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Tuesday, May 11, 2010

caminante no hay camino

Desarraigos. De pronto la novel maestra rebelde niña de los ojos del criollo que la cela en cada movimiento comisario en uso de su licencia que es rudo con todos los mentados y blando con la mayor de los cinco su primera hija en cuenta del hijo que esperaba, de pronto la mujer urbana que no le dice a nadie lo que le gusta porque se ha dado cuenta que lo mismo se puede dar con los gustos que solamente hay que sentarse y esperar como cuando conoció a Gatica el mono en la capital y el tipo ya lleva escrita dos cartas, como ahora que va bajo protesta delante de nadie a una escuelita en la selva tartagalense adonde adoran a la virgencita de las peñas, de pronto a la hembra se le vienen los temblores y se acuerda de los bailes de carnaval y de los bailes del estudiante y de las clases prácticas de cuarto y de quinto año hablando sin ton ni son memorizando para repetir sin entender cosas que ni los niños escuchaban porque molestaban todo el tiempo así que a nadie le importa lo que se dice ni al que escucha ni al que lo dice, inquieta se va queriendo acordar de lo que leyó alguna vez de la selva que se encuentra al oeste del Bermejo el río que ha quedado a su derecha bien lejos o al este de Santa Victoria y de Iruya que le explica su padre que la acompaña señalando unas serranías a la izquierda ahora tendrá que explicarlo a una docena de niños a los que no les interesa que le dijeron en el ministerio son mitad bolivianos y mitad argentinos y encima niños con hambre, de pronto cabalgando sobre el animal a paso de hombre se va acordando de las profesoras de geografías todas gordas y todas aburridas que hablaban horas mientras ellas las alumnas se contaban de las conquistas o de los chicos del colegio del frente, profesoras que eran exigentes y ahora tarde las va comprendiendo ahora que debe dejar la ciudad para meterse en el monte que no conoce, de sus renegadas porque por dejarse estar las niñas se iban a diciembre o a marzo porque con otras ella fue muy conspiradora y chismosa y las pobres mujeres se desgañitaban igual que los otros profesores explicando con esos mapas que las mandaban a traer de la dirección y las profesoras desplegaban sobre los pizarrones y señalaban con punteros de madera, de pronto esa mujer niña de apenas ayer va queriendo comprender eso de la escuelita de verano, de los seis meses que deberá pasar entre los cerros y los coyitas de todos los grados mientras cabalga al lado de Liborio el oficial con licencia que ha venido a acompañarla al destino de su nueva escuela en un poblado que parece que no se encuentra nunca mientras se hace el camino de rocas y piedras del año de ñaupas cruzando ríos y arroyos la vegetación intensa túneles cerrados de cañas bambúes o de vainas de totoras que llevan a la claridad o a lo oscuro, de pronto a esa niña apenas salida de la normal de maestras en la capital le dijeron que empezará a trabajar pero no le dijeron nada ni en su casa ni el ministerio de este largo recorrido con la cola magullada de tanta cabalgadura esto no es para ella, los tiempos no son buenos para mantener tres hermanas en soltería aunque trabajen los dos hermanos y es importante que se vaya forjando el porvenir por las dudas no consiga marido que es lo que le puede cambiar la vida habla como si hablara solo y sobre su jaca Liborio, de pronto la maestra se quiere acordar de todo lo que leyó apenas de pasada como para promediar el siete porque ahora muy pronto en unos días en este paraje alejado estará sola y solita su alma dictando sus primeras clases que son clases generales que quiere decir a alumnos de diferentes grados a los que tendrá que explicarles un poco la tabla del cuatro o del sujeto y el predicado porqué es así el clima y otras cosas en esta cuña de la patria que como si fuera una uña empieza en Bolivia y se mete en la provincia y llega hasta el jardín de la república. Ella no es para esto esboza una sonrisa la joven maestra pícara hembra mujer entera que decidió que cuando termine el verano bajará al primer baile que haya en el poblado se buscará un marido y pedirá el traslado, su exilio no será tan largo como el de la virgencita que no se cansa de cuidar a la gente en medio de las peñas en pleno Yariguarenda.

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