Cronopios
Así te quieren necio vanidoso codicioso y memo pelele
En vez del Jesús con el bicarbonato o coca en la boca
Así te quieren fumando esa marihuana, saturado de tele
Que tanto te vuela como el piercing grande que te toca
La lengua en un lío de dudas de aforismos de cantarle
A las cosas de ese amaño raro de soledad que te saca
Así te quieren hermano
Así nos quieren
Consumiendo sin chistar lo que nos ponen
A precio vil sin que sepamos para qué sirven
Todas esas diferencias que interponen
De tener más que el amigo que te quiere
O él tenga más de acuerdo a lo que adquiere
Así te quieren hermano
Así nos quieren
Consumiendo sin preguntar como ellos dicen
Preguntando sin consumir cuando ellos cortan
Thursday, February 11, 2010
Wednesday, February 10, 2010
CyT
Cronopios
Todo depende de quién mire si mostramos las letras MH y pedimos que se mencionen los géneros, alguien puede decir Macho – Hembra pero también alguien puede decir Mujer – Hombre, con las mismas iniciales todo al revés. Esto es un ejemplo de lo que kahneman y smith llaman el efecto encuadre orientado a la decisión económica.
Así te quieren zambullido en tus miserias
Haciendo plancha en tu consumo masivo
De tatuajes historias virtuales de histerias
Calentado por la terciana de droga pasivo
Tenso y enfriada tu sangre en las arterias
Por tu pereza tu comportamiento invasivo
Así te quieren con tus zozobras coronarias
De andar por la vida desprovisto de activo
Así te quieren por tus actitudes ordinarias
Analfabeto asesino de tus pares permisivo
Así te quieren y mientras sigas así
Mejor para ellos peor para vos
It depends on whom see if we show the MH and call letters are mentioned genres, one can say Male - Female but someone can say Male - Male, with the same initials all wrong. This is an example of what Kahneman and Smith called the framing effect-oriented economic decision.
So you want to dive into your miseries
Making your board in mass consumption
Tattoo stories virtual hysteria
Heated by passive drug tertian
Tense and cooled your blood into the arteries
For your laziness your invasive behavior
So you want with your anxieties coronary
It walks through life devoid of active
So you want by your attitudes ordinary
Illiterate murderer of your peers permissive
So long as you want and you as well
Good for them, worse for you
Cela dépend de qui voir si nous montrons la MH et lettres d'appel sont mentionnés les genres, on peut dire Male - Female mais quelqu'un peut dire Male - Male, avec les mêmes initiales tout faux. Ceci est un exemple de ce que Kahneman et Smith a appelé l'effet de cadrage, prise de décision économique orientée.
Donc, vous voulez plonger dans vos misères
Faire votre conseil à la consommation de masse
Tattoo Stories hystérie virtuelle
Chauffé par tierce drogue passive
Tendue et refroidi votre sang dans les artères
Pour votre paresse, votre comportement envahissant
Donc, vous voulez avec vos angoisses coronariennes
Il marche à travers la vie active sans
Donc, vous voulez par vos attitudes ordinaires
Analphabètes meurtrier de vos pairs permissive
Aussi longtemps que vous le souhaitez et vous aussi
Bon pour eux, tant pis pour vous
Todo depende de quién mire si mostramos las letras MH y pedimos que se mencionen los géneros, alguien puede decir Macho – Hembra pero también alguien puede decir Mujer – Hombre, con las mismas iniciales todo al revés. Esto es un ejemplo de lo que kahneman y smith llaman el efecto encuadre orientado a la decisión económica.
Así te quieren zambullido en tus miserias
Haciendo plancha en tu consumo masivo
De tatuajes historias virtuales de histerias
Calentado por la terciana de droga pasivo
Tenso y enfriada tu sangre en las arterias
Por tu pereza tu comportamiento invasivo
Así te quieren con tus zozobras coronarias
De andar por la vida desprovisto de activo
Así te quieren por tus actitudes ordinarias
Analfabeto asesino de tus pares permisivo
Así te quieren y mientras sigas así
Mejor para ellos peor para vos
It depends on whom see if we show the MH and call letters are mentioned genres, one can say Male - Female but someone can say Male - Male, with the same initials all wrong. This is an example of what Kahneman and Smith called the framing effect-oriented economic decision.
So you want to dive into your miseries
Making your board in mass consumption
Tattoo stories virtual hysteria
Heated by passive drug tertian
Tense and cooled your blood into the arteries
For your laziness your invasive behavior
So you want with your anxieties coronary
It walks through life devoid of active
So you want by your attitudes ordinary
Illiterate murderer of your peers permissive
So long as you want and you as well
Good for them, worse for you
Cela dépend de qui voir si nous montrons la MH et lettres d'appel sont mentionnés les genres, on peut dire Male - Female mais quelqu'un peut dire Male - Male, avec les mêmes initiales tout faux. Ceci est un exemple de ce que Kahneman et Smith a appelé l'effet de cadrage, prise de décision économique orientée.
Donc, vous voulez plonger dans vos misères
Faire votre conseil à la consommation de masse
Tattoo Stories hystérie virtuelle
Chauffé par tierce drogue passive
Tendue et refroidi votre sang dans les artères
Pour votre paresse, votre comportement envahissant
Donc, vous voulez avec vos angoisses coronariennes
Il marche à travers la vie active sans
Donc, vous voulez par vos attitudes ordinaires
Analphabètes meurtrier de vos pairs permissive
Aussi longtemps que vous le souhaitez et vous aussi
Bon pour eux, tant pis pour vous
Tuesday, February 09, 2010
entrándole a la vida
dejame que te diga algo de lo que aprendí,
menejá el resentimiento poreque el resentimiento lleva al odio y el odio lleva al descosuelo y el desconsuelo lleva a la muerte, y es mejor morir una sola vez cuando a uno le toca,
Un niño japonés llega a Estados Unidos y el papá lo inscribe en una escuela.
El primer día de clase, la maestra presenta a Susuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado.
Luego la maestra les dice a los alumnos :
Empecemos repasando un poco de historia de América del norte y del sur.
¿Quién dijo Denme la libertad o denme la muerte?
La clase se quedó callada, excepto Susuki :
Lo dijo Patrick Henry, en 1775.
-Muy Bien!.
¿Quién dijo el gobierno del pueblo, para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la tierra ?.
De nuevo, ninguna respuesta de la clase, salvo Susuki:
Abraham Lincoln, en 1863.
La maestra asombrada, les dice:
- Chicos, debería darles vergüenza. Susuki que es nuevo en nuestro país, sabe más de nuestra historia que ustedes.
La maestra alcanza a escuchar un susurro:
A la mierda con los malditos japoneses!.
¿Quién dijo eso?, preguntó la maestra.
Nuevamente Susuki levanta su mano y dice:
General Mc Arthur, en 1942.
La clase queda muda y uno de los chicos alcanza a decir:
-Voy a vomitar.
La maestra trata de ver quién fue el alumno irrespetuoso:
Ya está bien ¿quién dijo eso?.
Y Susuki dice:
George Bush padre, al Primer ministro japonés, en 1991.
Uno de los alumnos, furioso, le grita al japonés desde el fondo:
- Chupame ésta !.
Susuki, casi saltando en su silla, le dice a la maestra:
Bill Clinton a Mónica Lewinsky, en 1997.
El que era el numero uno de la clase gritó:
Estaba primero hasta que llegó este japonés de mierda.
Y Susuki Contesta:
- Mario Vargas Llosa - Elecciones peruanas, en1990.
La clase entra en un estado de histeria.
La maestra se desmaya, cunde el caos.
Mientras los chicos se arremolinan alrededor de la desvanecida maestra, uno de ellos exclama:
- ¡Mierda, la cagamos, ¿ y ahora como salimos de este desastre ?....
Y Susuki responde:
Nestor Kirchner, Buenos Aires, en marzo de 2008
MAYONESA Y AGUA
Cuando las cosas en la vida Parecen demasiado!!
Cuando 24 horas al día,
No son suficientes...
Recuerda el frasco De mayonesa y el agua
Un profesor delante de su clase de Filosofía sin decir palabra tomo un
Frasco grande y vacío de mayonesa y Procedió a llenarlo con pelotas de
golf.
Luego le preguntó a sus estudiantes si el Frasco estaba lleno. Los
estudiantes
Estuvieron de acuerdo en decir que si.
Así que el profesor tomo una caja llena de Canicas y la vació dentro del
frasco de Mayonesa. Las canicas llenaron los espacios Vacíos entre las
pelotas de golf.
El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba
lleno, ellos volvieron a decir Que si.
Luego...el profesor tomo
Una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena
lleno todos los espacios Vacíos, así que el profesor pregunto nuevamente
Si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron
Con un 'si' unánime.
El profesor enseguida agrego 2 vasos de agua Al contenido del frasco y
efectivamente llenó Todos los espacios vacíos entre la arena. Los
estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor
dijo:
'QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA
LA VIDA'.
Las pelotas de golf son las cosas Importantes,
Como la familia, los hijos, la salud, Los amigos, todo lo que te apasiona.
Son cosas, que aún si todo lo demás lo
Perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son Las otras cosas
Que importan, como El trabajo, La casa, El auto, etc.
La arena es todo Lo demás,
Las pequeñas Cosas.
'Si ponemos la arena 1ro en el frasco,
no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.
Lo mismo ocurre con la vida'.
Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca
tendremos lugar para las Cosas realmente importantes
Presta atención a las cosas que son cruciales Para tu felicidad.
Juega con tus hijos,
Tomate tiempo para asistir al doctor,
Ve con tu pareja a cenar,
Practica tu deporte o afición favorita.
Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.
Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.
Establece tus prioridades, el resto es solo arena..
Uno de los estudiantes levantó la mano y pregunto que representaba el agua.
El profesor sonrió y dijo:
'Que bueno que lo preguntas... Sólo es para demostrarles, que no importa
cuan ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para darle un vaso
de agua a un amigo ahogado en llanto.
menejá el resentimiento poreque el resentimiento lleva al odio y el odio lleva al descosuelo y el desconsuelo lleva a la muerte, y es mejor morir una sola vez cuando a uno le toca,
Un niño japonés llega a Estados Unidos y el papá lo inscribe en una escuela.
El primer día de clase, la maestra presenta a Susuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado.
Luego la maestra les dice a los alumnos :
Empecemos repasando un poco de historia de América del norte y del sur.
¿Quién dijo Denme la libertad o denme la muerte?
La clase se quedó callada, excepto Susuki :
Lo dijo Patrick Henry, en 1775.
-Muy Bien!.
¿Quién dijo el gobierno del pueblo, para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la tierra ?.
De nuevo, ninguna respuesta de la clase, salvo Susuki:
Abraham Lincoln, en 1863.
La maestra asombrada, les dice:
- Chicos, debería darles vergüenza. Susuki que es nuevo en nuestro país, sabe más de nuestra historia que ustedes.
La maestra alcanza a escuchar un susurro:
A la mierda con los malditos japoneses!.
¿Quién dijo eso?, preguntó la maestra.
Nuevamente Susuki levanta su mano y dice:
General Mc Arthur, en 1942.
La clase queda muda y uno de los chicos alcanza a decir:
-Voy a vomitar.
La maestra trata de ver quién fue el alumno irrespetuoso:
Ya está bien ¿quién dijo eso?.
Y Susuki dice:
George Bush padre, al Primer ministro japonés, en 1991.
Uno de los alumnos, furioso, le grita al japonés desde el fondo:
- Chupame ésta !.
Susuki, casi saltando en su silla, le dice a la maestra:
Bill Clinton a Mónica Lewinsky, en 1997.
El que era el numero uno de la clase gritó:
Estaba primero hasta que llegó este japonés de mierda.
Y Susuki Contesta:
- Mario Vargas Llosa - Elecciones peruanas, en1990.
La clase entra en un estado de histeria.
La maestra se desmaya, cunde el caos.
Mientras los chicos se arremolinan alrededor de la desvanecida maestra, uno de ellos exclama:
- ¡Mierda, la cagamos, ¿ y ahora como salimos de este desastre ?....
Y Susuki responde:
Nestor Kirchner, Buenos Aires, en marzo de 2008
MAYONESA Y AGUA
Cuando las cosas en la vida Parecen demasiado!!
Cuando 24 horas al día,
No son suficientes...
Recuerda el frasco De mayonesa y el agua
Un profesor delante de su clase de Filosofía sin decir palabra tomo un
Frasco grande y vacío de mayonesa y Procedió a llenarlo con pelotas de
golf.
Luego le preguntó a sus estudiantes si el Frasco estaba lleno. Los
estudiantes
Estuvieron de acuerdo en decir que si.
Así que el profesor tomo una caja llena de Canicas y la vació dentro del
frasco de Mayonesa. Las canicas llenaron los espacios Vacíos entre las
pelotas de golf.
El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba
lleno, ellos volvieron a decir Que si.
Luego...el profesor tomo
Una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena
lleno todos los espacios Vacíos, así que el profesor pregunto nuevamente
Si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron
Con un 'si' unánime.
El profesor enseguida agrego 2 vasos de agua Al contenido del frasco y
efectivamente llenó Todos los espacios vacíos entre la arena. Los
estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor
dijo:
'QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA
LA VIDA'.
Las pelotas de golf son las cosas Importantes,
Como la familia, los hijos, la salud, Los amigos, todo lo que te apasiona.
Son cosas, que aún si todo lo demás lo
Perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son Las otras cosas
Que importan, como El trabajo, La casa, El auto, etc.
La arena es todo Lo demás,
Las pequeñas Cosas.
'Si ponemos la arena 1ro en el frasco,
no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.
Lo mismo ocurre con la vida'.
Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca
tendremos lugar para las Cosas realmente importantes
Presta atención a las cosas que son cruciales Para tu felicidad.
Juega con tus hijos,
Tomate tiempo para asistir al doctor,
Ve con tu pareja a cenar,
Practica tu deporte o afición favorita.
Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.
Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.
Establece tus prioridades, el resto es solo arena..
Uno de los estudiantes levantó la mano y pregunto que representaba el agua.
El profesor sonrió y dijo:
'Que bueno que lo preguntas... Sólo es para demostrarles, que no importa
cuan ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para darle un vaso
de agua a un amigo ahogado en llanto.
reconquistas eternas
Bicentenario: ¿debe España disculparse?
España evitó entonar un mea culpa por el proceso colonizador en América Latina cuando se aproxima la conmemoración del bicentenario de los procesos que originaron las independencias latinoamericanas.
El secretario de Estado de España para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, declaró a BBC Mundo que "no es la historia lo que ahora preocupa" a los iberoamericanos para quienes "el futuro es más importante que el pasado".
Lea: España: Bicentenario sin mea culpa
En contraste, países como Venezuela o Bolivia han hecho énfasis en los atropellos del proceso colonizador, y otros, como Chile, han destacado la responsabilidad de su propia nación en los abusos contra la población originaria.
¿Debe España disculparse por el proceso colonizador o tendrían esas disculpas que ir acompañadas de los mea culpa por la responsabilidad de los criollos en la explotación de indígenas o esclavos?
¿Cree que la posición española busca evitar confrontaciones o rehuir responsabilidades?
¿Estima que una disculpa podría ser utilizada políticamente en la región?
¿Piensa que debe importar más el futuro que el pasado?
Publicado: 05-feb-2010 12:46 GMT
España evitó entonar un mea culpa por el proceso colonizador en América Latina cuando se aproxima la conmemoración del bicentenario de los procesos que originaron las independencias latinoamericanas.
El secretario de Estado de España para Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, declaró a BBC Mundo que "no es la historia lo que ahora preocupa" a los iberoamericanos para quienes "el futuro es más importante que el pasado".
Lea: España: Bicentenario sin mea culpa
En contraste, países como Venezuela o Bolivia han hecho énfasis en los atropellos del proceso colonizador, y otros, como Chile, han destacado la responsabilidad de su propia nación en los abusos contra la población originaria.
¿Debe España disculparse por el proceso colonizador o tendrían esas disculpas que ir acompañadas de los mea culpa por la responsabilidad de los criollos en la explotación de indígenas o esclavos?
¿Cree que la posición española busca evitar confrontaciones o rehuir responsabilidades?
¿Estima que una disculpa podría ser utilizada políticamente en la región?
¿Piensa que debe importar más el futuro que el pasado?
Publicado: 05-feb-2010 12:46 GMT
silogismos subliminales
Cronopios
Sofismas para esta patria
Es más peligroso un pobre con torpezas de rico que un rico con torpezas de pobre.
