Recuerdos del presente, hecho y derecho.
Del dicho al hecho y del hecho al derecho, lo que no es totalmente un sofisma que valga la pena para nosotros más allá de cómo suena, porque los argentinos andamos siempre con discursos y acontecimientos que son muy dispares entre sí, los discursos que pergeñamos y los acontecimientos que pasamos que en muy escasas ocasiones están encauzados en las normas, eso quiere decir que andamos corriendo por atrás de condiciones que nosotros mismos nos ocupamos por lo menos de escribir pero muy pocas veces de cumplir como debe ser la Constitución por ejemplo y todas las demás leyes que a partir de ella se hicieron con el paso de los años, y pega la figura que andamos corriendo por atrás porque es como que hacemos mal las cosas y después mucho después nos damos cuenta cuando no hay más posibilidades de que sean diferentes, disposiciones e instrucciones que tenemos para dar y para prestar y no para cumplir que de eso ni hablar, normas manuales de procedimientos reglas expedientes leyes decretos resoluciones o actos administrativos o memorándums, escritos y expuestos en incontables escenarios que no se corresponden entre sí en el sentido de guardar reciprocidad entre ellos una equivalencia aceptable en el sentido de acortar las inconmensurables distancias que a veces hay entre lo que se dice y lo que se hace, o entre lo que se dice y lo que se debe hacer o entre lo que se dijo y lo que se debería haber hecho que es lo realmente importante, porque por acá andamos y decimos una cosa y hacemos otra como si a nadie le importara o como si a cualquiera le diera lo mismo, que de hecho ni de derecho nadie nos reprende ni nos confirma ni siquiera nos corrige lo que es un síntoma grave porque hasta quiere decir que nos ninguneamos entre nosotros mismos entre los que somos iguales en infinidad de aspectos y entre los que no tenemos diferencias sustanciales, lo que puede ser una buena estrategia cuando nos conectamos con los de afuera y pretendemos confundirlos, pero nada bien para los de adentro ni para nosotros ni para los otros, porque los de afuera con ese motivo pueden seguir colonizándonos de las unas y mil y un maneras en que nos colonizan desde hace una pila de años, antes con espejitos y la biblia y hoy con sanatas que suenan lindo como las zonceras de greenpeace y los declarados patrimonios de la humanidad de organismos internacionales manejados por gerentes que responden a otros amos y que aceptamos pasiva y mansamente para que vaya a saber cuándo se les de las ganas y con ese rótulo se apropien de nuestros recursos naturales, y porque los de adentro alguna vez debemos recuperar esa autoestima que perdimos casi desde que perdimos la moneda nacional y ponernos en el lugar del otro aunque no sea una obligación sería bueno que comenzáramos a hacerlo al lado del compatriota del hermano ciudadano como cualquiera de nosotros, desplazamientos de los rumbos que debíamos tomar y no tomamos y que tanto nos destrozaron los que alternativamente los inventan o los que nos van gobernando, unas veces los de facto y otras veces los de la estirpe que por lo general aparecieron y aparecen con los militares con todas o parte de la fuerzas armadas, los que precisamente afirman con bastante frecuencia que no se limpian la boca con la república o con lo que nuestra patria está condenada al éxito y otras expresiones de intelectuales estúpidas, pero que en términos caricaturescos fueron o son mejor casi la misma lacra para el país que tenemos, y que junto a nosotros siguen en esta loca e inútil aventura de buscar un terruño que no existe o que muchos queremos que no exista porque existe solamente lo que consideramos unilateralmente que debe existir como si fuéramos todopoderosos, mientras las nuevas generaciones o algunos de los que forman esas generaciones que son nuevas apareciendo en el horizonte de este planeta, los más avispados, nos miran como si fuéramos sapos de otro pozo cuando somos del mismo pozo de ellos y encima no pueden saber hoy y muy bien del estado en el que se lo estamos dejando en ese pozo que por convención algunos llaman el mundo y otros por acá llaman el país que tenemos aunque a veces parezca que es el que queremos tener o quieren hacernos creer que debe ser el que queremos tener, que no es para nada bueno, este pago acotado que tenemos como si hubiéramos estado sentados sobre un péndulo en todo este último tiempo, por estos lados los que vivimos por estos lados hemos estado yendo de un punto a otro de dos extremos que como imanes del mismo electromagnetismo se rechazan, como si nada nos pasara, yendo del hecho al derecho, y no del derecho al revés como indica la lógica de los que hace rato le puedan haber encontrado el agujero al mate de vivir todos por acuerdos que nos resuman y nos contengan pero a todos con la menor cantidad de diferencias, que es lo que se deduce mirando desde lejos la experiencia de los países o territorios que están en otra más tranquilos y que la tienen muy clara eso de vivir en paz y con tolerancia.
