lejos de esa cuerda tendida entre el animal y el superhombre de esa entidad en el medio del instinto y la inteligencia, entre la intuición y la razón...
Lispector, fragmento de 1969
La IMPORTANCIA LA PACIENCIA DE DIOS
No había holocausto: todo aquello quería tanto ser comido cuanto nosotros queríamos comerlo. No guardando nada para el día siguiente, allí mismo ofrecí lo que sentía a aquello que me lo hacía sentir. Era un vivir que no había pagado de antemano con el sufrimiento de la espera, hambre que nace cuando la boca ya está cerca de la comida. Porque ahora teníamos hambre, hambre entera que abrigaba el todo y las migajas. Quien bebía vino, con los ojos tomaba cuenta de la leche. Quien, lento, bebió leche, sintió el vino que el otro bebía. Allá afuera Dios en las acacias. Que existían. Comíamos. Como quien da agua al caballo. La carne trinchada fue distribuida. La cordialidad era ruda y rural. Nadie habló mal de nadie porque nadie habló bien de nadie. Era una reunión de cosecha, se dio una tregua incluso a las nostalgias. Comíamos. Con una horda de seres vivos, cubríamos gradualmente la tierra. Ocupados como quien labra la existencia, y planta y cosecha, y mata, y vive, y muere, y come. Comí con la honestidad de quien no engaña lo que come: comí aquella comida, no su nombre. Nunca Dios fue tomado por lo que Él es. La comida, decía, ruda, feliz, austera: come, come y reparte. Todo aquello me pertenecía, aquélla era la mesa de mi padre. Comí sin ternura, comí sin la pasión de la piedad. Y sin ofrecerme a la esperanza. Comí sin ninguna nostalgia. Y yo bien valía aquella comida. Porque no siempre puedo ser la guarda de mi hermano, y no puedo ser mi guarda, ah no me quiero más: no quiero formar la vida porque la existencia ya existe. Existe como un suelo donde todos nosotros avanzamos. Sin una palabra de amor. Sin una palabra. Pero tu placer entiende el mío. Somos fuertes y comemos. Pan es amor entre extraños
Cosas de escritores a medias como los hay por acá escritores que apenas se leen que no leen a sus compatriotas menos si no son de la metrópolis, escritores que creen que lo son porque se engancharon con un editor que les puso el dinero y le imprimió cien mil ejemplares, cosas de escritores que son mediocres escritores, un buen escritor no siempre es mediático o popular, o por salir en televisión y que lo lean unos cuanto no se es necesariamente un buen escritor, Lispector fue una buena escritora que pensaba que escribir, tanto en uno como en otro soporte (literatura o periodismo), siempre fue difícil: "Es duro como partir rocas. Pero saltan chispas y astillas como aceros pulidos -decía-. Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere".
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