Es más peligroso un rico con miserias de pobre que un pobre con miserias de rico.
Es más peligroso un pobre con trampas de rico que un rico con trampas de pobre.
Es más peligroso un rico con trabajo de pobre que un pobre con trabajo de rico.
No hay delincuentes alfabetos o analfabetos, hay delincuentes.
No hay delincuentes simpáticos o antipáticos, hay delincuentes.
No hay delincuentes dentro o fuera de la ley, hay delincuentes.
Sophistry for this country
It is more dangerous with clumsiness of a poor rich rich with clumsiness of poor.
It is more dangerous with a rich poor miseries miseries of a poor man rich.
It is more dangerous trap of a poor rich rich with poor traps.
It is more dangerous to work rich poor poor rich with work.
No literate or illiterate criminals, are criminals.
There are nice or nasty criminals, criminals are.
There are criminals within or outside the law, there are criminals
Sophistry pour ce pays
Il est plus dangereux par une maladresse d'un pauvre riche riche avec maladresse des
pauvres.
Il est plus dangereux avec une misères misères riches et pauvres d'un homme riche pauvres.
Il est plus dangereux piège d'un pauvre riche riche en pièges pauvres.
Il est plus dangereux de travailler riches et pauvres riches et pauvres avec le travail.
Pas de criminels alphabétisées ou analphabètes, sont des criminels.
Il ya des criminels gentil ou méchant, les criminels.
Il ya des criminels au sein ou en dehors de la loi, il ya des crimine
Sofismas para esta patria
Es más peligroso un pobre con torpezas de rico que un rico con torpezas de pobre.
Es más peligroso un rico con miserias de pobre que un pobre con miserias de rico.
Es más peligroso un pobre con trampas de rico que un rico con trampas de pobre.
Es más peligroso un rico con trabajo de pobre que un pobre con trabajo de rico.
No hay delincuentes alfabetos o analfabetos, hay delincuentes.
No hay delincuentes simpáticos o antipáticos, hay delincuentes.
No hay delincuentes dentro o fuera de la ley, hay delincuentes.
Sophistry for this country
It is more dangerous with clumsiness of a poor rich rich with clumsiness of poor.
It is more dangerous with a rich poor miseries miseries of a poor man rich.
It is more dangerous trap of a poor rich rich with poor traps.
It is more dangerous to work rich poor poor rich with work.
No literate or illiterate criminals, are criminals.
There are nice or nasty criminals, criminals are.
There are criminals within or outside the law, there are criminals
Sophistry pour ce pays
Il est plus dangereux par une maladresse d'un pauvre riche riche avec maladresse des
pauvres.
Il est plus dangereux avec une misères misères riches et pauvres d'un homme riche pauvres.
Il est plus dangereux piège d'un pauvre riche riche en pièges pauvres.
Il est plus dangereux de travailler riches et pauvres riches et pauvres avec le travail.
Pas de criminels alphabétisées ou analphabètes, sont des criminels.
Il ya des criminels gentil ou méchant, les criminels.
Il ya des criminels au sein ou en dehors de la loi, il ya des crimine
la palabra y la contrapalabra
La isla de una traductora
Me quejé de Helena Lozano Miralles más de una vez en este sitio. Para quien no la conoce, es quien nos hizo llegar las obras más conocidas de Umberto Eco a los hispanoparlantes; sus traducciones siempre deciden ignorar a los latinoamericanos, quienes tenemos que vadear el barro de su prosa aliñada de vocablos y dialectos peninsulares. Me ha complacido comprobar que en el último libro de Eco publicado aquí ("A paso de cangrejo") esta malversadora ha sido sustituida por una española más digna. Pero estoy empezando por el final; debería comenzar contando que fracasé innumerables veces, en distintos puntos, con "La isla del día de antes" (tercera novela de Eco) a causa de su lenguaje, muchas veces ininteligible. Sé que la idea de Eco era alternar dos registros lingüísticos, uno de los cuales quería ser el remilgado barroco del siglo XVII, pero la versión en castellano, opaca en párrafos enteros, profusa en sus arcaísmos, me vencía. Con ánimos renovados, torné al ataque; con ánimos renovadamente frustrados, torné a las fuentes, es decir, al italiano original. Bastó cotejar uno o dos ejemplos del primer capítulo para comprobar la sospecha: Helena es tan infiel como la mitológica parónima griega. Pero es un tipo especial de infidelidad; paso primero por algún ejemplo. Luego de discurrir sobre diversos términos técnicos navales usados por el protagonista en concomitantes idiomas, el narrador termina dejándolos de lado para contar la historia sin más:
Eco:
Tanto che prendo una decisione: cercherò di decifrare le sue intenzioni, e poi userò i termini che ci sono più familiari. Se mi sbaglio, pazienza: la storia non cambia.
Esta última parte significa, literalmente, "usaré los términos que son más familiares; si me equivoco, paciencia: la historia no cambia". En cambio, Lozano Miralles no fue feliz con ese laconismo, y prefirió la paráfrasis:
Helena:
Tanto que he tomado una decisión: intentaré descifrar sus intenciones y luego traduciré usando los términos que me resultan más familiares, pues me ha parecido pasar estas y otras menudencias, porque no venían bien con el propósito principal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que en las frías digresiones.
¿Por qué? Hace pocos años Eco había escrito que "traducir quiere decir comprender el sistema interno de una lengua y la estructura de un texto dado en dicha lengua, y construir un duplicado del sistema textual tal que, bajo una cierta descripción, pueda producir efectos análogos en el lector, sea en el plano semántico y sintáctico, o en el plano estilístico" ("Dire quasi la stessa cosa. Esperienze di traduzione", 2002). Al igual que en Baudolino, la lengua es parte fundamental de la obra; en éste se habla una especie de romance medieval, mientras que en La Isla todo está contado en un italiano del siglo XVII que Lozano Miralles reemplaza con el barroco español heredado de Góngora y Quevedo, mezclado con algo de Cervantes. A fin de lograr este efecto, cambia palabras que en italiano son cristalinas, por otras que en nuestro castellano son rebuscadas o pretenciosas. Ejemplo:
Eco:
Agitato, sognò il suo naufragio, e lo sognò da uomo d'ingegno, per cui anche nei sogni, e soprattutto in quelli, bisogna fare in modo che le proposizioni abbelliscano il concetto, che i rilievi lo ravvivino, le misteriose connessioni lo rendano denso, profondo le considerazioni, elevato le enfasi, dissimulato le allusioni, e le trasmutazioni sottile.
Esa última secuencia, que podría fácilmente traducirse por "las proposiciones embellezcan el concepto, que los relieves lo reaviven, las misteriosas conexiones lo vuelvan denso, profundo las consideraciones, elevado los énfasis, disimulado las alusiones, y las transmutaciones, sutil", fue retorcido para quedar así:
Helena:
Agitado, soñó su naufragio, y lo soñó como hombre de ingenio, por lo que incluso en sueños, y sobre todo en ellos, ha de hacerse de suerte que las proposiciones hermoseen el concepto, que los reparos lo aviven, las conexiones misteriosas lo hagan preñado, profundo las ponderaciones, salido los encarecimientos, disimulado las alusiones, y las transmutaciones sutil.
En otros casos decidió aferrarse a la palabra italiana original para buscar una palabra casi igual en español para lograr un color anómalo:
Helena:
Alpes espumosos dentro de lúbricos sulcos con mieses si no espumas.
cuando
Eco:
Alpi spumose entro lubrici solchi che hanno le schiume trasformate in messi.
"Sulco" es un arcaísmo deliberado por "surco", porque se parecía más al vocablo a traducir. Nada para decir de la forma enrevesada que escribe la simple expresión "surcos que han transformado la espuma en mieses".
Basta con estos ejemplos; no estoy diciendo que Helena hizo esto a espaldas del escritor, ya que seguramente Eco trabajó con ella y le pidió que escribiera en esta vena. Es claro que Eco pretendía ese "duplicado del sistema textual que produzca efectos análogos en el lector en el plano estilístico", y le encargó la tarea a Lozano Miralles: no se puede esperar que una novela narrada en un idiolecto de 1643 se narre en un español neutro adecuado para nosotros, los latinos. El problema (que es compartido por las traducciones joyceanas) es la recreación, o mejor dicho, quién recrea. Una cosa es Umberto Eco, el semiótico, con su gran erudición en literatura italiana, con su bagaje lingüístico a su favor, imitando con fina pluma y buen gusto un estilo arcaico, en fin, una cosa el escritor de la obra original, y otra muy distinta es una oscura traductora española pretendiendo hacer equilibrio entre una mala imitación de Quevedo y una adhesión literal a las voces italianas originales. Y no es que tenga nada contra el uso del español peninsular: leo a los escritores españoles de principios del siglo XVII y me deleito con su uso de la lengua y el "divino ingenio de estos cavalleros"; los malos ejercicios de anacronismos de Helena no son malos porque es Pierre Menard escribiendo el Quijote en el siglo XX, sino porque Helena es mala escritora, porque no es Neruda traduciendo a Shakespeare, no es Borges traduciendo a Whitman. He revisado en otros textos a ese Borges traductor: si bien uno está recibiendo una obra "marcada" por quien la traslada, el resultado es bueno porque justamente esta marca es buena. Simplifiquemos el problema, saquemos del medio a estos libros complejos lingüísticamente, y observemos los otros de Eco que tradujo Helena, digamos, los de crítica o el reciente y prosaico La misteriosa llama de la reina Loana: el trabajo no es menos inepto ni menos pretencioso. Ni menos localista: no tiene problemas en admitir que consideró llevar la historia de Loana, notablemente armada sobre el contexto histórico de la Italia fascista, a una reinvención situada en la España de Franco. Entonces, ¿a quién estamos leyendo? Tal vez esto esté bien para los españoles, pero entonces
Para qué sirven los diarios
Por Humberto Eco
L Espresso
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Sábado 30 de diciembre de 2006 | Publicado en edición impresa
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Durante algunos días los periódicos italianos han salido sin las firmas de sus autores, por lo menos las de los periodistas de planta, no las de los colaboradores extranjeros u ocasionales. Fue una forma de protesta por parte de los periodistas profesionales. He estado de viaje casi todo el mes y no he entendido si la regla valía también para los semanarios (por razones extremadamente misteriosas, se pueden encontrar diarios italianos de la misma mañana incluso en Tombuctú, pero en París y en Zurich los semanarios llegan con siete días de retraso, cuando se tiene suerte). Si la regla vale también para L’Espresso, estoy dispuesto a anonimizarme por solidaridad, aunque tratándose de una columna donde sale también mi caricatura me parece un poco ridículo figurar sin nombre, pero con retrato, a menos que sustituyamos el retrato por un manchón negro.
Ahora bien: el problema no es personal. Estoy reflexionando, más bien, sobre mis sensaciones de lector que se ha encontrado ante artículos acéfalos, por definirlos de alguna manera, donde alguien me habla y no sé quién es, con la añadidura de que, como buen lector italiano, estoy acostumbrado a que los editoriales del periódico estén siempre firmados, no sólo las columnas de opinión.
Alguien podría objetar: “Perdona, un periódico da las noticias y se espera que lo haga de forma verídica, por lo cual si la noticia que te da es importante y tú supones que es verdadera ¿qué te importa quién te la ha dado?”. Objeción férrea si los periódicos fueran todos como esos cuadernillos que se distribuyen gratis en el subte, donde se nos dice, precisamente, que ha habido un nuevo atentado en Bagdad, que ha nevado en el Caribe mientras crecían plátanos en Estocolmo (casos, por desgracia, cada vez más probables), o que Silvio Berlusconi se ha sentido mal durante un acto político. El caso es que los diarios están dejando de ser así.
Han pasado los tiempos en los que se discutía si la prensa era objetiva y si se podían separar los hechos de las opiniones, y cómo. Me acuerdo de furibundas aunque muy cordiales discusiones con Piero Ottone. El defendía un periodismo que entonces llamábamos “a la inglesa”, en el que se separaban los hechos de las opiniones (creo que Ottone se ha resignado, puesto que ahora publica únicamente una columna de opinión), y otros sosteníamos que incluso allí donde esta diferencia se respeta formalmente (un ejemplo modélico es The New York Times, donde los artículos de opinión, firmados, están sólo en las últimas páginas, junto a las cartas de los lectores, y lo demás deberían ser hechos), pues bien, que incluso en ese caso el mero hecho de poner dos sucesos en la misma página (por ejemplo, dos noticias que tratan de un asalto a mano armada por parte de bandidos calabreses) se convierte ya en la sugerencia de una opinión, y que muchos reportajes anglosajones en los que se cita entre comillas a dos señores con opiniones contrarias sobre el mismo hecho suelen ser bastante hipócritas, puesto que es el periodista el que ha elegido a quiénes iba a citar. Pero el problema no atañe ya a aquella antigua polémica.
El problema es que un periódico hoy en día se encuentra en la situación de tener que hablar de hechos de los que ya ha hablado ampliamente la televisión un día antes, por no hablar de los que leen las noticias frescas en Internet. Y, por lo tanto, no puede comportarse como un periódico que, opiniones aparte, da noticia de los hechos, porque si no el lector dejaría de leer los periódicos. Véase, por ejemplo, el Corriere della Sera, que, en la página final, pone una especie de sumario de los hechos relevantes del día anterior. Excelente para los que tienen poco tiempo o no han visto los noticieros de TV (pero si el acontecimiento es notable ya le habrá llegado un mensaje de texto de un amigo). Ahora bien: si ésa fuera la función de un periódico, el Corriere della Sera podría distribuirse gratis en las estaciones con formato de tarjeta de visita, lo cual no llenaría de dicha a sus propietarios, supongo.
Yo cito siempre dos episodios. Uno, la bomba de Piazza Fontana. Cuando sucedió, yo estaba en Nueva York (me divierto coleccionando coartadas para todos los delitos y matanzas) y se me informó del hecho muy temprano, teniendo en cuenta que Nueva York está seis horas adelantada respecto de Italia.
Preocupado, llamé a Milán, y mi mujer, que todavía no había visto el programa de noticias de la noche, no sabía nada. Digo siempre que supe de la matanza con seis horas de antelación. No es verdad, pero da la idea. Muchos años después, a las seis de la tarde, un amigo periodista me llamó diciendo que había muerto Bettino Craxi. Inmediatamente después me llamó por otros motivos mi secretaria y me pareció interesante darle la noticia. Lo sabía ya: alguien le había mandado un mensaje de texto. Llamé a mi mujer. Lo sabía ya: se lo habían dicho por teléfono antes de que la televisión diera la noticia. Díganme ustedes, entonces, para qué sirve un periódico.
A estas alturas, un periódico sirve para empaquetar los hechos con opiniones. Es lo que ahora les pedimos, y puesto que se trata de opiniones sobre los hechos, queremos saber quién expresa esa opinión, si es un autor de quien nos fiamos o un escritorzuelo que habitualmente menospreciamos.
Por eso, un periódico que hace huelga suprimiendo las firmas se vuelve mudo, lo cual significa que la protesta sindical tiene su relevancia.
Por Humberto Eco
L Espresso
(Traducción de Helena Lozano Miralles)
Me quejé de Helena Lozano Miralles más de una vez en este sitio. Para quien no la conoce, es quien nos hizo llegar las obras más conocidas de Umberto Eco a los hispanoparlantes; sus traducciones siempre deciden ignorar a los latinoamericanos, quienes tenemos que vadear el barro de su prosa aliñada de vocablos y dialectos peninsulares. Me ha complacido comprobar que en el último libro de Eco publicado aquí ("A paso de cangrejo") esta malversadora ha sido sustituida por una española más digna. Pero estoy empezando por el final; debería comenzar contando que fracasé innumerables veces, en distintos puntos, con "La isla del día de antes" (tercera novela de Eco) a causa de su lenguaje, muchas veces ininteligible. Sé que la idea de Eco era alternar dos registros lingüísticos, uno de los cuales quería ser el remilgado barroco del siglo XVII, pero la versión en castellano, opaca en párrafos enteros, profusa en sus arcaísmos, me vencía. Con ánimos renovados, torné al ataque; con ánimos renovadamente frustrados, torné a las fuentes, es decir, al italiano original. Bastó cotejar uno o dos ejemplos del primer capítulo para comprobar la sospecha: Helena es tan infiel como la mitológica parónima griega. Pero es un tipo especial de infidelidad; paso primero por algún ejemplo. Luego de discurrir sobre diversos términos técnicos navales usados por el protagonista en concomitantes idiomas, el narrador termina dejándolos de lado para contar la historia sin más:
Eco:
Tanto che prendo una decisione: cercherò di decifrare le sue intenzioni, e poi userò i termini che ci sono più familiari. Se mi sbaglio, pazienza: la storia non cambia.