Del dicho al hecho y del hecho no estoy muy seguro que lleguemos al derecho que eso todavía está por verse aunque ya estemos en el portal del año diez de este siglo al cual algunos están viendo como el reservorio potencial de las cosas que es evidente que nos faltan y que iremos necesitando en los próximos años como el agua o los combustibles volviendo a los preciados patrimonios de la humanidad de los mismos vivos que en siglos pasados pasaron por aquí depredando, de las cosas que ya hoy son muy reales en otras latitudes como la inseminación artificial o la manipulación genética, mientras otros, como nosotros lo estemos viendo todavía como el tiempo de las rencillas no solamente políticas sino también de ideologías que dejaron de ser hace ya mucho tiempo aunque esos credos tengan manifestaciones muy novedosas como es el caso de esos que se animan bajo la figura o la sombra de un tipo que hace más de cien años pensó en la integración y no en la desintegración de la América, Bolívar que si los viera actuar en su nombre por lo menos vomitaría. Está por verse cuánto tiempo más iremos resistiendo con nuestros precarios sistemas en manos de Mesías auto nominados desmesurados y terrenales, y millonarios porque eso sí son inmensamente millonarios especialmente durante la gestión y obviamente cuando la terminan con no más de dos o tres excepciones que entraron y salieron con una mano atrás y otra adelante, tipos de carne y hueso que se creen inmortales y en nombre de eso llevan adelante los atropellos más impensables, porque se trata de tiempos muy diferentes y que probablemente no nos ayudarán como en otras ocasiones a forjar nuestros destinos porque justamente esos a los que vamos a buscar como si fueran nuestros padres cada vez que nos sobrepasa algún problema, son los mismos que están ya medio cansados que después de eso los usemos como forros de nuestras desventuras amparándonos en la tibieza de su fuerte constitución institucional, algo que nosotros no tenemos y que es para envidiarles y que es probable que no tengamos en mucho tiempo porque es como que caminamos en la dirección opuesta con eso de decir y no hacer lo que decimos, porque si bien cambiamos de ritmos o de música no cambiamos de orquesta, suceso que sería muy interesante que se nos diera para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras identidades perdidas que si las perdimos qué podremos decir de nuestros porvenires que son cosas que tienen que ver una con la otra porque no se inventa un país no se hace una patria no se construye una nación ni se afirma una república con la simple voluntad una expresión de deseos o un simple chasquido de dedos, para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras coincidencias nuestras consonancias y resonancias que perdimos por completo vaya uno a saber en qué instante de los casi setenta y cinco mil días que tenemos.
