Por Josefina Licitra LA NACION
Algún tiempo atrás, mi hijo de cinco años se acercó con gesto de reproche.
-Mami -dijo-, ¿por qué nunca me compraste malvaviscos?
El se llama Joaquín. Yo nunca supe qué era un malvavisco.
-Porque acá no hay malvaviscos -fue la respuesta-. Los malvaviscos son una cosa que se come en Estados Unidos.
Joaquín se quedó pensando uno, dos, tres segundos.
-Entonces vamos a Estados Unidos -concluyó-. Vamos a Estados Unidos YA.
No comments:
Post a Comment