Esta última parte significa, literalmente, "usaré los términos que son más familiares; si me equivoco, paciencia: la historia no cambia". En cambio, Lozano Miralles no fue feliz con ese laconismo, y prefirió la paráfrasis:
Helena:
Tanto que he tomado una decisión: intentaré descifrar sus intenciones y luego traduciré usando los términos que me resultan más familiares, pues me ha parecido pasar estas y otras menudencias, porque no venían bien con el propósito principal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que en las frías digresiones.
¿Por qué? Hace pocos años Eco había escrito que "traducir quiere decir comprender el sistema interno de una lengua y la estructura de un texto dado en dicha lengua, y construir un duplicado del sistema textual tal que, bajo una cierta descripción, pueda producir efectos análogos en el lector, sea en el plano semántico y sintáctico, o en el plano estilístico" ("Dire quasi la stessa cosa. Esperienze di traduzione", 2002). Al igual que en Baudolino, la lengua es parte fundamental de la obra; en éste se habla una especie de romance medieval, mientras que en La Isla todo está contado en un italiano del siglo XVII que Lozano Miralles reemplaza con el barroco español heredado de Góngora y Quevedo, mezclado con algo de Cervantes. A fin de lograr este efecto, cambia palabras que en italiano son cristalinas, por otras que en nuestro castellano son rebuscadas o pretenciosas. Ejemplo:
Eco:
Agitato, sognò il suo naufragio, e lo sognò da uomo d'ingegno, per cui anche nei sogni, e soprattutto in quelli, bisogna fare in modo che le proposizioni abbelliscano il concetto, che i rilievi lo ravvivino, le misteriose connessioni lo rendano denso, profondo le considerazioni, elevato le enfasi, dissimulato le allusioni, e le trasmutazioni sottile.
Esa última secuencia, que podría fácilmente traducirse por "las proposiciones embellezcan el concepto, que los relieves lo reaviven, las misteriosas conexiones lo vuelvan denso, profundo las consideraciones, elevado los énfasis, disimulado las alusiones, y las transmutaciones, sutil", fue retorcido para quedar así:
Helena:
Agitado, soñó su naufragio, y lo soñó como hombre de ingenio, por lo que incluso en sueños, y sobre todo en ellos, ha de hacerse de suerte que las proposiciones hermoseen el concepto, que los reparos lo aviven, las conexiones misteriosas lo hagan preñado, profundo las ponderaciones, salido los encarecimientos, disimulado las alusiones, y las transmutaciones sutil.
En otros casos decidió aferrarse a la palabra italiana original para buscar una palabra casi igual en español para lograr un color anómalo:
Helena:
Alpes espumosos dentro de lúbricos sulcos con mieses si no espumas.
cuando
Eco:
Alpi spumose entro lubrici solchi che hanno le schiume trasformate in messi.
"Sulco" es un arcaísmo deliberado por "surco", porque se parecía más al vocablo a traducir. Nada para decir de la forma enrevesada que escribe la simple expresión "surcos que han transformado la espuma en mieses".
Basta con estos ejemplos; no estoy diciendo que Helena hizo esto a espaldas del escritor, ya que seguramente Eco trabajó con ella y le pidió que escribiera en esta vena. Es claro que Eco pretendía ese "duplicado del sistema textual que produzca efectos análogos en el lector en el plano estilístico", y le encargó la tarea a Lozano Miralles: no se puede esperar que una novela narrada en un idiolecto de 1643 se narre en un español neutro adecuado para nosotros, los latinos. El problema (que es compartido por las traducciones joyceanas) es la recreación, o mejor dicho, quién recrea. Una cosa es Umberto Eco, el semiótico, con su gran erudición en literatura italiana, con su bagaje lingüístico a su favor, imitando con fina pluma y buen gusto un estilo arcaico, en fin, una cosa el escritor de la obra original, y otra muy distinta es una oscura traductora española pretendiendo hacer equilibrio entre una mala imitación de Quevedo y una adhesión literal a las voces italianas originales. Y no es que tenga nada contra el uso del español peninsular: leo a los escritores españoles de principios del siglo XVII y me deleito con su uso de la lengua y el "divino ingenio de estos cavalleros"; los malos ejercicios de anacronismos de Helena no son malos porque es Pierre Menard escribiendo el Quijote en el siglo XX, sino porque Helena es mala escritora, porque no es Neruda traduciendo a Shakespeare, no es Borges traduciendo a Whitman. He revisado en otros textos a ese Borges traductor: si bien uno está recibiendo una obra "marcada" por quien la traslada, el resultado es bueno porque justamente esta marca es buena. Simplifiquemos el problema, saquemos del medio a estos libros complejos lingüísticamente, y observemos los otros de Eco que tradujo Helena, digamos, los de crítica o el reciente y prosaico La misteriosa llama de la reina Loana: el trabajo no es menos inepto ni menos pretencioso. Ni menos localista: no tiene problemas en admitir que consideró llevar la historia de Loana, notablemente armada sobre el contexto histórico de la Italia fascista, a una reinvención situada en la España de Franco. Entonces, ¿a quién estamos leyendo? Tal vez esto esté bien para los españoles, pero entonces
Para qué sirven los diarios
Por Humberto Eco
L Espresso
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Sábado 30 de diciembre de 2006 | Publicado en edición impresa
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Durante algunos días los periódicos italianos han salido sin las firmas de sus autores, por lo menos las de los periodistas de planta, no las de los colaboradores extranjeros u ocasionales. Fue una forma de protesta por parte de los periodistas profesionales. He estado de viaje casi todo el mes y no he entendido si la regla valía también para los semanarios (por razones extremadamente misteriosas, se pueden encontrar diarios italianos de la misma mañana incluso en Tombuctú, pero en París y en Zurich los semanarios llegan con siete días de retraso, cuando se tiene suerte). Si la regla vale también para L’Espresso, estoy dispuesto a anonimizarme por solidaridad, aunque tratándose de una columna donde sale también mi caricatura me parece un poco ridículo figurar sin nombre, pero con retrato, a menos que sustituyamos el retrato por un manchón negro.
Ahora bien: el problema no es personal. Estoy reflexionando, más bien, sobre mis sensaciones de lector que se ha encontrado ante artículos acéfalos, por definirlos de alguna manera, donde alguien me habla y no sé quién es, con la añadidura de que, como buen lector italiano, estoy acostumbrado a que los editoriales del periódico estén siempre firmados, no sólo las columnas de opinión.
Alguien podría objetar: “Perdona, un periódico da las noticias y se espera que lo haga de forma verídica, por lo cual si la noticia que te da es importante y tú supones que es verdadera ¿qué te importa quién te la ha dado?”. Objeción férrea si los periódicos fueran todos como esos cuadernillos que se distribuyen gratis en el subte, donde se nos dice, precisamente, que ha habido un nuevo atentado en Bagdad, que ha nevado en el Caribe mientras crecían plátanos en Estocolmo (casos, por desgracia, cada vez más probables), o que Silvio Berlusconi se ha sentido mal durante un acto político. El caso es que los diarios están dejando de ser así.
Han pasado los tiempos en los que se discutía si la prensa era objetiva y si se podían separar los hechos de las opiniones, y cómo. Me acuerdo de furibundas aunque muy cordiales discusiones con Piero Ottone. El defendía un periodismo que entonces llamábamos “a la inglesa”, en el que se separaban los hechos de las opiniones (creo que Ottone se ha resignado, puesto que ahora publica únicamente una columna de opinión), y otros sosteníamos que incluso allí donde esta diferencia se respeta formalmente (un ejemplo modélico es The New York Times, donde los artículos de opinión, firmados, están sólo en las últimas páginas, junto a las cartas de los lectores, y lo demás deberían ser hechos), pues bien, que incluso en ese caso el mero hecho de poner dos sucesos en la misma página (por ejemplo, dos noticias que tratan de un asalto a mano armada por parte de bandidos calabreses) se convierte ya en la sugerencia de una opinión, y que muchos reportajes anglosajones en los que se cita entre comillas a dos señores con opiniones contrarias sobre el mismo hecho suelen ser bastante hipócritas, puesto que es el periodista el que ha elegido a quiénes iba a citar. Pero el problema no atañe ya a aquella antigua polémica.
El problema es que un periódico hoy en día se encuentra en la situación de tener que hablar de hechos de los que ya ha hablado ampliamente la televisión un día antes, por no hablar de los que leen las noticias frescas en Internet. Y, por lo tanto, no puede comportarse como un periódico que, opiniones aparte, da noticia de los hechos, porque si no el lector dejaría de leer los periódicos. Véase, por ejemplo, el Corriere della Sera, que, en la página final, pone una especie de sumario de los hechos relevantes del día anterior. Excelente para los que tienen poco tiempo o no han visto los noticieros de TV (pero si el acontecimiento es notable ya le habrá llegado un mensaje de texto de un amigo). Ahora bien: si ésa fuera la función de un periódico, el Corriere della Sera podría distribuirse gratis en las estaciones con formato de tarjeta de visita, lo cual no llenaría de dicha a sus propietarios, supongo.
Yo cito siempre dos episodios. Uno, la bomba de Piazza Fontana. Cuando sucedió, yo estaba en Nueva York (me divierto coleccionando coartadas para todos los delitos y matanzas) y se me informó del hecho muy temprano, teniendo en cuenta que Nueva York está seis horas adelantada respecto de Italia.
Preocupado, llamé a Milán, y mi mujer, que todavía no había visto el programa de noticias de la noche, no sabía nada. Digo siempre que supe de la matanza con seis horas de antelación. No es verdad, pero da la idea. Muchos años después, a las seis de la tarde, un amigo periodista me llamó diciendo que había muerto Bettino Craxi. Inmediatamente después me llamó por otros motivos mi secretaria y me pareció interesante darle la noticia. Lo sabía ya: alguien le había mandado un mensaje de texto. Llamé a mi mujer. Lo sabía ya: se lo habían dicho por teléfono antes de que la televisión diera la noticia. Díganme ustedes, entonces, para qué sirve un periódico.
A estas alturas, un periódico sirve para empaquetar los hechos con opiniones. Es lo que ahora les pedimos, y puesto que se trata de opiniones sobre los hechos, queremos saber quién expresa esa opinión, si es un autor de quien nos fiamos o un escritorzuelo que habitualmente menospreciamos.
Por eso, un periódico que hace huelga suprimiendo las firmas se vuelve mudo, lo cual significa que la protesta sindical tiene su relevancia.
Por Humberto Eco
L Espresso
(Traducción de Helena Lozano Miralles)
Monday, February 08, 2010
ay querido julio
...si hubieras visto estos mamarrachos, hermosa palabra ésta para expresar los desbordes, estas impresentables actitudes nuestras y masivas porque no se salva nadie querido julio, todos en la misma vidriera irrespetuosa como decía nuestro querido enrique santos, además si lo hubieras visto con esos ojos tuyos tan grandes y expresivos con esa mirada desde arriba que te permitía ver todo desde el metro noventa o algo parecido, ay julio si lo hubieras visto, la realidad desbordando tu inimitable, irrepetible imaginación de poeta y profeta, si hubieras visto esta postal de despropósitos de políticos defendiendo lo indefendible de derechos humanos que son eso para los amigos y no para los demás porque en su interpretación no entraron en la declaración de san josé de costa rica que según ellos dice que si sos rico - o pensás diferente a ellos que es más grave - y un delincuente te asesina eso no es un crímen de lesa humanidad, de jueces mirando para dónde no deben pero con mansiones en la costa uruguaya o atlántica, de una parva de baratos ladrones que se hacen llamar políticos o gremialistas que no representan a nadie pero hacen negocios millonarios, ay julio si lo hubieras visto, a eso mismo que viste en un cuento de bestiario, extraños presionándote, fantasmas plomos que te acechan en los rincones y que te van acorralando, ahora y primero para pedirte unas monedas que cuando consiguen cominezan a pedirte otras cosas, ay julio si vieras esas ánimas entrando y saliendo de lo que alguna vez fueron nuestras instituciones, creyendo en una omnipotencia que les inventan abogados inscrupulosos y militantes mentirosos de agrupaciones de derechos humanos, ay julio si lo hubieras visto, cagándose en todos y en todos, acampando en las calles, meando y cagando en el pavimento o sobre las persianas que tapan las fachada de los bancos, atando las carpas en las rejas que impiden el paso en el congreso o en nuestra maldita casa rosada, ay julio si lo hubieras visto armando las villas en las plazas del centro cuando los del medio no tuvimos ni el derecho de la vivienda propia porque ganábamos mucho para tener vivienda de fonavi y poco para hacernos una por cuenta propia, ay julio si hubieras visto lo que finalmente fue con nuestras plazas hoy convertidas en villas de emergencia, sin la posibilidad de llevar a los niños por les roban todos o los corren porque la superficie que no está ocupada correponde a los sanitarios de esa gente, ay julio si lo hubiera visto, si hubieras visto lo que es una plaza tomada,
y no digo nada por esa gente que por su limitación no tien otras salidas que eso, aunque a veces pienso que son más vivos que nosotros, los del medio, esos, a los que los cagan los de arriba y a los que ahora los cagan los de abajo,...ay julio si lo hubieras visto dandos sus vueltas al día en ochenta mundos...
y no digo nada por esa gente que por su limitación no tien otras salidas que eso, aunque a veces pienso que son más vivos que nosotros, los del medio, esos, a los que los cagan los de arriba y a los que ahora los cagan los de abajo,...ay julio si lo hubieras visto dandos sus vueltas al día en ochenta mundos...
mafalda, de rahola y sin palabras
eso que acá se dice que somos, somos bastante seguido...
El catecismo de Mafalda
Formó parte de nuestra educación sentimental. Respiraba nuestra misma perplejidad, formulaba las mismas inquietas preguntas, alentaba utopías parejas y, en su paisaje cotidiano, las mismas Susanitas y Manolos pintaban las emociones y los días. Mafalda fue la sutil compañía, la conciencia cercana, y todo lo que representó sigue con nosotros para siempre. De hecho, transgeneracional como todo grande, Quino ha conseguido que Mafalda sea amiga de nuestros hijos, hermana mayor de los Guilles que se pasean por los rincones de nuestra felicidad. El título, pues, de este artículo, es lo que parece, un sentido y agradecido homenaje. Sensible, comprometida y, a pesar de todo, deliciosamente niña, Mafalda siempre será de una sola pieza.
¿Son de una sola pieza los Mafaldos que pululan por las esquinas del pensamiento, por los despachos de algunas cancillerías, por las cátedras impolutas de múltiples universidades, por las calles de la pancarta y el grito? Toda esa progresía, heredera de las utopías de izquierdas que intentaron cambiar el mundo, ¿mantiene intactos los criterios morales que las movilizaron? Y más aún, ¿mantiene el compromiso con la libertad?
Las banderas que blanden son las de siempre, la propia de la libertad, la solidaridad, la justicia social, la lucha contra la marginación, y así hasta completar la lista del catecismo del buen pastor de izquierdas. Poco o nada tengo que decir contra esas banderas que, sin paliativos, son las mías. Pero mucho hay que decir sobre algunos de los que se han apropiado de ellas, y, desde la atalaya de su soberbia ideológica, nos castigan con su verbo airado. Ya hablé, en otra ocasión, de los D Elía y Bonafini, eficaces lacayos del pensamiento reaccionario de izquierdas. Pero más allá de los peones que se mueven por el tablero, con más ruido que inteligencia, existe una sólida corriente de izquierdas que, a pesar del efectismo de su retórica, está traicionando seriamente la ley de leyes, la Carta de Derechos Humanos.
No es nueva esa traición, y ahí están las víctimas de las dictaduras de izquierdas clamando su lugar en el sol del recuerdo, sospechosas por el hecho de haber muerto bajo balas amigas, esos bellos dictadores que leían a Lenin y mataban como Goebbels. Y que algunos aún cabalgan, cual patéticos jinetes con zapatillas, por las islas de nuestras revoluciones adolescentes.
Hoy, como ayer, existen víctimas que no conmueven, dictaduras que no movilizan, terrorismos que no indignan, esclavitudes que no arañan las paredes de la conciencia, y todo ello pasa mientras tomamos las calles para gritar contra la injusticia.