Del dicho al hecho, y del hecho al derecho porque ahí nomás de andar naciendo dijimos elegimos el derecho entre los meses de mayo y de julio de esos años diez y dieciséis del siglo diecinueve y ahí nomás sin mayores tardanzas, o demora alguna para nada que no fuera marcarles la cancha a los españoles y a los ingleses o a cualquiera de los que por entonces tuvieran sentimientos hostiles o negocios interesantes como para compartirlos, comenzamos con la repetida vuelta de esa rueda esta de la historia de los militares en algunos años y de los civiles en otros años, como si fuera de lo más natural que los primeros estaban preparados para gobernarnos mejor que los civiles que por lo que se ha venido viendo hasta ahora tampoco estaban preparados para gobernarnos considerando la forma en que nos vienen tratando, esto es ser condescendientes y extremadamente buenos con nosotros en las épocas en que necesitan nuestros votos e ignorarnos cuando comienzan con el proceso de llenarse los bolsillos de los dineros del pueblo que por eso pasa a ser el dinero de unos cuantos pero que evidentemente son muchos menos de los que constituyen el pueblo. Y así con la denominación de antinomias como si se tratara de comedias pasamos de directorios a la organización nacional, de unitarios a federales, de rojos a azules, de conservadores a radicales, de radicales a anarquistas de anarquistas a socialistas de socialistas a peronistas de peronistas de radicales a peronistas, mientras que generales, capitanes y hasta mayores o simples suboficiales se animaron a pensar que éramos tan blandos que nos podían someter como se somete es de imaginar a una dama delicada, o a un soldado y conscripto al que se somete a saltos de rana, diana o picana eléctrica, con el paraguas del comunismo o el imperialismo apátrida que suenan más o menos lo mismo como excusas sin sustento. Del dicho al hecho porque decimos que debemos andar por el derecho pero no pasan más de un par o a lo sumo tres décadas que ya andamos todos viendo analizando y hablando de los argumentos que justifiquen nuestras más oscuras reacciones esas que tienen que ver con tener patoteros en vez de gobernantes y si tienen uniforme mejor porque nos da como un miedo inmanejable o sentimos la morbosa inclinación de sentir que estamos más seguros y que somos más maleables cuanto más elementos de coacción hay dando vueltas por la administración que fuera, porque de esto no se salva ninguno por lo menos de los conocidos desde el año treinta del siglo veinte en adelante.
Por esos años es que comenzamos con esa sintomatología con ese síndrome con ese síntoma con esa señal de nuestra genética social que se expresa en eso de sacar un gobernante elegido democráticamente por el pueblo y poner a otro elegido por unos cuantos que entonces fueron conservadores más que otro tipo de políticos, aristócratas criollos constituidos a la sombra de los oficios que tuvieron sus padres o sus abuelos, durante la sangrienta campaña del desierto que a los indios les significó desarraigos y persecuciones, y a ellos pasar de inmigrantes varones hispanos, muchos de ellos oficiales del ejército, de hijos o nietos de inmigrantes varones hispanos, a ser propietarios de la tierra que a los otros se les quitaba porque eran la barbarie los indios que habían llegado antes que nadie pero eso no importaba a la otra parte que por exclusión se denominaba la civilización, génesis de la inmensa y más importante grieta, diáspora que dejamos abierta de allí en adelante y para toda una posteridad que no supo remediarla, la más angustiante y profunda antinomia que de allí en adelante separaría irremediablemente nuestras posibilidades de redención, tipos que recibían aquello como pago por los bienes rematados o por los servicios prestados, como las monturas, las botas, los alimentos, kilos y kilos de pertrechos que ellos ponían en manos del ejército argentino recibiendo a cambio pagos en especie que nada más ni nada menos eran escrituras o títulos de propiedad de leguas y leguas al cuadrado del inmenso territorio que como le pasaría casi a lo largo de toda su historia estaba supeditado a confrontaciones fraticidas, yendo en consecuencia de un lado a otro entre los extremos de gobiernos civiles a gobiernos de los militares.
