¿Se encuentra usted cansado de la prepotencia de los jueces? ¿Opina que el hecho de haber cometido usted un estúpido error en la vida, cosa que a cualquiera le puede pasar, no justifica la condena de verse acorralado, citado a declarar y perseguido por cuatro vejestorios que ni siquiera saben ponerse bien la toga? ¿Está harto del autoritarismo de los magistrados? ¿Piensa que, dado que ya es usted bastante grande, nadie tiene derecho a decirle qué debe hacer y se retuerce de impotencia por no poder mandar directamente al diablo a esos metomentodo? No sufra más: desde ahora, los que desobedezcan mandatos judiciales de cualquier instancia recibirán asilo político en la Casa Rosada.
Amigo, amiga: este gobierno, su gobierno, ha puesto en marcha otra de sus iniciativas revolucionarias. Ya era hora de terminarla de una vez con ese formalismo institucionalista y burgués de los que dicen que dos más dos son cuatro pero después, cuando nadie los mira, ponen cara de asco si ven pasar a algún morocho. ¡Cínicos, eso es lo que son! ¡Mucho hablar de justicia, pero después son los primeros en sacar los pies del plato! ¿Es justo, acaso, criticar de palabra, acción o pensamiento a una administración como la que tenemos, la que más conquistas ha logrado en materia económica, humanística, deportiva y culinaria desde que el buen Solís llegó para su mal a las costas del Río de la Plata?
En adelante, lo que diga la Corte no le interesa a nadie. Si el alguacil se pone pesado, haga así: salga corriendo para la Plaza de Mayo, salte la verja, hágale pito catalán al granadero y toque el timbre de la calle Balcarce, aunque sus perseguidores lo hayan pescado con las manos en la masa. Inmediatamente será asilado. Este gobierno, su gobierno, ya está pensando en ampliar fuertemente su casa, que se extenderá hasta Puerto Madero y la avenida del Libertador para darles cabida a los futuros asilados. El fútbol ya está. Ahora, "asilo para todos" es la consigna que nos cobija y nos ampara.
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