Diversas son las traiciones morales que la izquierda está perpetrando, en nombre de los mismos principios que dice defender. Con un añadido fundamental: más allá de los gobiernos que cada cual elige, los ciudadanos otorgan un plus de prestigio a los intelectuales y a los movimientos de izquierdas, hasta el punto de que un pensador de derechas sólo puede equivocarse una vez, antes de hundirse. La izquierda puede perpetrar una vida de errores, y mantiene intacto el prestigio.
¿Sirve el ejemplo de Saramago? Defendió a Stalin como libertador, estuvo a favor del Muro de Berlín, considera a Chávez y a Castro como referentes legítimos e, incluso, entró en las listas del PC portugués, el más jurásico de los partidos comunistas del mundo, si obviamos la excepción de Corea del Norte, que detenta el honor de ser el mayor dinosaurio. Sin embargo, Saramago vocifera contra los yankees, clama contra la maldad judía, disculpa al terrorismo islamista, repite los tópicos sudados de la corrección política, y las universidades del mundo babean de complacencia, lo elevan a los altares y lo consideran un ejemplo de intelectual comprometido. ¡Qué importa que haya defendido a alguno de los asesinos más importantes de la historia reciente! ¡Qué importa la quiebra moral que ello significa! Cumple felizmente con el primer mandamiento del catecismo progresista, y eso lo convierte en ícono de la izquierda reaccionaria: "Odiarás a USA sobre todas las cosas, y a Israel como si fuera lo mismo". Si tuviera que definir este progresismo de doble moral, lo haría usando su propio concepto de solidaridad: un concepto bizco, que llora por un ojo a las víctimas que le gustan, y por el otro disculpa a los asesinos que no le disgustan.
Por supuesto, estoy a favor del pensamiento crítico con el accionar norteamericano, y practico esa convicción tanto respecto de su política en la región como en el caso de Irak. Pero el pensamiento crítico es un compromiso integral, que no permite extrañas ambigüedades. El problema de los Mafaldos no es contra quién luchan, sino contra quién no luchan ni levantan banderas. Subidos al orgasmo permanente de la caza al yankee malvado y al perverso israelí, se les escapan vivos todos los dictadores del planeta. Es decir, les preocupan más los errores de los demócratas que las locuras de los tiranos.
Hablé de traición moral. Permítanme. Traición a las mujeres que viven bajo las tiranías islámicas, sin ningún derecho, abandonadas a su suerte, culpables de no ser esclavizadas por alguna democracia occidental. Su dolor no preocupa a ningún vocero de la izquierda auténtica. No está en el catecismo del buen progre luchar por las víctimas del islam. Traición a la libertad, minimizado el terrorismo nihilista, perdonados los suicidas "jihadistas", reconvertidos en milicianos los fanáticos enloquecidos que matan a decenas de personas en los autobuses de Jerusalén o en los mercados de Bagdad. ¿Se han fijado que si matan americanos o judíos, son resistentes, pero si matan españoles o ingleses, son terroristas? Los mismos. Su mismo totalitarismo nihilista. La misma financiación. La misma tecnología vía satélite, conectada a la Edad Media. Pero distinto rasero.
Traición a la tolerancia, con ese coqueteo desacomplejado con el nuevo antisemitismo que corroe al mundo. Traición a la inteligencia, convertida la ideología en una religión, y las ideas en dogmas de fe. Y, finalmente, traición a la solidaridad, cuya bandera manchan de tanto usarla como munición demagógica. El mundo, sin duda, no vive un tiempo de luz. Pero la izquierda tendrá que preguntarse qué culpa tiene en esa oscuridad. Tanto por las palabras que dice como por los silencios que otorga. ¿No será que los Mafaldos han traicionado a Mafalda?
Fuente: www.pilarrahola.com
El catecismo de Mafalda
Formó parte de nuestra educación sentimental. Respiraba nuestra misma perplejidad, formulaba las mismas inquietas preguntas, alentaba utopías parejas y, en su paisaje cotidiano, las mismas Susanitas y Manolos pintaban las emociones y los días. Mafalda fue la sutil compañía, la conciencia cercana, y todo lo que representó sigue con nosotros para siempre. De hecho, transgeneracional como todo grande, Quino ha conseguido que Mafalda sea amiga de nuestros hijos, hermana mayor de los Guilles que se pasean por los rincones de nuestra felicidad. El título, pues, de este artículo, es lo que parece, un sentido y agradecido homenaje. Sensible, comprometida y, a pesar de todo, deliciosamente niña, Mafalda siempre será de una sola pieza.
¿Son de una sola pieza los Mafaldos que pululan por las esquinas del pensamiento, por los despachos de algunas cancillerías, por las cátedras impolutas de múltiples universidades, por las calles de la pancarta y el grito? Toda esa progresía, heredera de las utopías de izquierdas que intentaron cambiar el mundo, ¿mantiene intactos los criterios morales que las movilizaron? Y más aún, ¿mantiene el compromiso con la libertad?
Las banderas que blanden son las de siempre, la propia de la libertad, la solidaridad, la justicia social, la lucha contra la marginación, y así hasta completar la lista del catecismo del buen pastor de izquierdas. Poco o nada tengo que decir contra esas banderas que, sin paliativos, son las mías. Pero mucho hay que decir sobre algunos de los que se han apropiado de ellas, y, desde la atalaya de su soberbia ideológica, nos castigan con su verbo airado. Ya hablé, en otra ocasión, de los D Elía y Bonafini, eficaces lacayos del pensamiento reaccionario de izquierdas. Pero más allá de los peones que se mueven por el tablero, con más ruido que inteligencia, existe una sólida corriente de izquierdas que, a pesar del efectismo de su retórica, está traicionando seriamente la ley de leyes, la Carta de Derechos Humanos.
No es nueva esa traición, y ahí están las víctimas de las dictaduras de izquierdas clamando su lugar en el sol del recuerdo, sospechosas por el hecho de haber muerto bajo balas amigas, esos bellos dictadores que leían a Lenin y mataban como Goebbels. Y que algunos aún cabalgan, cual patéticos jinetes con zapatillas, por las islas de nuestras revoluciones adolescentes.
Hoy, como ayer, existen víctimas que no conmueven, dictaduras que no movilizan, terrorismos que no indignan, esclavitudes que no arañan las paredes de la conciencia, y todo ello pasa mientras tomamos las calles para gritar contra la injusticia.
Diversas son las traiciones morales que la izquierda está perpetrando, en nombre de los mismos principios que dice defender. Con un añadido fundamental: más allá de los gobiernos que cada cual elige, los ciudadanos otorgan un plus de prestigio a los intelectuales y a los movimientos de izquierdas, hasta el punto de que un pensador de derechas sólo puede equivocarse una vez, antes de hundirse. La izquierda puede perpetrar una vida de errores, y mantiene intacto el prestigio.
¿Sirve el ejemplo de Saramago? Defendió a Stalin como libertador, estuvo a favor del Muro de Berlín, considera a Chávez y a Castro como referentes legítimos e, incluso, entró en las listas del PC portugués, el más jurásico de los partidos comunistas del mundo, si obviamos la excepción de Corea del Norte, que detenta el honor de ser el mayor dinosaurio. Sin embargo, Saramago vocifera contra los yankees, clama contra la maldad judía, disculpa al terrorismo islamista, repite los tópicos sudados de la corrección política, y las universidades del mundo babean de complacencia, lo elevan a los altares y lo consideran un ejemplo de intelectual comprometido. ¡Qué importa que haya defendido a alguno de los asesinos más importantes de la historia reciente! ¡Qué importa la quiebra moral que ello significa! Cumple felizmente con el primer mandamiento del catecismo progresista, y eso lo convierte en ícono de la izquierda reaccionaria: "Odiarás a USA sobre todas las cosas, y a Israel como si fuera lo mismo". Si tuviera que definir este progresismo de doble moral, lo haría usando su propio concepto de solidaridad: un concepto bizco, que llora por un ojo a las víctimas que le gustan, y por el otro disculpa a los asesinos que no le disgustan.
Por supuesto, estoy a favor del pensamiento crítico con el accionar norteamericano, y practico esa convicción tanto respecto de su política en la región como en el caso de Irak. Pero el pensamiento crítico es un compromiso integral, que no permite extrañas ambigüedades. El problema de los Mafaldos no es contra quién luchan, sino contra quién no luchan ni levantan banderas. Subidos al orgasmo permanente de la caza al yankee malvado y al perverso israelí, se les escapan vivos todos los dictadores del planeta. Es decir, les preocupan más los errores de los demócratas que las locuras de los tiranos.
Hablé de traición moral. Permítanme. Traición a las mujeres que viven bajo las tiranías islámicas, sin ningún derecho, abandonadas a su suerte, culpables de no ser esclavizadas por alguna democracia occidental. Su dolor no preocupa a ningún vocero de la izquierda auténtica. No está en el catecismo del buen progre luchar por las víctimas del islam. Traición a la libertad, minimizado el terrorismo nihilista, perdonados los suicidas "jihadistas", reconvertidos en milicianos los fanáticos enloquecidos que matan a decenas de personas en los autobuses de Jerusalén o en los mercados de Bagdad. ¿Se han fijado que si matan americanos o judíos, son resistentes, pero si matan españoles o ingleses, son terroristas? Los mismos. Su mismo totalitarismo nihilista. La misma financiación. La misma tecnología vía satélite, conectada a la Edad Media. Pero distinto rasero.
Traición a la tolerancia, con ese coqueteo desacomplejado con el nuevo antisemitismo que corroe al mundo. Traición a la inteligencia, convertida la ideología en una religión, y las ideas en dogmas de fe. Y, finalmente, traición a la solidaridad, cuya bandera manchan de tanto usarla como munición demagógica. El mundo, sin duda, no vive un tiempo de luz. Pero la izquierda tendrá que preguntarse qué culpa tiene en esa oscuridad. Tanto por las palabras que dice como por los silencios que otorga. ¿No será que los Mafaldos han traicionado a Mafalda?
Fuente: www.pilarrahola.com
Sunday, February 07, 2010
tú y el sistema
Cronopios perdidos
Así te quieren
Drogado borracho volado
Así te hieren
Profundo superficial violado
Te hacen creer que de esas formas
Con celular y sin ideas
Consumiendo lo que te venden
Incomunicado pero en todas las redes sociales
Te hacen creer que de esas formas
Tendrás un mañana de progreso
Así te quieren
Confundido lesionado flagelado
Así te hieren
En tus sueños y después te dejan solo
En la cruz en la que estás crucificado
Así te quieren
Balbuceando sin sentido
Murmurando sin sentirlo
Estoy en el horno
So you want
Drunk drugged flown
That hurt you
Deep surface violated
I do believe that these forms
With cellular and not ideas
Eating what you sell
Solitary but in all social networks
I do believe that these forms
You will have a morning of achievement
So you want
Confused injured flagellate
That hurt you
In your dreams and then they leave you alone
On the cross where you are crucified
So you want
Babbling nonsense
Murmuring without feeling
I'm in the oven
Así te quieren
Drogado borracho volado
Así te hieren
Profundo superficial violado
Te hacen creer que de esas formas
Con celular y sin ideas
Consumiendo lo que te venden
Incomunicado pero en todas las redes sociales
Te hacen creer que de esas formas
Tendrás un mañana de progreso
Así te quieren
Confundido lesionado flagelado
Así te hieren
En tus sueños y después te dejan solo
En la cruz en la que estás crucificado
Así te quieren
Balbuceando sin sentido
Murmurando sin sentirlo
Estoy en el horno
So you want
Drunk drugged flown
That hurt you
Deep surface violated
I do believe that these forms
With cellular and not ideas
Eating what you sell
Solitary but in all social networks
I do believe that these forms
You will have a morning of achievement
So you want
Confused injured flagellate
That hurt you
In your dreams and then they leave you alone
On the cross where you are crucified
So you want
Babbling nonsense
Murmuring without feeling
I'm in the oven
Saturday, February 06, 2010
creo que lo que no termino de entender a pesar de los años
es porqué a veces los seres humanos realizamos excelentes amalgamas de inteligencia mezclada con altas dosis de estupidez,
esto es lo que pienso mientras plasmo otros recuerdos legítimos sin olvidar que nunca un hombre debe renegar de lo que en otra dimensión acepta, con unos años encima uno ha visto a demasiado "progresista" para los demás a los que que quiere pobres mientras arma su doctrina y en algunos casos la de sus pares en confortables ciudades...
de todas formas y otra vez gracias eloy por lo que valió la pena
La separación entre la obra literaria y la periodística de un autor siempre es artificial, y más aún en el caso de Tomás Eloy Martínez, que hizo de las rimas y correspondencias entre ambos mundos (que son uno solo) el eje de su obra y la fuente de su encanto. En las líneas que siguen nos ocuparemos sólo de sus novelas, olvidando sus extraordinarios libros periodísticos. Al fin y al cabo eso es la novela: el arte de olvidar que existe otro modo de contar las cosas.
Su primera narración fue Sagrado (1969), que en su cuidadosa elaboración de los recuerdos, en su trabajo con el lenguaje, pertenecía menos a la tradición argentina que a la del barroco latinoamericano representado por Lezama Lima, cuyo juego consistía en hacer del pasado una penumbra hecha de palabras. Y sin embargo, aunque parezca más fiel a su época que al futuro de su autor, ciertos rasgos de la escritura experimental no lo abandonaron: el discurso indirecto libre, la profusión de imágenes en las que la imaginación de los personajes se confunde con la realidad, la irrupción de sueños, la exposición de los hechos en un orden no cronológico. TEM siempre miró a la distancia ese libro con ironía, aunque recordaba con mucho afecto las críticas elogiosas que Augusto Roa Bastos le había dedicado.
Sagrado fue un comienzo, pero los escritores no empiezan sólo una vez. Tuvo, muchos años más tarde, otra primera novela, La novela de Perón (1985). Entre un libro y otro habían pasado muchas cosas: la participación de TEM como un protagonista decisivo de la modernización del periodismo argentino a partir de fines de los años sesenta (fue editor de Primera Plana y de La Opinión Cultural ); la aparición, en tiempos violentos, de La pasión según Trelew (1974), crónica de la masacre de miembros del ERP; el urgente exilio. Y luego los años vividos en Venezuela y Estados Unidos y el regreso. La reedición argentina de Lugar común la muerte (volumen de crónicas publicado originalmente en Caracas en 1979) y La novela de Perón lo ubicaron de pronto en el centro de la literatura argentina. La novela apareció por entregas, como una separata, en El Periodista , la revista que editaba Andrés Cascioli. Después se convirtió en un libro de tapas azules de Legasa, que dirigía entonces ese gran editor que es Jorge Lafforgue.
El momento final de la dictadura y los primeros años de la democracia fueron momentos de un excepcional fervor cultural. Aparecían nuevos medios, como El Periodista , Página 12 o El Porteño . La revista Fierro , dirigida por Juan Sasturain, se ocupaba de ubicar la historieta en un lugar de importancia en la cultura argentina y rescatar la obra de Héctor Germán Oesterheld (y la de sus dibujantes, Solano López y Alberto Breccia) como algo esencial de nuestra narrativa. El cine reencontraba a sus espectadores y Adolfo Aristarain, Fernando Ayala, María Luisa Bemberg, Luis Puenzo, Fernando Solanas, Héctor Olivera y Eliseo Subiela llenaban las salas, con películas como El exilio de Gardel , La historia oficial , Hombre mirando al sudeste o Camila . La extraordinaria Maratón de Ricardo Monti, con puesta de Jaime Kogan, cuyo idioma cifrado ya resonaba en tiempos de pleno Proceso, se convertía en un clásico de nuestro teatro. Libros que habían circulado casi secretos, como Nadie nada nunca , de Juan José Saer, y Respiración artificial, de Ricardo Piglia, ganaban nuevos lectores. Las obras de Griselda Gambaro, con sus metáforas de la opresión, volvían a ser representadas. Los lectores, después de ignorar largo tiempo nuestra literatura, buscaban recuperar el tiempo y las páginas perdidas. La editorial Bruguera publicaba a Juan Martini, a Tomás Eloy Martínez, a Humberto Costantini, a Osvaldo Soriano, a Antonio Di Benedetto. El Centro Editor de América Latina, afectado durante la dictadura por una gigantesca quema de libros, volvía a acercar a los lectores la obra de Andrés Rivera, Héctor Tizón y Daniel Moyano.
