
Y llegó la navidad en que ella no estuvo, no hubo más navidades parecidas a las que tuvimos con ella navidades alegres navidades en familia, no hubo comida en abundancia ni comida rancia no hubo más papá Noel portando panzas y carcajadas con regalos para todos, no hubo recogimientos vigilias en opulencias humildes y en gestos más que en ostentaciones y en bienes, no hubo más quien nos contara o nos cantara las mañanitas del rey David manteniendo a los niños despiertos y a los más grandecitos pasando las trasnochadas y los insomnios con bicarbonato de sodio y hepatalgina que ella conseguía sigilosamente para que nadie más supiera de las trampas que los propios culpables, y llegó la navidad en que ella no estuvo y entonces no estuvieron más los discos girando en el tocadiscos ni un poco después los magazines o los casetes en los equipos cuadrados u ovalados, no estuvieron más las repeticiones de los recitados de Cipe Linkosvsky emulando a la Edith Piaff de la oscura noche de la condición humana, las canciones del compadrito del cabaret de Bárbara Streisand no estuvo más la concordia, la esperanza aún en ilusiones, la fe para ver mundos diferentes, la intemperancia que ella nos ordenaba. Y llegó la navidad en que él no estuvo, no hubo más navidades parecidas a las que tuvimos con él navidades tristes navidades en familia, no hubo comida con privaciones y discursos con rezongadas gruñidas y renegadas no hubo más papá Noel portando panzas y carcajadas con regalos para todos a pesar de él que a veces cargaba sus cargas sobre ella, no hubo más provisiones veladas en abundancias mansas y en aspavientos más que en pompas y en favores, no hubo más quien nos cantara o nos hiciera escuchar sus canciones preferidas molestando a los niños que protestaban insolentes y a los más grandecitos indiferentes y bostezando por las trasnochadas y los insomnios que él reprochaba porque sabía de las trampas más que los propios culpables, y llegó la navidad en que él no estuvo y entonces no estuvieron más los discos girando en el tocadiscos ni un poco después los magazines o los casetes en los equipos cuadrados u ovalados, no estuvieron más los tangos de Ángel Vargas o Julio Sosa el concierto número uno para piano la quinta sinfonía, no estuvo más la armonía ni la desarmonía, la perspectiva aún en delirios ni la prospectiva, la confianza para ver mundos diferentes ni mundos parecidos, la intemperancia que él nos controlaba y nos reclamaba. Y llegará la navidad en que como con ella o él no estaremos.
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