Una de cal otra de arena.-
Ni aprendemos ni escarmentamos más en este país en estado de terapia intensiva por tanto golpe con manos de cal y con manos de arena.
Ahora grupúsculos anárquicos que en ningún caso llegan a ser el 0,1% de la población total de nuestro país, determinan fatalidades y providencias de los cuarenta millones que somos, igual que en los ´70 cuando éramos veinticinco millones.
Se ocupan de lo que no se deben ocupar, y cuestionan la matriz personal de un funcionario de la ciudad allá en la noche del proceso.
Cuando sería mejor si se ocupan, en decir dónde estaban entonces los que cuestionan ahora, que a la luz para que se hiciera la noche la apagamos entre todos los que estuvimos, los que nos quedamos por acá y los que se fueron a confortables exilios, los que sobrevivimos y los que se murieron.
El autoritarismo es autoritarismo así lo practique una persona o lo practique un grupo de personas.
Y si es un grupo de personas es autoritarismo corporativo, despotismo, prepotencia de alguien en contra de alguien o de algunos en todo caso, una actitud de desprecio por la cual una persona impone sin preguntar antes, pensamientos hábitos comportamientos, en otra persona o en otras.
Es acracia es dogmatismo, otros defectos que repetimos y repetimos como burros con el perdón de los burros y pensando en lo burro que éramos cuando con el gran bonete o las orejas largas, nos castigaba la señorita porque nos quería y quería que aprendiéramos, lo que no aprendimos ni en los `70 ni ahora.
El autoritarismo corporativo es peor que el individual, porque puede tener el aspecto de un gobierno, de demagogia de quienes por el momento tienen autoridad.
El autoritarismo no es sinónimo de militar ni de civil, no viste ni de uniforme ni de traje no es de la diestra ni de la siniestra por decirlo poéticamente.
El autoritarismo es autoritarismo así sea natural así sea adquirido.
Está en nuestra esencia y en el orden de todas las entidades la capacidad para mandar la capacidad para obedecer.
Si es adquirido el autoritarismo se potencia, porque los que lo ejercitan suponen que son entelequias mesiánicas y entonces como histriones pretenden imponerse sobre la vida o la muerte de las personas que no aceptan sus ideas y que también tienen sus derechos.
Desalentados y en particular los que allá teníamos un poco más de veinte y ahora casi sesenta años, seguimos contemplando impávidos que algunos vuelven una y otra vez sobre el autoritarismo que es la mano de cal y siguen queriendo que lo confundamos con lo que ellos dicen que es la democracia y por lo tanto la mano de arena, manos que muy seguido estampamos en la misma cara de la patria.
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