En ese clima de reencuentro de la literatura argentina con sus lectores apareció La novela de Perón , donde el autor utilizaba su habilidad y experiencia como periodista para crear, a partir de la violenta jornada de Ezeiza, un cuadro sombrío de nuestra historia. Ya desde sus primeras páginas asombraba la figura de ese Perón cansado, casi espectral, que volvía a la Argentina menos por voluntad de poder que para cumplir con un destino que él mismo no terminaba de comprender. Todos actuaban en su nombre, pero él no sabía el nombre de nadie, y el autor lo mostraba estrechando manos desconocidas, como si habitara un dilatado malentendido. El autor elegía para retratar a Perón la historia de su regreso interrumpida por algunos fogonazos de su juventud: así, los momentos clave de su vida política sólo llegaban a modo de profecía o nebuloso recuerdo. Como en Lugar común la muerte , TEM elegía la cercanía del fin como instrumento para narrar la historia. El maestro de ceremonias de la pesadilla era López Rega, cuyo hermetismo banal aparecía retratado con todo detalle. Al fin y al cabo los oficiantes del ocultismo y los novelistas trabajan de manera similar, buscando en la casualidad conspiración, en los detalles destinos y en la proliferación informe de la realidad un diseño secreto.
La mano del amo (1991) sirvió como paréntesis entre las dos novelas dedicadas al peronismo. Era una historia intimista, el relato de un cantor de voz perfecta que se ve hostigado por su madre, por sus gatos infinitos y por una casa que parece estar viva. El protagonista, Camargo, se llama igual que el periodista de El vuelo de la reina , a quien además se atribuye una novela llamada La mano del amo . Es la descripción de un mundo familiar contada con extrañeza, hasta el límite mismo de lo fantástico. El mundo familiar nunca aparece retratado como lugar de felicidad sino de opresión; también en sus novelas "políticas" las casas que aparecen siempre son sombrías, asfixiantes, silenciosas, como si guardaran luto por alguien muerto largo tiempo atrás.
En 1989 TEM inicia, luego de una depresión (al menos es lo que cuenta en el epílogo del libro), Santa Evita (1995) que completa La novela de Perón . Allí se cuentan las increíbles peripecias del cuerpo de Evita como si se tratara de la historia de una maldición. Todas las historias de maldiciones egipcias, con sus jeroglíficos premonitorios, sus momias escondidas y sus arqueólogos fulminados por males imprevistos, son nada comparados con el halo de locura y muerte que siguió al recorrido de este cuerpo. Mientras que en La novela de Perón los elementos mágicos aparecían del lado del peronismo, en Santa Evita los servicios secretos de la Revolución Libertadora despliegan unas fuerzas sobrenaturales que no tienen nada que envidiar a sus rivales. Siempre ha habido una pasión de los servidores del Estado por el secreto, las maniobras nocturnas, los códigos cifrados; pero aquí esa pasión abandona su precaria racionalidad y entra de lleno en un mundo regido por fuerzas oscuras. El camino que va de un código secreto al tablero ouija es muy corto.
Tomás Eloy Martínez había entrevistado largamente al mismo Perón durante su exilio en Madrid y había tratado de hacerlo hablar de Evita; pero siempre López Rega interrumpía la conversación para conducirla hacia Isabel Martínez, su mentora. Fue sólo luego de varios intentos fallidos que el periodista logró escapar del alucinado advenedizo para tener un momento a solas con Perón.
En la galería de los personajes de la novela sobresalen el médico español Pedro Ara, pulcro embalsamador, Pigmalión entregado con devoción sin límites a la simulación de vida que hay en su obra, y el coronel Moori Koenig, guardián del cuerpo, enamorado despechado, detective de ataúdes perdidos. La entrevista con la viuda del coronel es una escena sombría e inolvidable:
Me recibió vestida de negro, entre muebles que parecían enfermos de gravedad. Las lámparas daban una luz tan tenue que las ventanas se desvanecían, como si sólo sirvieran para mirar hacia dentro. Buenos Aires vive así, entre penumbras y cenizas. Tendida a orillas de un río solitario, la ciudad le ha vuelto las espaldas al agua y prefiere irse derramando sobre el aturdimiento de la pampa, donde el paisaje se copia así mismo, interminablemente.
Pero la devoción no alcanza sólo a estos personajes, sino también al mismo Rodolfo Walsh, que contó su propia búsqueda del cuerpo en el relato "Esa mujer", uno de los cuentos más contundentes de la literatura argentina. Cuando TEM encuentra en París al escritor, Walsh saca de su billetera (allí donde se suelen guardar las fotos de la familia) una foto del cadáver, el amarillento y gastado talismán que lo acompaña siempre.
El Coronel -dijo-. Tenía más de cien. Había fotos de Evita en toda la casa. Algunas eran impresionantes. Se la veía suspendida en el aire, sobre una sábana de seda, o en una urna de cristal, entre un marco de flores. El coronel pasaba las tardes contemplándolas. Cuando lo visité, no tenía casi otra ocupación que estudiar las fotos con una lupa y emborracharse.
-Podrías haberla publicado -le dije-. Te habrían pagado lo que hubieras querido.
-No- replicó. Vi que una rápida sonrisa lo atravesaba, como una nube-. Esa mujer no es mía.
Santa Evita tuvo un éxito extraordinario, pero pasaron varios años antes de que volviera a publicar una novela. Entre un libro y otro hay una página bellísima, perfecta pero terriblemente dolorosa: la columna "En memoria de Susana Rotker" [ver página 18], sobre la muerte de su esposa en un accidente de tránsito en Estados Unidos ocurrido en noviembre de 2000. Periodista especializada en cine y crítica literaria, Tomás Eloy Martinez la había conocido en 1979, cuando él era director de El Diario de Caracas.
En 2002 El vuelo de la reina , una obra de ficción que nada debía al peronismo, ganó el premio Alfaguara. La historia estaba inspirada en un caso real ocurrido en Brasil. El 20 de agosto del año 2000, Antonio Marcos Pimenta Neves, de 63 años, asesinó a balazos a Sandra Gomide, una joven periodista con la que había mantenido una relación de tres años. Pimenta Neves era director de O Estado de São Paulo , el segundo diario del Brasil. El vuelo de la reina no oculta su base documental: en sus páginas Camargo, el protagonista, escribe una nota sobre el crimen, en el que ve una premonición sobre su propio destino (la nota que escribe Camargo es muy similar a la que el mismo Tomás Eloy Martínez escribió para LA NACION cuando se conoció el asesinato). Tomás Eloy Martínez y Pimenta Neves se habían conocido fugazmente, años antes del crimen, en un restaurante japonés de San Pablo, donde habían encontrado una coincidencia: los dos habían comenzado en el periodismo como críticos de cine. La noche del cazador, la única, maravillosa película que filmó el actor Charles Laughton, tiene un lugar fundamental en la trama.
El mundo del periodismo aparece con frecuencia en las novelas, en parte porque muchos escritores son también periodistas, en parte porque la labor del periodista es ideal como mecanismo narrativo. Menos común es el retrato del mundo de las oficinas inaccesibles donde se toman las decisiones editoriales. Camargo pertenece a ese mundo. Como todos los personajes poderosos de Tomás Eloy Martínez, él también vive en una especie de mundo silencioso, inaccesible:
Entró en su oficina fingiendo que no oía los saludos. Cuando él llegaba no permitía que lo molestaran durante media hora, por lo menos. Había leído en un libro del general De Gaulle, El filo de la espada , que los grandes hombres, sin salvedad alguna, tienen siempre la facultad de retirarse dentro de ellos mismos.
Atraviesa la novela una fascinación por las repeticiones, como si la realidad tuviera una regla secreta en la que todo sucede más de una vez de un modo oblicuo o escondido. La historia de Camargo repite la de Pimenta Neves, mientras que la víctima, Reina, está fascinada con una leyenda que atribuye a Jesús un hermano gemelo: Simón. Ése es el doble de Jesús, y, al igual que él, predica su mensaje y es considerado enemigo de Roma y crucificado: pero lo que en Jesús es inspiración divina, en Simón es magia o fraude.
Este interés lateral, casi susurrado, por la literatura fantástica reaparece en El cantor de tango (2004) y en Purgatorio (2008). La primera cuenta la búsqueda que emprende un becario norteamericano de un mítico cantor del que no existen grabaciones, y que se presenta de improviso en distintos lugares de la ciudad. La búsqueda es excusa para mostrar una Buenos Aires que esconde, bajo los escombros de la crisis, un mapa secreto. La obsesión por los mapas (que se repite en todas sus novelas y en su fascinación por el cuento de Borges "La muerte y la brújula") reaparece en Purgatorio , historia de una mujer que cree reencontrar a su marido, un cartógrafo desaparecido en los años de la represión. Pero lo encuentra con la misma apariencia de la juventud. El mecanismo de la extrañeza tiene menos relación con la tradición fantástica argentina que con la búsqueda por encontrar, en el mismo mundo, los mecanismos insólitos que rigen nuestra memoria. En los sueños, y a veces también en los recuerdos, todo es un presente perpetuo, donde los calendarios se borran y los relojes se apagan.
Más allá de las virtudes de sus otros libros, La novela de Perón y Santa Evita son las novelas fundamentales de TEM, dos piezas bien diferentes de una misma obra compleja e inagotable. Aunque muy diferentes entre sí, las dos tienen el mismo equilibrio entre el archivo innumerable y ese otro archivo, ignorante del orden alfabético, que es la imaginación. Pero creo que habría que agregar a lo más perdurable de su obra Lugar común la muerte , libro siempre abierto y cambiante que fue recibiendo, en reediciones sucesivas, nuevos agregados: Manuel Puig, José Bianco, Lezama Lima, Roa Bastos. Las páginas dedicadas al uruguayo Felisberto Hernández y a su final, con ese ataúd tan grande que debe salir por la ventana, son inolvidables. Como en La novela de Perón y en Santa Evita , Tomás Eloy Martínez elige el crepúsculo para retratar a sus personajes. A sus héroes ya no los incomodan las infinitas posibilidades que son inherentes a la vida y sólo se reflejan en el espejo de lo definitivo. Lo que estaba escrito a lápiz ha sido pasado a tinta.
Hay un célebre cuento de Henry James, "La figura en el tapiz", en el que un crítico dilapida su vida para llegar a encontrar la forma secreta que esconde la obra de un escritor al que admira. Es una perfecta metáfora de un modo de leer: buscar debajo de lo múltiple y visible hasta encontrar lo único y secreto. Pero quisiera oponer a ese tapiz, otro, más grande, que es en realidad un gran decorado. En enero de 2006, en el suplemente literario de LA NACION, Hugo Beccacece escribió una espléndida nota sobre Arturo Jacinto Álvarez, escritor y editor pero por sobre todo excéntrico (que es una vocación tal vez más profunda que las otras). Aquella nota se abría con la imagen de Arturo Álvarez contemplando en 1951, en medio del campo, el inmenso telón que pintó Picasso en 1917 para los Ballets Russes y que entonces era suyo. Extendía la tela sobre el pasto y movía su silla para ir contemplándolo por parcelas sucesivas. La obra de Tomás Eloy Martínez, por su complejidad y belleza, acepta las dos lecturas, los dos tapices....
Borges aborrecía a Hemingway de una manera sospechosa. Sentía, en principio, que era su antítesis: un hombre pacífico encerrado en bibliotecas contra un salvaje peregrino del mundo. Hemingway no tuvo tiempo ni siquiera de devolverle gentilezas puesto que cuando el autor de El viejo y el mar era una megaestrella de la literatura mundial y estaba a punto de volarse la cabeza de un tiro, Borges todavía no había sido canonizado en Europa por Roger Caillois.
Resulta, sin embargo, conmovedor que ambos contendientes tuvieran al menos dos coincidencias notables. Una era la fascinación por el culto del coraje. La otra era el temor al contagio de ese virus letal llamado periodismo. En este último punto, Borges y Hemingway pensaban igual: para cualquier escritor el periodismo era un buen oficio siempre y cuando fuera capaz de dejarlo a tiempo, lo que significa no traspasar jamás la línea de los 40 años. Los múltiples interlocutores de ambos jamás ahondaron en esta recomendación, pero yo siempre me he imaginado las razones profundas. Tal vez porque me incumbían de un modo personal.
El periodista escribe con suma conciencia de su público, anhela muchísimos lectores, utiliza códigos precisos y conscientes, le pega con efecto a la pelota. El periodista está más cerca de ser un guerrero de la palabra que un sacerdote de las letras. Es más un artesano, un profesional de la narración, que un artista. Esos supuestos "vicios" del periodismo pueden, para la academia, contaminar la literatura de ficción, que precisa de una independencia y de un puritanismo a prueba de trucos, calle y lectores.
Luego vino el Nuevo Periodismo, Tom Wolfe ordenó las teorías de la non fiction , Capote escribió A sangre fría , Mailer le respondió con La canción del verdugo , Guy Talese deslumbró desde Esquire y la crónica novelada llegó a cumbres excelsas en The New Yorker . Sin embargo, con todo ese viento a favor (la caída en desgracia de la novela decimonónica y la exaltación de los híbridos, la prédica del Instituto de Gabriel García Márquez y la praxis de la revista Etiqueta Negra) ; con Kapuscinski, Walsh, Villoro y Caparrós, todavía el periodismo sigue siendo en ciertos cenáculos literarios una materia contaminante y perjudicial. Lo es incluso después de haber demostrado sobradamente que puede convertirse en una de las bellas artes, y a pesar también de que la novela verídica -acaso el gran género de estos tiempos- está llena de frutos nobles. El periodismo sigue siendo, para muchos críticos, una enfermedad contagiosa que desvirtúa la mirada del "verdadero" escritor de ficciones. No es raro que Borges y Hemingway pensaran de ese modo hace décadas, lo raro es que algunos de sus descendientes hayan comprado esa idea y la hayan convertido en un dogma permanente.
Algo de esa incomprensión explica precisamente la indiferencia con que cierta crítica literaria ha recibido en nuestro país la obra de Tomás Eloy Martínez durante los últimos treinta años. Tomás no sólo es el padre moderno de la crónica en la Argentina (Walsh es el pionero), sino que además se atrevió a avanzar sobre la ficción llevando consigo los materiales periodísticos para moldearlos, a la manera en que Puig moldeó su otra gran pasión: el cine. Martínez eludió así el mandato borgeano y los prejuicios de Hemingway, e inundó de periodismo la novela. Y de novela al periodismo. Lo vemos claramente en La pasión según Trelew y sobre todo en Lugar común la muerte , textos que ya tienen asegurado un lugar en la Gran Biblioteca del Periodismo Narrativo. Y luego lo verificamos en La novela de Perón y en Santa Evita , donde la historia y el periodismo se amalgaman con la imaginación. Allí Tomás reflejó, como nadie, los mitos esenciales del peronismo, y creó con documentos, recortes, testimonios, chismes e imaginación personajes ficcionales más verdaderos que los auténticos. Su Perón es distinto y a la vez más verdadero que el real. La Evita de Tomás está llena de matices fantasmagóricos y posee una voz íntima reveladora que no tuvo. Lopecito y Moori Koenig son criaturas de ficción que le pertenecen: Martínez se apropió de ellas para siempre por el simple método de volverlas inolvidables. No es posible pensar en López Rega y en el coronel que secuestró el cadáver de Eva Perón sin pensar en lo que Tomás esculpió con la arcilla de la investigación y el vuelo de su prosa poética.
Esta operación literaria se consiguió llevando hasta las últimas consecuencias lo que Walsh había prefigurado en su pequeño gran relato "Esa mujer", otro texto inclasificable, mezcla de cuento de ficción con reportaje frustrado. "Esa mujer" es al género que inventó Tomás Eloy Martínez lo que "La carta robada" de Poe y "Los asesinos" de Hemingway fueron, respectivamente, al policial de enigma y a la novela negra.
Muere Tomás Eloy sin haber podido escribir un libro que soñaba desde hacía tiempo. Un ensayo acerca del oficio de narrar, que postulaba algo subversivo: "El periodismo y la literatura de ficción son para mí lo mismo", me dijo cuando estaba cerca del final.
Afortunadamente, muchas de sus reflexiones sobre el particular (Tomás mismo era un crítico agudo y un periodista cultural relevante) quedaron inmortalizadas en una antología que publicó hace cuatro años el Fondo de Cultura Económica. Hay que prestarle atención a ese libro que pasó inadvertido por el gran público, puesto que allí se encuentra la esencia y teoría de su arte.
El libro se titula, significativamente, La otra realidad . Y allí escribe: "Corregir la realidad, transfigurarla, disentir de la realidad, ya ha sido siempre uno de los deseos centrales del narrador". También califica como "ficciones verdaderas" el género de los deslizamientos que él mismo ha practicado y cuya tradición detecta en la historia de los libros. Y admite: "Escribo para explorar los límites entre lo real y lo ficticio".