Y continuamos inmutables como somos incorregibles como decía Borges, cronopios y famas como nos decía Cortázar, a las cosas como nos instó Ortega y Gasset por no decirnos otra cosa, pequeños enanos fascistas como nos dijo la Fallacci, manga de ladrones como nos dijo Batlle o inevitables como digo yo, acumulando broncas no resueltas logros casi ninguno disputas insalvables secesiones inacabables civiles y religiosas y también militares porque en medio de las otras comenzaron a manifestarse los golpes a los golpes, como si se tratara de asonadas fácticas de avances fácticos, de civiles pelando con civiles y militares peleando con militares con la misma bandera el mismo himno y la misma escarapela, unos pocos cambiando de banda y otros muchos de bando en cuanta oportunidad se nos va presentando o en cuanta oportunidad se nos va dando de cambiar de color como el camaleón sea del color del ropaje que se nos ve como del corazón que no se nos ve pero que no es muy complicado deducir si es blanco o es negro, pasando por vaya saber cuántos presidentes y cuántas autoridades civiles y militares abren y cierran períodos de gobiernos que por el promedio mencionado para nada son ordinarios sino simplemente extraordinarios en un sentido o en otro, autoridades funcionarios secretarios directores nacionales transformados en burócratas en una mezcla más que explosiva pero invisible que solamente se puede medir por lo mal que nos va con unos pocos que están bien y muchos que estamos mal, porque en realidad cuando aparecieron algunos ciclos normales las que tendieron a perpetuarse fueron las personas investidas que para los que conocemos no hace ni falta nombrarlas, militares a civiles en el denigrante promedio de más o menos un presidente cada 2,4 años lo que para cualquiera que nos observe no significa precisamente un sinónimo de estabilidad, de fortaleza o de firmeza, encandilados por los mismos que nos deslumbran primero para desencantarnos después para volver a ilusionarnos y a desanimarnos, como en el trayecto de esos largos años del cuarenta y del cincuenta cuando Perón nos dio la posibilidad a muchos de pertenecer a las clases medias por reivindicaciones que tocaron a nuestros abuelos o a nuestros padres, saturados de alpargatas antes que de libros, jugados con las pelotas de los campeonatos Evita y festejados con las sidras y los pan dulce de cada navidad o año nuevo que por entonces pasamos antes de llegar al carnaval que terminamos siendo.
Con esas intermitencias que tanto nos caracterizan, interrupciones no solamente de las decisiones que se ven en la superficie sino también de las decisiones que no se aprecian a simple vista pero que definen lo que somos, las que determinaron lo que fuimos las que determinarán lo que seremos, porque lo que con forma o sin forma son temas caros y sensibles como la educación en cualquiera de sus niveles en cualquiera de sus expresiones, como nuestras cuestiones sanitarias y de salud que hacen a la propia vida que pocos valoramos en su magnitud verdadera, como otras cuestiones no tan menores como nuestras producciones y exportaciones las importaciones, nuestros ahorros magros discontinuos y raros que no conocemos desde la libreta de la caja nacional, asuntos y cuestiones que nos trastornan y nos transforman que nos protegen que nos exponen, y que en forma irreversible ha significado que los pobres seamos cada vez más pobres y que los ricos sin problemas más ricos y evadan impuestos y estafen y mientan solos o ayudados y en connivencia con estos que cambian para hacerse más poderosos pero con el aspecto de otarios hasta que la muerte los alcance de alguna manera bajo la forma de deceso natural o de deceso por la mano de los hombres de los mismos hombres que los elegimos que si no los votamos los elegimos a la fuerza como ellos acceden al poder y de todas maneras porque somos unos disconformes y unos energúmenos, pobres todos pero de espíritu nacional y legítimamente popular, que al final no sabemos muy bien de nosotros y por eso mismo de nadie de afuera, interrupciones de procesos que deberían ser naturalmente normales que no solamente nos detienen sino que nos hacen retroceder todo el tiempo, fines que en otras ocasiones hayamos podido alcanzar porque obviamente no siempre andamos haciendo como el pato tanta porquería en tiempos cortos e infinitesimales. Jurando como se jura cuando se jura en los estados de derecho y en los estrados de la calle ordenando y haciendo ordenar de prepo como se ordena en las ocasiones de períodos marciales porque en otras sólo en apariencias hay manifestaciones civiles que son tan de facto como las otras que son puras y militares, y en esas ocasiones son peores las represalias y las peleas porque los jefes son matones lo que quiere decir que cuentan con otros códigos otras tácticas y otras estrategias que por ser de comunes burgueses son más vulgares, y también con otros ejércitos más difíciles de conocer y de reconocer porque los soldados no andan con uniformes ni entrenamientos encima, sino vestidos como nosotros y confundidos en la multitud como caminamos todos cada día cuando iniciamos nuestras jornadas cuando entremezclados con estos que nos gobiernan acertamos y nos equivocamos una y otra vez con esto del hecho y del derecho.
