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Sunday, January 16, 2011

crónica de famas que se pasan la vida hablándonos mal de los yanquis pero viven mirándose en ellos

crónicas de targets equivocados, de famas que hablan mal de ellos delante de nosotros los giles pero se miran en el espejo de ellos, somos unos genios. Últimamente se ha impuesto entre nosotros un subgénero de la ensayística que podríamos llamar comparación en detrimento propio. Parece haber surgido para demostrar que en los vastísimos campos del saber, el deber y el poder, la organización social, la ética, la conducta y la coherencia cívica, tenemos todo por aprender. La clave del citado subgénero es analizar lo que pasa en cualquier otro lugar del mundo, en cualquier área del quehacer humano, comparar lo que ocurre aquí con lo que ocurre allí e, inevitablemente, llegar a una conclusión lapidaria. No hay nadie mejor que los argentinos para autodenigrarse, pero eso no debería ser un motivo de orgullo. Sin embargo, parece que la hipótesis tiene grietas, que algo bueno tenemos y que también podemos ser de vez en cuando maestros y profesores. La impresionante enumeración de los argentinos que se destacan en Nueva York es una prueba de esto. Su autor es otra: se trata de un escritor y periodista argentino de amplia y destacada labor en el área cultural, en la Gran Manzana

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