Su prologuista fue Cristine Mattos, una doctora en Lengua Española y Literatura Hispanoamericana de la Universidad de San Pablo, quien confiesa que la primera seducción de los textos de Martínez es esa frontera con lo real: "En sus novelas, la imprecisión de los límites entre la ficción y la historia; en sus textos de prensa, un proceso de creación narrativa que se funde con el periodismo". Mattos asegura que han fallado los esfuerzos críticos por encajar a Martínez en los parámetros consagrados o en los géneros tradicionales. Sus textos contienen "demasiada ficción para los bordes que definen las novelas históricas, las composiciones biográficas o el llamado nuevo periodismo. Por otra parte, están cuajados de hechos que impiden definirlos como simple ficción y ubicarlos bajo algunas de las etiquetas asociadas a ella". Tomás trabajaba en esa "otra realidad". Hacía realismo virtual y no sólo lo hacía en sus novelas sino a veces en sus artículos, poniendo en discusión de algún modo el contrato de lectura y el sentido de verdad objetiva.
Esa "poética de la incertidumbre", como la define Mattos, es el sello por el cual Martínez quedará en la historia de la literatura argentina. Cuando se alejó de esa estética, cuando hizo novela pura y dura, cuando trató de quitarse la contaminación periodística, no alcanzó las alturas que había logrado y que siguió logrando con sus incursiones en la prensa escrita. Su Obra Periodística, cuando se compile, demostrará la real dimensión de su trabajo. Su intervención creativa es, efectivamente, inimitable y perturbadora, va mucho más allá de escribir crónicas periodísticas con los artificios del cuentista. Reflexiona el crítico Pablo Gianera: "De algún modo Tomás invirtió la preceptiva de la novela tradicional: en lugar de volver verosímil (´realista´) lo imaginado, consiguió muchas veces que lo real pareciera efecto de la imaginación".
En La otra realidad hay algunas muestras de su talento. Allí está, como en un volver a vivir, el comienzo de un artículo publicado en Caracas: "Alguna vez sugerí que Macedonio Fernández no existió nunca, y que sus fotos corresponden a las de un viejecito que se divertía imitándolo. Ciertas personas que llegaron a conocerlo estuvieron de acuerdo conmigo. Macedonio era un personaje visible pero improbable". O aquel comienzo antológico: "Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían disipado ya las atroces punzadas en el vientre y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar". O la prosa suntuosa y elegante de aquel otro capítulo inicial: "Una vez más, el general Juan Perón soñó que caminaba hasta la entrada del Polo Sur y que una jauría de mujeres no lo dejaba pasar".
Lo conocí personalmente hace ya muchos años, cultivamos una amistad signada por largas conversaciones sobre literatura, en las que nos contábamos los libros que estábamos escribiendo y Tomás no se privaba nunca de darme lúcidos y cariñosos consejos. Una vez, tomando algo en el Café Roma, le pregunté si no abandonaría Estados Unidos para ponerse al frente de una revista cultural. Ya era un escritor reconocido en muchas partes del mundo, un prócer que se codeaba con García Márquez, Fuentes, Auster, DeLillo. Pensé que me sacaría carpiendo. Pero a cambio de eso comenzó a fantasear con volver al ruedo. Hacer lo que había hecho en Primera Plana , en Página/12 y en tantos otros medios de aquí y de América latina. Regresar a una redacción, poner en marcha un proyecto. Luego en Europa, su amigo José Claudio Escribano completó el juego de pinzas y Tomás repentinamente aceptó.
Desde ese momento hablábamos a diario, y yo iba diseñando el negocio y los números cero desde Buenos Aires, esperando que se mudara. Lo hizo mientras comenzaba a luchar contra el tumor cerebral que le habían detectado. Encaró esa batalla médica con un optimismo sobrenatural mientras seguía con sus libros, con sus conferencias y con la génesis de adncultura. Somos periodistas de diferentes generaciones y tuvimos, como no podía ser de otra manera, muchas discusiones, aunque nunca pudimos dejar de querernos. Se apartó para volverse un consejero externo y para seguir escribiendo su novela Purgatorio . La quimioterapia le quitaba fuerzas y comenzaba a tener un dramático sentido del tiempo.
Me llamó hace unas semanas para despedirse. Tomamos el té en su casa de Buenos Aires y simulamos que volveríamos a vernos. No pude dejar de pensar en Tomás ni un solo día desde aquél en el que lo vi definitivamente vencido, allí donde alguna vez estaremos todos. Y aun así peleando para ponerle el punto final a una novela inédita sobre el Olimpo.
Este editorial tenía por misión demostrar por qué su literatura no morirá a pesar de que nada contra la corriente de los cenáculos y los prejuicios de la contaminación periodística. Y esta edición especial lleva como propósito aunar notas de escritores y periodistas que lo conocieron y lo han leído apasionadamente, con textos antológicos del propio Tomás Eloy Martínez.
Nos enseñó a todos mucho. Muchísimo. Lo vamos a extrañar.
Y perdón por el lugar común. Perdón por la tristeza.
© LA NACION
esto es lo que pienso mientras plasmo otros recuerdos legítimos sin olvidar que nunca un hombre debe renegar de lo que en otra dimensión acepta, con unos años encima uno ha visto a demasiado "progresista" para los demás a los que que quiere pobres mientras arma su doctrina y en algunos casos la de sus pares en confortables ciudades...
de todas formas y otra vez gracias eloy por lo que valió la pena
La separación entre la obra literaria y la periodística de un autor siempre es artificial, y más aún en el caso de Tomás Eloy Martínez, que hizo de las rimas y correspondencias entre ambos mundos (que son uno solo) el eje de su obra y la fuente de su encanto. En las líneas que siguen nos ocuparemos sólo de sus novelas, olvidando sus extraordinarios libros periodísticos. Al fin y al cabo eso es la novela: el arte de olvidar que existe otro modo de contar las cosas.
Su primera narración fue Sagrado (1969), que en su cuidadosa elaboración de los recuerdos, en su trabajo con el lenguaje, pertenecía menos a la tradición argentina que a la del barroco latinoamericano representado por Lezama Lima, cuyo juego consistía en hacer del pasado una penumbra hecha de palabras. Y sin embargo, aunque parezca más fiel a su época que al futuro de su autor, ciertos rasgos de la escritura experimental no lo abandonaron: el discurso indirecto libre, la profusión de imágenes en las que la imaginación de los personajes se confunde con la realidad, la irrupción de sueños, la exposición de los hechos en un orden no cronológico. TEM siempre miró a la distancia ese libro con ironía, aunque recordaba con mucho afecto las críticas elogiosas que Augusto Roa Bastos le había dedicado.
Sagrado fue un comienzo, pero los escritores no empiezan sólo una vez. Tuvo, muchos años más tarde, otra primera novela, La novela de Perón (1985). Entre un libro y otro habían pasado muchas cosas: la participación de TEM como un protagonista decisivo de la modernización del periodismo argentino a partir de fines de los años sesenta (fue editor de Primera Plana y de La Opinión Cultural ); la aparición, en tiempos violentos, de La pasión según Trelew (1974), crónica de la masacre de miembros del ERP; el urgente exilio. Y luego los años vividos en Venezuela y Estados Unidos y el regreso. La reedición argentina de Lugar común la muerte (volumen de crónicas publicado originalmente en Caracas en 1979) y La novela de Perón lo ubicaron de pronto en el centro de la literatura argentina. La novela apareció por entregas, como una separata, en El Periodista , la revista que editaba Andrés Cascioli. Después se convirtió en un libro de tapas azules de Legasa, que dirigía entonces ese gran editor que es Jorge Lafforgue.
El momento final de la dictadura y los primeros años de la democracia fueron momentos de un excepcional fervor cultural. Aparecían nuevos medios, como El Periodista , Página 12 o El Porteño . La revista Fierro , dirigida por Juan Sasturain, se ocupaba de ubicar la historieta en un lugar de importancia en la cultura argentina y rescatar la obra de Héctor Germán Oesterheld (y la de sus dibujantes, Solano López y Alberto Breccia) como algo esencial de nuestra narrativa. El cine reencontraba a sus espectadores y Adolfo Aristarain, Fernando Ayala, María Luisa Bemberg, Luis Puenzo, Fernando Solanas, Héctor Olivera y Eliseo Subiela llenaban las salas, con películas como El exilio de Gardel , La historia oficial , Hombre mirando al sudeste o Camila . La extraordinaria Maratón de Ricardo Monti, con puesta de Jaime Kogan, cuyo idioma cifrado ya resonaba en tiempos de pleno Proceso, se convertía en un clásico de nuestro teatro. Libros que habían circulado casi secretos, como Nadie nada nunca , de Juan José Saer, y Respiración artificial, de Ricardo Piglia, ganaban nuevos lectores. Las obras de Griselda Gambaro, con sus metáforas de la opresión, volvían a ser representadas. Los lectores, después de ignorar largo tiempo nuestra literatura, buscaban recuperar el tiempo y las páginas perdidas. La editorial Bruguera publicaba a Juan Martini, a Tomás Eloy Martínez, a Humberto Costantini, a Osvaldo Soriano, a Antonio Di Benedetto. El Centro Editor de América Latina, afectado durante la dictadura por una gigantesca quema de libros, volvía a acercar a los lectores la obra de Andrés Rivera, Héctor Tizón y Daniel Moyano.
En ese clima de reencuentro de la literatura argentina con sus lectores apareció La novela de Perón , donde el autor utilizaba su habilidad y experiencia como periodista para crear, a partir de la violenta jornada de Ezeiza, un cuadro sombrío de nuestra historia. Ya desde sus primeras páginas asombraba la figura de ese Perón cansado, casi espectral, que volvía a la Argentina menos por voluntad de poder que para cumplir con un destino que él mismo no terminaba de comprender. Todos actuaban en su nombre, pero él no sabía el nombre de nadie, y el autor lo mostraba estrechando manos desconocidas, como si habitara un dilatado malentendido. El autor elegía para retratar a Perón la historia de su regreso interrumpida por algunos fogonazos de su juventud: así, los momentos clave de su vida política sólo llegaban a modo de profecía o nebuloso recuerdo. Como en Lugar común la muerte , TEM elegía la cercanía del fin como instrumento para narrar la historia. El maestro de ceremonias de la pesadilla era López Rega, cuyo hermetismo banal aparecía retratado con todo detalle. Al fin y al cabo los oficiantes del ocultismo y los novelistas trabajan de manera similar, buscando en la casualidad conspiración, en los detalles destinos y en la proliferación informe de la realidad un diseño secreto.
La mano del amo (1991) sirvió como paréntesis entre las dos novelas dedicadas al peronismo. Era una historia intimista, el relato de un cantor de voz perfecta que se ve hostigado por su madre, por sus gatos infinitos y por una casa que parece estar viva. El protagonista, Camargo, se llama igual que el periodista de El vuelo de la reina , a quien además se atribuye una novela llamada La mano del amo . Es la descripción de un mundo familiar contada con extrañeza, hasta el límite mismo de lo fantástico. El mundo familiar nunca aparece retratado como lugar de felicidad sino de opresión; también en sus novelas "políticas" las casas que aparecen siempre son sombrías, asfixiantes, silenciosas, como si guardaran luto por alguien muerto largo tiempo atrás.
En 1989 TEM inicia, luego de una depresión (al menos es lo que cuenta en el epílogo del libro), Santa Evita (1995) que completa La novela de Perón . Allí se cuentan las increíbles peripecias del cuerpo de Evita como si se tratara de la historia de una maldición. Todas las historias de maldiciones egipcias, con sus jeroglíficos premonitorios, sus momias escondidas y sus arqueólogos fulminados por males imprevistos, son nada comparados con el halo de locura y muerte que siguió al recorrido de este cuerpo. Mientras que en La novela de Perón los elementos mágicos aparecían del lado del peronismo, en Santa Evita los servicios secretos de la Revolución Libertadora despliegan unas fuerzas sobrenaturales que no tienen nada que envidiar a sus rivales. Siempre ha habido una pasión de los servidores del Estado por el secreto, las maniobras nocturnas, los códigos cifrados; pero aquí esa pasión abandona su precaria racionalidad y entra de lleno en un mundo regido por fuerzas oscuras. El camino que va de un código secreto al tablero ouija es muy corto.
Tomás Eloy Martínez había entrevistado largamente al mismo Perón durante su exilio en Madrid y había tratado de hacerlo hablar de Evita; pero siempre López Rega interrumpía la conversación para conducirla hacia Isabel Martínez, su mentora. Fue sólo luego de varios intentos fallidos que el periodista logró escapar del alucinado advenedizo para tener un momento a solas con Perón.
En la galería de los personajes de la novela sobresalen el médico español Pedro Ara, pulcro embalsamador, Pigmalión entregado con devoción sin límites a la simulación de vida que hay en su obra, y el coronel Moori Koenig, guardián del cuerpo, enamorado despechado, detective de ataúdes perdidos. La entrevista con la viuda del coronel es una escena sombría e inolvidable:
Me recibió vestida de negro, entre muebles que parecían enfermos de gravedad. Las lámparas daban una luz tan tenue que las ventanas se desvanecían, como si sólo sirvieran para mirar hacia dentro. Buenos Aires vive así, entre penumbras y cenizas. Tendida a orillas de un río solitario, la ciudad le ha vuelto las espaldas al agua y prefiere irse derramando sobre el aturdimiento de la pampa, donde el paisaje se copia así mismo, interminablemente.
Pero la devoción no alcanza sólo a estos personajes, sino también al mismo Rodolfo Walsh, que contó su propia búsqueda del cuerpo en el relato "Esa mujer", uno de los cuentos más contundentes de la literatura argentina. Cuando TEM encuentra en París al escritor, Walsh saca de su billetera (allí donde se suelen guardar las fotos de la familia) una foto del cadáver, el amarillento y gastado talismán que lo acompaña siempre.
El Coronel -dijo-. Tenía más de cien. Había fotos de Evita en toda la casa. Algunas eran impresionantes. Se la veía suspendida en el aire, sobre una sábana de seda, o en una urna de cristal, entre un marco de flores. El coronel pasaba las tardes contemplándolas. Cuando lo visité, no tenía casi otra ocupación que estudiar las fotos con una lupa y emborracharse.
-Podrías haberla publicado -le dije-. Te habrían pagado lo que hubieras querido.
-No- replicó. Vi que una rápida sonrisa lo atravesaba, como una nube-. Esa mujer no es mía.
Santa Evita tuvo un éxito extraordinario, pero pasaron varios años antes de que volviera a publicar una novela. Entre un libro y otro hay una página bellísima, perfecta pero terriblemente dolorosa: la columna "En memoria de Susana Rotker" [ver página 18], sobre la muerte de su esposa en un accidente de tránsito en Estados Unidos ocurrido en noviembre de 2000. Periodista especializada en cine y crítica literaria, Tomás Eloy Martinez la había conocido en 1979, cuando él era director de El Diario de Caracas.
En 2002 El vuelo de la reina , una obra de ficción que nada debía al peronismo, ganó el premio Alfaguara. La historia estaba inspirada en un caso real ocurrido en Brasil. El 20 de agosto del año 2000, Antonio Marcos Pimenta Neves, de 63 años, asesinó a balazos a Sandra Gomide, una joven periodista con la que había mantenido una relación de tres años. Pimenta Neves era director de O Estado de São Paulo , el segundo diario del Brasil. El vuelo de la reina no oculta su base documental: en sus páginas Camargo, el protagonista, escribe una nota sobre el crimen, en el que ve una premonición sobre su propio destino (la nota que escribe Camargo es muy similar a la que el mismo Tomás Eloy Martínez escribió para LA NACION cuando se conoció el asesinato). Tomás Eloy Martínez y Pimenta Neves se habían conocido fugazmente, años antes del crimen, en un restaurante japonés de San Pablo, donde habían encontrado una coincidencia: los dos habían comenzado en el periodismo como críticos de cine. La noche del cazador, la única, maravillosa película que filmó el actor Charles Laughton, tiene un lugar fundamental en la trama.
