Fantasmas en las siestas. Todo fue perfecto en esa pausa del setenta y dos con sing and song de los Carpenters en el reproductor de casetes y su eje girando a toda máquina y yo escuchando y conduciendo ese auto por el camino, prendado de ella pensando en ella en ese momento dos días atrás en que nos vimos por primera vez pensando en sus verdes ojos, suspendido en el elegido vacío de su belleza pura y especialmente en el resplandor de su mirada que en mi dirección apuntaba ese día porque no hubo otros días, todo fue perfecto rebobinando y escuchando nuevamente esa canción y las otras de esos dos hermanos que cantaban como los dioses mientras yo manejando por esa ruta treinta y cuatro transitada infinitas veces congestionada de camiones con cañas para el ingenio de camionetas con modernos chacareros controlando el sembradío de los infinitos momentos bellos y repetidos de una juventud sin sobresaltos, todo fue perfecto corriendo a cien por hora en esa coupé aerodinámica y prestada para llegar a verla, andando esos setenta kilómetros que ella me dijera separaban la finca de sus padres del pueblo donde yo vivía, todo fue perfecto hasta que antes de llegar cuando apenas me faltaban unos metros para alcanzar el destino decidí volver otro día así que pegué la vuelta sin llegar al destino. Todo fue perfecto en ese interludio del setenta y ocho de nuevo con sing and song en el pasa casetes escuchando conduciendo ese auto a ciento veinte por hora pensando porqué no llegué cuando debía porqué ahora después de un par de años mortificado y convencido que probablemente me había olvidado o que lo mismo que yo, ella hubiera estado esperando el momento de vernos un momento de no decirnos nada de nada más que mirarnos tal vez tocarnos con suavidad descubrirnos poco a poco forjar algo juntos, más allá de las diferencias que no separaron desde el comienzo que fueron diferencias de dinero por sugerencias de su padre me dijo, afligido porque dos años son mucho y si no fuera lo que por ahí estaría con otro príncipe y no con un batracio como entonces me cosideraba, con otro como es que debe ser para una dama bella y un caballero que debe cortejarla, yo manejando tarareando esa canción como las otras de esos célebres hermanos que lograban acordes de dulce música de exquisitos sonidos , todo fue perfecto hasta que antes de llegar cuando apenas me faltaban unos metros para alcanzar el destino decidí otra vez decidí volver otro día repitiendo. Todo fue perfecto cada vez que lo hice después con los años cada dos años cada vez que partía disfrutaba el viaje y volvía convencido que en algún momento lo haría y que ella estaría allí esperando mi llegada, uno dos o tres años o cada tantos años los que fueran, lo cierto es que estuve yendo casi llegando y volviendo todo el tiempo con la misma canción las misma ilusiones del principio mucho tiempo. La última vez que lo hice fue en el dos mil dos coincidiendo con el aniversario de los treinta años de habernos visto y esta vez no llegué porque me cayó la ficha del transcurso del tiempo, todo fue perfecto en esas siestas con sing and song de los Carpenters soñando en situaciones que nunca fueron escuchando esa canción otras canciones de los hermanos en el pasa cidí portátil escuchando relajado en el asiento del colectivo en el que viajaba a destinos puntuales para verla por fin después de tantos años, todo fue perfecto, hasta mi miedo por verla y a que me viera, treinta años son suficiente para volverse distinto, yo lo estuve y probablemente ella también, no me animé a llegar en esta vuelta convencido que estaríamos convertidos sólo en fantasmas de esas siestas en San Pedro, la ciudad a la que había querido ir en cada una de esas oportunidades en que busqué de buscarla sin querer buscarla posiblemente. A pesar de haber sabido que pudimos ser algo para mí fuimos sólo fantasmas en esas siestas.
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Monday, May 17, 2010
relaciones borrosas
Fantasmas en las siestas. Todo fue perfecto en esa pausa del setenta y dos con sing and song de los Carpenters en el reproductor de casetes y su eje girando a toda máquina y yo escuchando y conduciendo ese auto por el camino, prendado de ella pensando en ella en ese momento dos días atrás en que nos vimos por primera vez pensando en sus verdes ojos, suspendido en el elegido vacío de su belleza pura y especialmente en el resplandor de su mirada que en mi dirección apuntaba ese día porque no hubo otros días, todo fue perfecto rebobinando y escuchando nuevamente esa canción y las otras de esos dos hermanos que cantaban como los dioses mientras yo manejando por esa ruta treinta y cuatro transitada infinitas veces congestionada de camiones con cañas para el ingenio de camionetas con modernos chacareros controlando el sembradío de los infinitos momentos bellos y repetidos de una juventud sin sobresaltos, todo fue perfecto corriendo a cien por hora en esa coupé aerodinámica y prestada para llegar a verla, andando esos setenta kilómetros que ella me dijera separaban la finca de sus padres del pueblo donde yo vivía, todo fue perfecto hasta que antes de llegar cuando apenas me faltaban unos metros para alcanzar el destino decidí volver otro día así que pegué la vuelta sin llegar al destino. Todo fue perfecto en ese interludio del setenta y ocho de nuevo con sing and song en el pasa casetes escuchando conduciendo ese auto a ciento veinte por hora pensando porqué no llegué cuando debía porqué ahora después de un par de años mortificado y convencido que probablemente me había olvidado o que lo mismo que yo, ella hubiera estado esperando el momento de vernos un momento de no decirnos nada de nada más que mirarnos tal vez tocarnos con suavidad descubrirnos poco a poco forjar algo juntos, más allá de las diferencias que no separaron desde el comienzo que fueron diferencias de dinero por sugerencias de su padre me dijo, afligido porque dos años son mucho y si no fuera lo que por ahí estaría con otro príncipe y no con un batracio como entonces me cosideraba, con otro como es que debe ser para una dama bella y un caballero que debe cortejarla, yo manejando tarareando esa canción como las otras de esos célebres hermanos que lograban acordes de dulce música de exquisitos sonidos , todo fue perfecto hasta que antes de llegar cuando apenas me faltaban unos metros para alcanzar el destino decidí otra vez decidí volver otro día repitiendo. Todo fue perfecto cada vez que lo hice después con los años cada dos años cada vez que partía disfrutaba el viaje y volvía convencido que en algún momento lo haría y que ella estaría allí esperando mi llegada, uno dos o tres años o cada tantos años los que fueran, lo cierto es que estuve yendo casi llegando y volviendo todo el tiempo con la misma canción las misma ilusiones del principio mucho tiempo. La última vez que lo hice fue en el dos mil dos coincidiendo con el aniversario de los treinta años de habernos visto y esta vez no llegué porque me cayó la ficha del transcurso del tiempo, todo fue perfecto en esas siestas con sing and song de los Carpenters soñando en situaciones que nunca fueron escuchando esa canción otras canciones de los hermanos en el pasa cidí portátil escuchando relajado en el asiento del colectivo en el que viajaba a destinos puntuales para verla por fin después de tantos años, todo fue perfecto, hasta mi miedo por verla y a que me viera, treinta años son suficiente para volverse distinto, yo lo estuve y probablemente ella también, no me animé a llegar en esta vuelta convencido que estaríamos convertidos sólo en fantasmas de esas siestas en San Pedro, la ciudad a la que había querido ir en cada una de esas oportunidades en que busqué de buscarla sin querer buscarla posiblemente. A pesar de haber sabido que pudimos ser algo para mí fuimos sólo fantasmas en esas siestas.
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