Así entramos en esa larga noche en esa inmensa oscuridad que algunos llamaron el proceso de reorganización nacional y otros con el tiempo la dictadura, una dictadura relativa porque mal que le pese a más de uno que no quiere acordarse de sus errores por lo menos con la misma intensidad que se acuerda de sus presuntos aciertos, fue un gobierno de milicos aplaudido por la gente llamada opinión pública llamada la conciencia social llamada la soberanía popular y cuántas denominaciones que se utilizaron para ubicar a esas reacciones desproporcionadas de la gente contra la gente y sobre las cuales la misma gente no decía nada y si decía era mas para apoyar las desproporciones que para denostarla, de argentinos que peleaban contra argentinos igual que continuamos peleándonos ahora sin mayores diferencias, por eso somos tan fáciles y previsibles para los que nos ven desde afuera, las diferencias de patriotas contra patriotas insalvables por lo que parece porque no nos damos cuenta pero desde hace mucho tiempo que somos acaparadores y chabones según el lunfardo a los que no nos gusta que nos digan lo que debemos hacer aunque eso que hacemos lo hagamos en contra de la gente que es como decir que lo hacemos en contra de nosotros mismos, actitudes inéditas y no repetidas en otras culturas, las discrepancias de facciosos contra facciosos, de intolerantes e indolentes que en la superficie pretendemos aparecer como generosos y dinámicos.
Y así salimos y entramos docenas, decenas de veces, de gobiernos de facto a gobiernos supuestamente democráticos porque en realidad son autocracias, dictaduras jugadas sucias aunque ocurrentes de oligarquías en ascenso, pero lo más grave es lo que llevamos adentro, en realidad no nos gustan ni los unos ni los otros nos gustamos a nosotros mismos como debería ser según el principio bíblico de quererse a asimismo pero que no es para exagerar porque en la exageración es adonde nos dañamos, la democracia nos gusta, decimos lo buena que es pero la democracia a la carta y a la carta de nosotros, porque en el día a día somos prepotentes e exagerados que embromamos a todo el mundo culpando a todo el mundo de los males que nos aquejan, cortando puentes y calles por donde sea, suprimiendo los derechos de otros que no tienen ni siquiera semejanza con nosotros en sus urgencias y necesidades, embromando el trabajo de los otros porque embromaron otros con nuestro trabajo como si la forma de cortar los resentimiento y los problemas fuera exacerbarlos hacerlos pero de lo que son, mientras lo sea para nosotros y nuestro grupos de amigos y no nos gusta cuando comienza a tocarnos intereses que no son tan especiales, no nos gustan los que piensan diferentes, por ese hecho los declaramos enemigos, en cualquier tema vivimos con viejas y anquilosadas dicotomías antinomias, diferencias, de mersas a conchetos, de ricos a pobres de villeros a urbanos, de empresarios a obreros, de vivos a tontos, no nos gusta nada que sea diferente a nosotros porque estamos muy cómodos con nuestro lugar de ombligos del planeta pero ombligos voluntaristas y voluntarios que damos asco sintiendo asco de todo, a los niños, a los veteranos, a los que tienen más suerte de la que tenemos nosotros, y también a los que tienen menos suerte a los que pretendemos hacerles creer que es culpa del que nos creó el que ellos estén regular o mal en esta tierra. Y llevamos esta condena en la cabeza, el cargo de conciencia nos pesa como nos pesan los kilos y kilos de equivocaciones que tuvimos y seguiremos teniendo si no cambiamos, si no les decimos a los que nos siguen que ellos no deben equivocarse como nosotros, que si no equivocamos nosotros ya fue, fuimos pero ya está vamos a otra argentina, a una argentina más auténtica, en la que las cuestiones sean genuinas sin mentiras intermedias sin dobles interpretaciones o versiones sesgadas de subjetivismo enfermizo de conductas mesiánicas y redentoras, y ahí sí estaremos yendo del dicho al hecho y tal vez del hecho al derecho, pero de verdad.
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