El mundo del periodismo aparece con frecuencia en las novelas, en parte porque muchos escritores son también periodistas, en parte porque la labor del periodista es ideal como mecanismo narrativo. Menos común es el retrato del mundo de las oficinas inaccesibles donde se toman las decisiones editoriales. Camargo pertenece a ese mundo. Como todos los personajes poderosos de Tomás Eloy Martínez, él también vive en una especie de mundo silencioso, inaccesible:
Entró en su oficina fingiendo que no oía los saludos. Cuando él llegaba no permitía que lo molestaran durante media hora, por lo menos. Había leído en un libro del general De Gaulle, El filo de la espada , que los grandes hombres, sin salvedad alguna, tienen siempre la facultad de retirarse dentro de ellos mismos.
Atraviesa la novela una fascinación por las repeticiones, como si la realidad tuviera una regla secreta en la que todo sucede más de una vez de un modo oblicuo o escondido. La historia de Camargo repite la de Pimenta Neves, mientras que la víctima, Reina, está fascinada con una leyenda que atribuye a Jesús un hermano gemelo: Simón. Ése es el doble de Jesús, y, al igual que él, predica su mensaje y es considerado enemigo de Roma y crucificado: pero lo que en Jesús es inspiración divina, en Simón es magia o fraude.
Este interés lateral, casi susurrado, por la literatura fantástica reaparece en El cantor de tango (2004) y en Purgatorio (2008). La primera cuenta la búsqueda que emprende un becario norteamericano de un mítico cantor del que no existen grabaciones, y que se presenta de improviso en distintos lugares de la ciudad. La búsqueda es excusa para mostrar una Buenos Aires que esconde, bajo los escombros de la crisis, un mapa secreto. La obsesión por los mapas (que se repite en todas sus novelas y en su fascinación por el cuento de Borges "La muerte y la brújula") reaparece en Purgatorio , historia de una mujer que cree reencontrar a su marido, un cartógrafo desaparecido en los años de la represión. Pero lo encuentra con la misma apariencia de la juventud. El mecanismo de la extrañeza tiene menos relación con la tradición fantástica argentina que con la búsqueda por encontrar, en el mismo mundo, los mecanismos insólitos que rigen nuestra memoria. En los sueños, y a veces también en los recuerdos, todo es un presente perpetuo, donde los calendarios se borran y los relojes se apagan.
Más allá de las virtudes de sus otros libros, La novela de Perón y Santa Evita son las novelas fundamentales de TEM, dos piezas bien diferentes de una misma obra compleja e inagotable. Aunque muy diferentes entre sí, las dos tienen el mismo equilibrio entre el archivo innumerable y ese otro archivo, ignorante del orden alfabético, que es la imaginación. Pero creo que habría que agregar a lo más perdurable de su obra Lugar común la muerte , libro siempre abierto y cambiante que fue recibiendo, en reediciones sucesivas, nuevos agregados: Manuel Puig, José Bianco, Lezama Lima, Roa Bastos. Las páginas dedicadas al uruguayo Felisberto Hernández y a su final, con ese ataúd tan grande que debe salir por la ventana, son inolvidables. Como en La novela de Perón y en Santa Evita , Tomás Eloy Martínez elige el crepúsculo para retratar a sus personajes. A sus héroes ya no los incomodan las infinitas posibilidades que son inherentes a la vida y sólo se reflejan en el espejo de lo definitivo. Lo que estaba escrito a lápiz ha sido pasado a tinta.
Hay un célebre cuento de Henry James, "La figura en el tapiz", en el que un crítico dilapida su vida para llegar a encontrar la forma secreta que esconde la obra de un escritor al que admira. Es una perfecta metáfora de un modo de leer: buscar debajo de lo múltiple y visible hasta encontrar lo único y secreto. Pero quisiera oponer a ese tapiz, otro, más grande, que es en realidad un gran decorado. En enero de 2006, en el suplemente literario de LA NACION, Hugo Beccacece escribió una espléndida nota sobre Arturo Jacinto Álvarez, escritor y editor pero por sobre todo excéntrico (que es una vocación tal vez más profunda que las otras). Aquella nota se abría con la imagen de Arturo Álvarez contemplando en 1951, en medio del campo, el inmenso telón que pintó Picasso en 1917 para los Ballets Russes y que entonces era suyo. Extendía la tela sobre el pasto y movía su silla para ir contemplándolo por parcelas sucesivas. La obra de Tomás Eloy Martínez, por su complejidad y belleza, acepta las dos lecturas, los dos tapices....
Borges aborrecía a Hemingway de una manera sospechosa. Sentía, en principio, que era su antítesis: un hombre pacífico encerrado en bibliotecas contra un salvaje peregrino del mundo. Hemingway no tuvo tiempo ni siquiera de devolverle gentilezas puesto que cuando el autor de El viejo y el mar era una megaestrella de la literatura mundial y estaba a punto de volarse la cabeza de un tiro, Borges todavía no había sido canonizado en Europa por Roger Caillois.
Resulta, sin embargo, conmovedor que ambos contendientes tuvieran al menos dos coincidencias notables. Una era la fascinación por el culto del coraje. La otra era el temor al contagio de ese virus letal llamado periodismo. En este último punto, Borges y Hemingway pensaban igual: para cualquier escritor el periodismo era un buen oficio siempre y cuando fuera capaz de dejarlo a tiempo, lo que significa no traspasar jamás la línea de los 40 años. Los múltiples interlocutores de ambos jamás ahondaron en esta recomendación, pero yo siempre me he imaginado las razones profundas. Tal vez porque me incumbían de un modo personal.
El periodista escribe con suma conciencia de su público, anhela muchísimos lectores, utiliza códigos precisos y conscientes, le pega con efecto a la pelota. El periodista está más cerca de ser un guerrero de la palabra que un sacerdote de las letras. Es más un artesano, un profesional de la narración, que un artista. Esos supuestos "vicios" del periodismo pueden, para la academia, contaminar la literatura de ficción, que precisa de una independencia y de un puritanismo a prueba de trucos, calle y lectores.
Luego vino el Nuevo Periodismo, Tom Wolfe ordenó las teorías de la non fiction , Capote escribió A sangre fría , Mailer le respondió con La canción del verdugo , Guy Talese deslumbró desde Esquire y la crónica novelada llegó a cumbres excelsas en The New Yorker . Sin embargo, con todo ese viento a favor (la caída en desgracia de la novela decimonónica y la exaltación de los híbridos, la prédica del Instituto de Gabriel García Márquez y la praxis de la revista Etiqueta Negra) ; con Kapuscinski, Walsh, Villoro y Caparrós, todavía el periodismo sigue siendo en ciertos cenáculos literarios una materia contaminante y perjudicial. Lo es incluso después de haber demostrado sobradamente que puede convertirse en una de las bellas artes, y a pesar también de que la novela verídica -acaso el gran género de estos tiempos- está llena de frutos nobles. El periodismo sigue siendo, para muchos críticos, una enfermedad contagiosa que desvirtúa la mirada del "verdadero" escritor de ficciones. No es raro que Borges y Hemingway pensaran de ese modo hace décadas, lo raro es que algunos de sus descendientes hayan comprado esa idea y la hayan convertido en un dogma permanente.
Algo de esa incomprensión explica precisamente la indiferencia con que cierta crítica literaria ha recibido en nuestro país la obra de Tomás Eloy Martínez durante los últimos treinta años. Tomás no sólo es el padre moderno de la crónica en la Argentina (Walsh es el pionero), sino que además se atrevió a avanzar sobre la ficción llevando consigo los materiales periodísticos para moldearlos, a la manera en que Puig moldeó su otra gran pasión: el cine. Martínez eludió así el mandato borgeano y los prejuicios de Hemingway, e inundó de periodismo la novela. Y de novela al periodismo. Lo vemos claramente en La pasión según Trelew y sobre todo en Lugar común la muerte , textos que ya tienen asegurado un lugar en la Gran Biblioteca del Periodismo Narrativo. Y luego lo verificamos en La novela de Perón y en Santa Evita , donde la historia y el periodismo se amalgaman con la imaginación. Allí Tomás reflejó, como nadie, los mitos esenciales del peronismo, y creó con documentos, recortes, testimonios, chismes e imaginación personajes ficcionales más verdaderos que los auténticos. Su Perón es distinto y a la vez más verdadero que el real. La Evita de Tomás está llena de matices fantasmagóricos y posee una voz íntima reveladora que no tuvo. Lopecito y Moori Koenig son criaturas de ficción que le pertenecen: Martínez se apropió de ellas para siempre por el simple método de volverlas inolvidables. No es posible pensar en López Rega y en el coronel que secuestró el cadáver de Eva Perón sin pensar en lo que Tomás esculpió con la arcilla de la investigación y el vuelo de su prosa poética.
Esta operación literaria se consiguió llevando hasta las últimas consecuencias lo que Walsh había prefigurado en su pequeño gran relato "Esa mujer", otro texto inclasificable, mezcla de cuento de ficción con reportaje frustrado. "Esa mujer" es al género que inventó Tomás Eloy Martínez lo que "La carta robada" de Poe y "Los asesinos" de Hemingway fueron, respectivamente, al policial de enigma y a la novela negra.
Muere Tomás Eloy sin haber podido escribir un libro que soñaba desde hacía tiempo. Un ensayo acerca del oficio de narrar, que postulaba algo subversivo: "El periodismo y la literatura de ficción son para mí lo mismo", me dijo cuando estaba cerca del final.
Afortunadamente, muchas de sus reflexiones sobre el particular (Tomás mismo era un crítico agudo y un periodista cultural relevante) quedaron inmortalizadas en una antología que publicó hace cuatro años el Fondo de Cultura Económica. Hay que prestarle atención a ese libro que pasó inadvertido por el gran público, puesto que allí se encuentra la esencia y teoría de su arte.
El libro se titula, significativamente, La otra realidad . Y allí escribe: "Corregir la realidad, transfigurarla, disentir de la realidad, ya ha sido siempre uno de los deseos centrales del narrador". También califica como "ficciones verdaderas" el género de los deslizamientos que él mismo ha practicado y cuya tradición detecta en la historia de los libros. Y admite: "Escribo para explorar los límites entre lo real y lo ficticio".
Su prologuista fue Cristine Mattos, una doctora en Lengua Española y Literatura Hispanoamericana de la Universidad de San Pablo, quien confiesa que la primera seducción de los textos de Martínez es esa frontera con lo real: "En sus novelas, la imprecisión de los límites entre la ficción y la historia; en sus textos de prensa, un proceso de creación narrativa que se funde con el periodismo". Mattos asegura que han fallado los esfuerzos críticos por encajar a Martínez en los parámetros consagrados o en los géneros tradicionales. Sus textos contienen "demasiada ficción para los bordes que definen las novelas históricas, las composiciones biográficas o el llamado nuevo periodismo. Por otra parte, están cuajados de hechos que impiden definirlos como simple ficción y ubicarlos bajo algunas de las etiquetas asociadas a ella". Tomás trabajaba en esa "otra realidad". Hacía realismo virtual y no sólo lo hacía en sus novelas sino a veces en sus artículos, poniendo en discusión de algún modo el contrato de lectura y el sentido de verdad objetiva.
Esa "poética de la incertidumbre", como la define Mattos, es el sello por el cual Martínez quedará en la historia de la literatura argentina. Cuando se alejó de esa estética, cuando hizo novela pura y dura, cuando trató de quitarse la contaminación periodística, no alcanzó las alturas que había logrado y que siguió logrando con sus incursiones en la prensa escrita. Su Obra Periodística, cuando se compile, demostrará la real dimensión de su trabajo. Su intervención creativa es, efectivamente, inimitable y perturbadora, va mucho más allá de escribir crónicas periodísticas con los artificios del cuentista. Reflexiona el crítico Pablo Gianera: "De algún modo Tomás invirtió la preceptiva de la novela tradicional: en lugar de volver verosímil (´realista´) lo imaginado, consiguió muchas veces que lo real pareciera efecto de la imaginación".
En La otra realidad hay algunas muestras de su talento. Allí está, como en un volver a vivir, el comienzo de un artículo publicado en Caracas: "Alguna vez sugerí que Macedonio Fernández no existió nunca, y que sus fotos corresponden a las de un viejecito que se divertía imitándolo. Ciertas personas que llegaron a conocerlo estuvieron de acuerdo conmigo. Macedonio era un personaje visible pero improbable". O aquel comienzo antológico: "Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían disipado ya las atroces punzadas en el vientre y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar". O la prosa suntuosa y elegante de aquel otro capítulo inicial: "Una vez más, el general Juan Perón soñó que caminaba hasta la entrada del Polo Sur y que una jauría de mujeres no lo dejaba pasar".
Lo conocí personalmente hace ya muchos años, cultivamos una amistad signada por largas conversaciones sobre literatura, en las que nos contábamos los libros que estábamos escribiendo y Tomás no se privaba nunca de darme lúcidos y cariñosos consejos. Una vez, tomando algo en el Café Roma, le pregunté si no abandonaría Estados Unidos para ponerse al frente de una revista cultural. Ya era un escritor reconocido en muchas partes del mundo, un prócer que se codeaba con García Márquez, Fuentes, Auster, DeLillo. Pensé que me sacaría carpiendo. Pero a cambio de eso comenzó a fantasear con volver al ruedo. Hacer lo que había hecho en Primera Plana , en Página/12 y en tantos otros medios de aquí y de América latina. Regresar a una redacción, poner en marcha un proyecto. Luego en Europa, su amigo José Claudio Escribano completó el juego de pinzas y Tomás repentinamente aceptó.
Desde ese momento hablábamos a diario, y yo iba diseñando el negocio y los números cero desde Buenos Aires, esperando que se mudara. Lo hizo mientras comenzaba a luchar contra el tumor cerebral que le habían detectado. Encaró esa batalla médica con un optimismo sobrenatural mientras seguía con sus libros, con sus conferencias y con la génesis de adncultura. Somos periodistas de diferentes generaciones y tuvimos, como no podía ser de otra manera, muchas discusiones, aunque nunca pudimos dejar de querernos. Se apartó para volverse un consejero externo y para seguir escribiendo su novela Purgatorio . La quimioterapia le quitaba fuerzas y comenzaba a tener un dramático sentido del tiempo.
Me llamó hace unas semanas para despedirse. Tomamos el té en su casa de Buenos Aires y simulamos que volveríamos a vernos. No pude dejar de pensar en Tomás ni un solo día desde aquél en el que lo vi definitivamente vencido, allí donde alguna vez estaremos todos. Y aun así peleando para ponerle el punto final a una novela inédita sobre el Olimpo.
Este editorial tenía por misión demostrar por qué su literatura no morirá a pesar de que nada contra la corriente de los cenáculos y los prejuicios de la contaminación periodística. Y esta edición especial lleva como propósito aunar notas de escritores y periodistas que lo conocieron y lo han leído apasionadamente, con textos antológicos del propio Tomás Eloy Martínez.
Nos enseñó a todos mucho. Muchísimo. Lo vamos a extrañar.
Y perdón por el lugar común. Perdón por la tristeza.
© LA NACION
resumiendo
Una de cal otra de arena.-
Ni aprendemos ni escarmentamos más en este país en estado de terapia intensiva por tanto golpe con manos de cal y con manos de arena.
Ahora grupúsculos anárquicos que en ningún caso llegan a ser el 0,1% de la población total de nuestro país, determinan fatalidades y providencias de los cuarenta millones que somos, igual que en los ´70 cuando éramos veinticinco millones.
Se ocupan de lo que no se deben ocupar, y cuestionan la matriz personal de un funcionario de la ciudad allá en la noche del proceso.
Cuando sería mejor si se ocupan, en decir dónde estaban entonces los que cuestionan ahora, que a la luz para que se hiciera la noche la apagamos entre todos los que estuvimos, los que nos quedamos por acá y los que se fueron a confortables exilios, los que sobrevivimos y los que se murieron.
El autoritarismo es autoritarismo así lo practique una persona o lo practique un grupo de personas.
Y si es un grupo de personas es autoritarismo corporativo, despotismo, prepotencia de alguien en contra de alguien o de algunos en todo caso, una actitud de desprecio por la cual una persona impone sin preguntar antes, pensamientos hábitos comportamientos, en otra persona o en otras.
Es acracia es dogmatismo, otros defectos que repetimos y repetimos como burros con el perdón de los burros y pensando en lo burro que éramos cuando con el gran bonete o las orejas largas, nos castigaba la señorita porque nos quería y quería que aprendiéramos, lo que no aprendimos ni en los `70 ni ahora.
El autoritarismo corporativo es peor que el individual, porque puede tener el aspecto de un gobierno, de demagogia de quienes por el momento tienen autoridad.
El autoritarismo no es sinónimo de militar ni de civil, no viste ni de uniforme ni de traje no es de la diestra ni de la siniestra por decirlo poéticamente.
