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Tuesday, February 15, 2011

cronopios papanatas y famas insolentes en ciudades de la furia ciudades de locos

Cronopios y famas poco o más o menos o totalmente locos en ciudades que son de las furias y de los locos, esa mañana del veinticuatro de marzo en esa mañana de irritación me acordé del cura Martínez de lo que él fue para nosotros cínico brillante faltante finalmente loco él se equivocó cuando nos explicó la democracia cuando nos dijo que eso era el verdadero gobierno del pueblo en ese entonces ya el pueblo de la Isabel que era a la vez la mujer del difunto exgeneral que era a su vez el esposo de la protectora de los humildes que eran igual a los descamisados que eran diferentes a los imberbes que el mismísimo general unos pocos meses antes echara de la plaza por zurdos y patoteros y se fueran cantando eso y ella y la patria socialista, esa mañana del veinticuatro de marzo mañana de rabias me acordé del cura Martínez porque nunca lo entendía a pesar que hice un esfuerzo por entenderlo insolente que se olvidó de decirnos a nosotros los estúpidos los callados los tranquilos que mentía en lo que decía en su lucidez en sus delirios que no había nada de eso de la democracia que eso era la forma más civilizada de gobierno de los hombres que debíamos estar agradecidos de vivir en democracia hasta ahí para cualquiera de nosotros torpes cicerones de las repetidas noticias que apenas vislumbramos por los títulos de diarios comunes una de tiros discusiones inconclusas y poco claras para los que no nos quisimos meter con los adalides de una guerrilla que nos sonaba lejana insustancial porteña más bien urbana y que debíamos aprender a construir y mantener la democracia que eso era lo que hacía la policía del comisario Villar y de sus sucesores después que lo mataron persiguiendo renegados, esa mañana me acordé toda esa seguidilla de golpe en el golpe en forma desordenada de mi confrontación con ese cura que hablaba mal el español y mal el castellano pero que fue nuestro profesor de educación democrática de tercero a quinto año, años de histerias de mentiras de intolerancia de cagarnos la vida en los boliches de no dejarnos tranquilos lo de uno u otro lado a los que no estuvimos en el uno o el otro lado, esa mañana me acordé del cura Martínez aprobando a las niñas que le mostraban las piernas y hachándonos a nosotros y a las niñas que no le mostraban las piernas finalmente el se equivocó y la cosa no estaba funcionando como nos dijo que debía funcionar en ese español tan trabado que lo distinguía como el castellano que en ocasiones actuaba como un gesto a nosotros alumnos del magisterio terminado a los tumbos como a los tumbos anduvimos por universidades infectadas de tipos que prometían promesas incumplidas de mozos y mozas lampiños de los que nadie sabía apareciendo y desapareciendo de los escenarios del crimen de las tapas de los diarios, esa mañana del veinticuatro de marzo me acordé del cura Martínez cuando nos dijo que la igualdad era el derecho importante de la democracia que hay derechos absolutos y relativos y que los absolutos no se discuten porque son como los principales, que a esos no los toca nadie esa mañana me acordé porque yo no era igual a nadie en esa masa de personas aplaudiendo militares elevando consignas asesinas esa mañana del veinticuatro de marzo me acordé del cura Martínez sacudiendo su sotana para hacer aire entre sus piernas en docenas de mañanas de noviembre calurosos seguramente aumentado con el calor que le daba a él ver esa piernas tan bellas tan tersas y tan rellenas de nuestras compañeras más arriesgadas que seguramente ni lo escucharon diciendo que la libertad igual que la igualdad fueran derechos que debíamos conservar para siempre, esa mañana me acordé porque yo era igual a todos en esa masa de personas ponderando milicias contra milicias viendo si de una vez se agarraban y nos dejaban tranquilos, esa mañana del veinticuatro de marzo me acordé del cura Martínez algo no estaba bien las noticias bajaban por las emisoras de radio desde Buenos Aires la televisión apenas pasaba un noticiero a las nueve de la noche pero cualquier información terminaba con el mismo anuncio de un proceso de reorganización nacional que por lo menos yo no había pedido eso no era la democracia que él no enseñara como no le pedí a los otros que me liberaran de cadenas que ellos decían que tenía pero que yo no tuve eso tampoco era la democracia ni debía serlo, siempre me acuerdo del cura Martínez todo los que me enseñó no me sirvió de nada, se olvido de aclararme que antes de los derechos están los principios y que los tipos sin principios no pueden vivir defendiendo los derechos que la igualdad y la libertad serán los derechos más importantes pero que si la libertad y la igualdad no se defienden como principios no son directamente derechos o son derechos incompletos o derechos relativos no derechos absolutos son derechos condicionados; esta mañana me acordé del cura Martínez de las ausencias de principios en el espíritu de los que pelearon de los derechos que no tuvimos de los derechos que no tenemos.

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