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Thursday, April 29, 2010

fama transformado en cronopio

Gigoló. Cuando lo conocí el tipo le ponía todas las fichas a todas las minas que se le presentaran con especial cuidado de las que le gustaban y en una segunda selección con especial cuidado por las más lindas, y ganaba y ganaba y ganaba, no había una que pasara la prueba de la resistencia ni tipo que se le animara hasta eso le funcionaba, la competencia quedaba automáticamente descalificada los varones ubicados hacían mutis de la escena y lo dejaban a él, lo dejaban ser como en la canción de John, es que es así con los campeones los campeones están para ganarse todas no hay discusiones, y él era un campeón en todo con todas sin excepciones, entendía bien de aquello que a ellas les gustara como recibir flores que les reciten un poma y vaya uno a saber qué otras cosas que como un maestro sabía y guardaba en el secreto de sus reservas, ellas le pedían en los momentos que eran muchos demasiados y él le agregaba adornos impensados, tantos que parecía que trabajaba de eso, pendiente vivía de su higiene combinando perfumes de su aspecto de sus pilchas haciendo dietas vistiendo a la moda, y el tiempo que le sobraba de pensar en él respecto al tiempo total que se pasaba pendiente de ellas era justamente para ellas, en su universo no cabían otras posibilidades, salvo dormir y hacer las necesidades fisiológicas bromeaba, porque su trabajo de vendedor de automóviles era parte de toda la ceremonia del levante, y los dueños de la concesionaria estaban felices siempre que se diera la mezcla que ellos consideraban infalible para vender docenas de autos por semana, una dos tres docenas aluna media docena extra, hembra que entraba gorda flaca alta baja linda fea él sabía cómo tratarlas y seguro que la despedida era un auto comprado soltera o casada que fuera más la promesa de colaborar con el aprendizaje de manejo, no había una que se resistiera ficha que ponía levantaba carradas de otras fichas, era un máquina de hacer riqueza de las conquistas. La última vez que lo vi había hecho la máxima así me lo dijo para levantarse la máxima que era entonces la más linda de varios kilómetros a la redonda, sabiendo la marca de cigarrillos que ella compraba habló con el quiosquero que a cambio de aprender de él le permitió abrir como un artesano cada paquete que ella compraría con los días pasando y meter adentro un papel con una poesía en cursiva de puño y letra, volver a cerrarlo colocarlo como si estuviera a la venta, una letanía tras otra terminó con el varón casado como alto costo que tuvo que pagar para tenerla, un intercambio en especie para ese gigoló que no cobraba. Hace poco me lo encontré después de quince años, el varón parece arruinado casi un ojeroso pero se lo nota en paz y despejado de todo aquello que fue su escenario sus despliegues sus sellos, con los ojos trasuntando tristeza me contó que con aquella mujer tuvo un hijo con síndrome del cromosoma veintiuno me dijo sin que yo me percatara pero fue suficiente para entender de su cambio radical extremo exagerado, me dijo que había abandonado las conquistas la banalidad y que estaba feliz dedicado a su pequeño que le había ayudado a volver al flaco del cual se había olvidado hace mucho cuando andaba en sus trances, ese dulce flaco de la cruz del que se acuerdan unos cuantos cuando están crucificados como él que fue crucificado por nosotros como él otro flaco como el otro crucificado en sus transas y en sus trampas en sus propios genes que no son dos cromosomas que son tres o una colonia de cromosomas peleando o en los genes de ella no supo, y como yo siempre lo he querido le pedí que se cuidara allá en ese pequeño rincón de la orillita del canal adonde andará vendiendo para sostenerse y sostener a su niño porque bien que recordaba cuando él mataba a las minas y el dijo que eso ya no importaba que para eso ya hacía rato que estaba muerto.

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