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Monday, April 05, 2010

caprichos


Reyes Magos
Entonces no escribía de corrido casi nada, y la maestra de cuarto grado me retaba más por los errores de ortografía que por la tablas de multiplicar y algunas otras cuestiones de la matemáticas disciplina en la que de por sí también era bastante malo. Así y todo ese año me di mañas para escribirle una carta a Papá Noel y a los Reyes Magos sí así con mayúsculas que era la forma de demostrar respeto como ellos se merecían esos grandes personajes divertidos misteriosos recónditos que en unos días del año dejaban regalos en las casas de todos los niños del mundo, por primera vez había escrito casi de corrido dos o tres renglones con letra grande y palabras desbordadas de las líneas pidiendo por separado la media docena de juguetes que me quitaban los sueños la tranquilidad la ansiedad y la paciencia y los presupuestos de los que me amaban y cuidaban lo que para mí fue muy fuerte. Papá Noel pasó con sus regalos de parabienes para mí y para todos los que estuvieron cerca de mí en esos momentos, salvo una bolsa de soldaditos sin movimiento y un camión que no pedí salvé para mi inventario una ametralladora una pelota de fútbol y mis primeras patas de rana en navidad. Pero cuando pasaron lo Reyes el balance fu desastroso y mi desilusión grande porque dejaron media docena de chanchitos de plástico y tres bolas del mismo material que en conjunto simulaban un bowling, no solamente no era lo que con mucho trabajo había pedido por escrito sino que no había nada más. Cómo habrá sido mi desilusión y mi cara que lograron que mi padre se transformara en una especie de monstruo que gritaba y gesticulaba y me diera la primera paliza importante de mi vida. El episodio pasó sin pena ni gloria para mí, pero entonces comencé a conformarme con lo que me venía de arriba y a no hacer comentarios sobre si me parecían malos o buenos los regalos de los Reyes Magos que hacían enojar a mi padre, como si él los pagara y no Papá Noel o los Reyes Magos.

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