en las aulas de la querida escuela normal de maestros Sara iba entremetiendo sueños y ensueños como se lo enseñaron soñaba con juntar el dinero como para ser algún día como sus amigas de la crema las misma a las que cuidaba por unos pesos los hermanos y en vacaciones en la ciudad de la linda donde entonces había un tonto por casa, ella limpiaba babas y restos de vomitadas trabajando, como le dijo Liborio su papá porque las damas que no trabajan son bataclanas le repetía mientras subían y bajaban por serranías Sara iba se distrayendo en sueños y ensueños risueños. Muchos años después cuando terminó y estaba por jubilarse le faltaban las ganas y las fuerzas y le sobraba el dinero.
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