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Thursday, May 20, 2010

cawboys

Dos niños disfrazados dos gorditos mimados dos niños obedientes que no son dueños de sí mismos porque su mamá les da la mano que buscan sin saberlo a su bigotudo papá que se confunde con los que pasean como las niñeras que se toman un respiro, dos niños que ya comieron la papilla dos niños pequeños que ya comieron pequeños pedazos de bife jugoso sin hacer líos y se dejaron de pegarse y romper lo que pueden como todos los días, dos niños inquietos por ratos caprichosos a lo mejor confundidos de ese toque de solemnidad que consistió en salir a caminar en medio de carnaval como en medio de un huracán visto desde abajo hacia arriba como sólo pueden verlos, ellos bajitos como son en ese toque de solemnidad hasta por ahí nomás porque la gente anda de un lado para el otro jugando y chanceando, de un atardecer con los padres ellos los niños enfundados en preciosos y fabricados trajes de cowboy sin caballos de cowboy sin bandidos pero bien pertrechados por sí las moscas por sí aparezcan los bribones como aparecen en las revistas de Roy Rogers que además es un cowboy sin caballo y Gene Autry que es un cowboy sin bandidos de peligro el papá les hace el juego como si él mismo jugara en un oeste que en este caso es el norte de un pueblo castellano con bandidos por lo menos inofensivos ese mismo Autry que defiende al pueblo entero como los mejores porque además de controlar a los malos del poblado tiene tiempo para agarrar la guitarra y cantar y que las vaqueras se enamoren como las vaqueritas les presumen a los niños, dos niños con pistolas de plástico en medio del corso de entonces dos niños que habrán visto enmascarados por todos lados que van caminando como si no lo fueran como si fueran fantasmas que aparecen y desaparecen y nunca más aparecen por el largo bulevar atestado de gente de otros niños de otros que con sus pomos andan buscando a otros para mojar con agua con agüita perfumada, dos niños disfrazados a lo mejor sorprendidos por ese desfile que puede ser una revista una procesión por las fila que parece un parada del carnaval grande del carnaval chico y de todos los carnavales que se juntan durante el mes de febrero, de todo el pueblo con la gente caminando por las calles los vendedores de garrapiñada y manzanas con caramelo
mezclados con los disfrazados y las familias que se pusieron para esa noche sus mejores galas o sus disfraces más inventados, dos niños que tienen botas tejanas blancas aunque no se den cuenta y sí lo sepan sus progenitores con botas negras blancas y negras bien lustradas, y pantalones azules y camisas amarillas bordadas con flecos chalecos de cuero delgado y unos guardamontes que incomodan más de la cuenta porque hacen cosquillas suaves cálidas en las bolas, dos niños disfrazados que no disfrutan del carnaval que parece fiesta de grandes que pasan en grupos en murgas en comparsas que dan miedo porque siguiendo al sulka van unos negros inmensos con capas de todos los colores y espejitos redondos muy redondos y de todos los colores como esos que los españoles les vendieron a los indios cuando ellos vinieron a los indios que encima quisieron comprarlos. Esos fuimos. Indios, o dos niños disfrazados dos gorditos mimados dos niños obedientes que no son dueños de sí mismos porque sus dueños son otros.

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