El autoritarismo es autoritarismo así sea natural así sea adquirido.
Está en nuestra esencia y en el orden de todas las entidades la capacidad para mandar la capacidad para obedecer.
Si es adquirido el autoritarismo se potencia, porque los que lo ejercitan suponen que son entelequias mesiánicas y entonces como histriones pretenden imponerse sobre la vida o la muerte de las personas que no aceptan sus ideas y que también tienen sus derechos.
Desalentados y en particular los que allá teníamos un poco más de veinte y ahora casi sesenta años, seguimos contemplando impávidos que algunos vuelven una y otra vez sobre el autoritarismo que es la mano de cal y siguen queriendo que lo confundamos con lo que ellos dicen que es la democracia y por lo tanto la mano de arena, manos que muy seguido estampamos en la misma cara de la patria.
Ni aprendemos ni escarmentamos más en este país en estado de terapia intensiva por tanto golpe con manos de cal y con manos de arena.
Ahora grupúsculos anárquicos que en ningún caso llegan a ser el 0,1% de la población total de nuestro país, determinan fatalidades y providencias de los cuarenta millones que somos, igual que en los ´70 cuando éramos veinticinco millones.
Se ocupan de lo que no se deben ocupar, y cuestionan la matriz personal de un funcionario de la ciudad allá en la noche del proceso.
Cuando sería mejor si se ocupan, en decir dónde estaban entonces los que cuestionan ahora, que a la luz para que se hiciera la noche la apagamos entre todos los que estuvimos, los que nos quedamos por acá y los que se fueron a confortables exilios, los que sobrevivimos y los que se murieron.
El autoritarismo es autoritarismo así lo practique una persona o lo practique un grupo de personas.
Y si es un grupo de personas es autoritarismo corporativo, despotismo, prepotencia de alguien en contra de alguien o de algunos en todo caso, una actitud de desprecio por la cual una persona impone sin preguntar antes, pensamientos hábitos comportamientos, en otra persona o en otras.
Es acracia es dogmatismo, otros defectos que repetimos y repetimos como burros con el perdón de los burros y pensando en lo burro que éramos cuando con el gran bonete o las orejas largas, nos castigaba la señorita porque nos quería y quería que aprendiéramos, lo que no aprendimos ni en los `70 ni ahora.
El autoritarismo corporativo es peor que el individual, porque puede tener el aspecto de un gobierno, de demagogia de quienes por el momento tienen autoridad.
El autoritarismo no es sinónimo de militar ni de civil, no viste ni de uniforme ni de traje no es de la diestra ni de la siniestra por decirlo poéticamente.
El autoritarismo es autoritarismo así sea natural así sea adquirido.
Está en nuestra esencia y en el orden de todas las entidades la capacidad para mandar la capacidad para obedecer.
Si es adquirido el autoritarismo se potencia, porque los que lo ejercitan suponen que son entelequias mesiánicas y entonces como histriones pretenden imponerse sobre la vida o la muerte de las personas que no aceptan sus ideas y que también tienen sus derechos.
Desalentados y en particular los que allá teníamos un poco más de veinte y ahora casi sesenta años, seguimos contemplando impávidos que algunos vuelven una y otra vez sobre el autoritarismo que es la mano de cal y siguen queriendo que lo confundamos con lo que ellos dicen que es la democracia y por lo tanto la mano de arena, manos que muy seguido estampamos en la misma cara de la patria.
patoteros ¿es sinónimo de delincuentes?
Una de cal otra de arena.-
No aprendemos más en este país en estado de terapia intensiva por tanto golpe con manos de cal y con manos de arena.
Ahora grupos anárquicos que no llegan a ser el 0,1% de la población total, quieren determinar el destino de los cuarenta millones, igual que en los ´70 cuando éramos veinticinco millones.
Cuestionan el perfil personal de un funcionario de la ciudad allá en la noche del proceso.
El autoritarismo es patoterismo, y si es un grupo de personas es autoritarismo corporativo, despotismo, prepotencia, es acracia es dogmatismo.
El autoritarismo corporativo es grave, puede darse bajo la forma de un poder del estado.
El autoritarismo no es sinónimo de militar ni de civil, no viste ni de uniforme ni de traje no es de la diestra ni de la siniestra por decirlo poéticamente.
Desalentados acá muchos vemos que algunos vuelven sobre el autoritarismo que es la mano de cal y quieren que lo confundamos con lo que ellos dicen que es la democracia y por lo tanto la mano de arena, manos que muy seguido estampamos en la misma cara de la patria.
No aprendemos más en este país en estado de terapia intensiva por tanto golpe con manos de cal y con manos de arena.
Ahora grupos anárquicos que no llegan a ser el 0,1% de la población total, quieren determinar el destino de los cuarenta millones, igual que en los ´70 cuando éramos veinticinco millones.
Cuestionan el perfil personal de un funcionario de la ciudad allá en la noche del proceso.
El autoritarismo es patoterismo, y si es un grupo de personas es autoritarismo corporativo, despotismo, prepotencia, es acracia es dogmatismo.
El autoritarismo corporativo es grave, puede darse bajo la forma de un poder del estado.
El autoritarismo no es sinónimo de militar ni de civil, no viste ni de uniforme ni de traje no es de la diestra ni de la siniestra por decirlo poéticamente.
Desalentados acá muchos vemos que algunos vuelven sobre el autoritarismo que es la mano de cal y quieren que lo confundamos con lo que ellos dicen que es la democracia y por lo tanto la mano de arena, manos que muy seguido estampamos en la misma cara de la patria.
sueños estúpidos
Cronopios
Sofismas para esta patria
Es más peligroso un pobre con veleidades de rico que un rico con veleidades de pobre.
Es más peligroso un rico con disciplina de pobre que un pobre con disciplina de rico.
Es más peligroso un pobre con ínfulas de rico que un rico con ínfula de pobre.
Es más peligroso un rico con rutina de pobre que un pobre con rutina de rico.
No hay delincuentes malos o buenos, hay delincuentes.
No hay delincuentes pobres o ricos, hay delincuentes.
No hay delincuentes de derecha o de izquierda, hay delincuentes.
No hay delincuentes civiles o militares, hay delincuentes
No hay delincuentes malos para mí que soy el bueno.
No hay delincuentes buenos para mí que soy el malo.
Sophistry for this country
It is more dangerous vagaries of a poor man richer than rich with poor caprices.
It is more dangerous with a rich discipline with a poor poor rich discipline.
It is more dangerous with the airs of a poor rich rich with airs of poverty.
It is more dangerous with routine rich poor poor rich with routine.
There is no good or bad criminals, criminals are.
There are no poor or rich criminals, criminals are.
There are criminals right or left, there are criminals.
No civilian or military criminals, criminals are
There are criminals that bad for me I'm good.
There is no good for me that criminals the bad guy
Sophistry pour ce pays
Il est plus dangereux caprices d'un pauvre homme plus riche que riche avec des caprices pauvres.
Il est plus dangereux avec une discipline riche, avec un manque de discipline riches et pauvres.
Il est plus dangereux avec des airs d'un pauvre riche riche avec des airs de la pauvreté.
Il est plus dangereux avec la routine, riches et pauvres riches et les pauvres avec la routine.
Il n'ya pas de criminels bon ou mauvais, les criminels.
Il n'y a pas des criminels riches ou pauvres, les criminels.
Il ya des criminels de droit ou gauche, il ya des criminels.
Pas de criminels, civils ou militaires, les criminels sont
Il ya des criminels si mauvais pour moi, je suis bon.
Il n'est pas bon pour moi que les criminels le méchant.
Sofismas para esta patria
Es más peligroso un pobre con veleidades de rico que un rico con veleidades de pobre.
Es más peligroso un rico con disciplina de pobre que un pobre con disciplina de rico.
Es más peligroso un pobre con ínfulas de rico que un rico con ínfula de pobre.
Es más peligroso un rico con rutina de pobre que un pobre con rutina de rico.
No hay delincuentes malos o buenos, hay delincuentes.
No hay delincuentes pobres o ricos, hay delincuentes.
No hay delincuentes de derecha o de izquierda, hay delincuentes.
No hay delincuentes civiles o militares, hay delincuentes
No hay delincuentes malos para mí que soy el bueno.
No hay delincuentes buenos para mí que soy el malo.
Sophistry for this country
It is more dangerous vagaries of a poor man richer than rich with poor caprices.
It is more dangerous with a rich discipline with a poor poor rich discipline.
It is more dangerous with the airs of a poor rich rich with airs of poverty.
It is more dangerous with routine rich poor poor rich with routine.
There is no good or bad criminals, criminals are.
There are no poor or rich criminals, criminals are.
There are criminals right or left, there are criminals.
No civilian or military criminals, criminals are
There are criminals that bad for me I'm good.
There is no good for me that criminals the bad guy
Sophistry pour ce pays
Il est plus dangereux caprices d'un pauvre homme plus riche que riche avec des caprices pauvres.
Il est plus dangereux avec une discipline riche, avec un manque de discipline riches et pauvres.
Il est plus dangereux avec des airs d'un pauvre riche riche avec des airs de la pauvreté.
Il est plus dangereux avec la routine, riches et pauvres riches et les pauvres avec la routine.
Il n'ya pas de criminels bon ou mauvais, les criminels.
Il n'y a pas des criminels riches ou pauvres, les criminels.
Il ya des criminels de droit ou gauche, il ya des criminels.
Pas de criminels, civils ou militaires, les criminels sont
Il ya des criminels si mauvais pour moi, je suis bon.
Il n'est pas bon pour moi que les criminels le méchant.
chau eloy hasta siempre
Mi homenaje póstumo a tomás eloy, con el cual no compartía por ejemplo que era uno más que hablaba mal de los yanquis y vivía en nueva jersey o en boston, o en donde fuera pero justo en el país que asiduamente criticaba, pero a su genio, sin palabras…mías, sobran las del él cuando las tuvo las palabras de un maestro. ¿quién soy yo para hablar de él? Un tipo como él, como cualquiera, tal vez con menos prensa pero no con menos dignidad…..(estas aclaraciones para las amistades del escritor que quedaron con vida y que tienen vida parecida respecto a los norteamericanos, hoy son oficialistas ellos saben porqué y alguna gente cree que son el top de una intelectualidad que por estas geografías no existe por lo menos bajo la forma en la que ellos la cuentan, ahora que comen de la mano de los poderosos de turno, que les haga provecho…)
Ramos Sucre retrato del artista enmascarado
Tomás Eloy Martínez
Sobrevivir sin mella en esa atmósfera le exigió una perfecta e incesante simulación. Construyó su reino a partir de un prolijo asesinato de la realidad. Nada de lo que era merecía serlo. Investigó, para salvarse, las realidades que otros habían engendrado con palabras, en los libros y en los atlas. Desconfió de la lengua que le habían enseñado y se aplicó a desentrañar las lenguas ajenas. Trató de encontrarse a sí mismo (al Ramos Sucre que él estaba recreando) en el latín y el griego, pero cuando advirtió que en ambos había demasiados ecos de las voces familiares (las sombras eruditas del padre y del tío) derivó hacia el alemán, el danés y el holandés.
Apenas sintió que podía anclar confiadamente en su propia imaginación, se entregó al riesgo de la doble vida: por fuera, compartió la rutina de sus contemporáneos -las pensiones de Caracas, las retretas del domingo en la plaza Bolívar, el trabajo monótono de la oficina-; por dentro, organizó un planeta de mandarines y de pintores flamencos, de ánades y lobos, de jinetes ucranianos y princesas en palanquín. En ese paisaje cabían todos los [135] tiempos: desde las cavernas del pithecantropus hasta las desmesuras de la Rusia zarista.
Pronto, imaginación y vida entraron en conflicto. Los horizontes que había soñado empezaron a llamarlo imperiosamente. El tedio del país natal se le volvió intolerable. Para resolver la pugna, decidió viajar a los reinos ilusorios que aparecían en sus poemas. Contemplarlos de frente y sentir que eran idénticos a la torpe realidad que había dejado atrás, fue suficiente para fulminarlo. El 9 de junio de 1930 rindió las armas. Ante el feroz argumento de que la Realidad existía, su Imaginación se había quedado sin defensa.
Hace ya tiempo descubrí, no sin sorpresa, que los azares del periodismo me acercaban con persistencia al tema de la muerte. Hacia 1965 supe, en Hiroshima y Nagasaki, que un hombre puede morir indefinidamente y que la muerte numerosa que al principio pareció intolerable y que luego fue aceptada con indiferencia y hasta olvido. Así lo perdimos... Tomás Eloy Martínez
Ramos Sucre retrato del artista enmascarado
Tomás Eloy Martínez
Sobrevivir sin mella en esa atmósfera le exigió una perfecta e incesante simulación. Construyó su reino a partir de un prolijo asesinato de la realidad. Nada de lo que era merecía serlo. Investigó, para salvarse, las realidades que otros habían engendrado con palabras, en los libros y en los atlas. Desconfió de la lengua que le habían enseñado y se aplicó a desentrañar las lenguas ajenas. Trató de encontrarse a sí mismo (al Ramos Sucre que él estaba recreando) en el latín y el griego, pero cuando advirtió que en ambos había demasiados ecos de las voces familiares (las sombras eruditas del padre y del tío) derivó hacia el alemán, el danés y el holandés.
Apenas sintió que podía anclar confiadamente en su propia imaginación, se entregó al riesgo de la doble vida: por fuera, compartió la rutina de sus contemporáneos -las pensiones de Caracas, las retretas del domingo en la plaza Bolívar, el trabajo monótono de la oficina-; por dentro, organizó un planeta de mandarines y de pintores flamencos, de ánades y lobos, de jinetes ucranianos y princesas en palanquín. En ese paisaje cabían todos los [135] tiempos: desde las cavernas del pithecantropus hasta las desmesuras de la Rusia zarista.
Pronto, imaginación y vida entraron en conflicto. Los horizontes que había soñado empezaron a llamarlo imperiosamente. El tedio del país natal se le volvió intolerable. Para resolver la pugna, decidió viajar a los reinos ilusorios que aparecían en sus poemas. Contemplarlos de frente y sentir que eran idénticos a la torpe realidad que había dejado atrás, fue suficiente para fulminarlo. El 9 de junio de 1930 rindió las armas. Ante el feroz argumento de que la Realidad existía, su Imaginación se había quedado sin defensa.
Hace ya tiempo descubrí, no sin sorpresa, que los azares del periodismo me acercaban con persistencia al tema de la muerte. Hacia 1965 supe, en Hiroshima y Nagasaki, que un hombre puede morir indefinidamente y que la muerte numerosa que al principio pareció intolerable y que luego fue aceptada con indiferencia y hasta olvido. Así lo perdimos... Tomás Eloy Martínez
Friday, February 05, 2010
ni ntendemos ni nos entendemos que es más grave
Cronopios
No entendemos nada o nos hacemos los zonzos que a veces a uno mismo con todo lo que se pueda amar a sí mismo le da la impresión que los es, zonzo, porque por estos días en este proyecto que muchos llamamos patria se 2tocaron” instituciones y salvo algunas contadas y honrosas excepciones, nadie se inmutó, probablemente en este tipo de actitudes difíciles no solamente de encuadrar sino también de interpretar incluso por parte del más avezado profesional, se encuentren nuestras más severas lesiones de nuestra conciencia social, y según la cual nos vamos acordando y olvidando de los conviene mientras la historia nos pasa por encima, y encima ni nos inmutamos….
We do not understand anything or do we sometimes eejits yourself with all that one can love himself gives the impression that is silly, because these days in this project that many call home is 2tocaron "institutions and except some few honorable exceptions, no one flinched, probably in this kind of attitude not only difficult to frame but also to interpret even by the most seasoned professional, you will find our most severe injuries of our social consciousness, and according to which we we agreeing and forgetting of history as we should pass over and over and we immutable ....
Nous ne comprenons pas quelque chose ou avons-nous parfois eejits-vous avec tout ce qu'on peut s'aimer lui-même donne l'impression qu'il est idiot, parce que ces jours-ci dans ce projet que la maison est 2tocaron beaucoup appellent "les établissements et sauf quelques exceptions honorables, personne ne bronché, sans doute dans ce genre d'attitude non seulement difficile à définir mais aussi à interpréter, même les plus aguerris professionnel, vous trouverez nos blessures les plus graves de notre conscience sociale, et selon laquelle nous nous avons accepté et l'oubli de l'histoire que nous devrions passer au-dessus et plus immuable et nous ....
No entendemos nada o nos hacemos los zonzos que a veces a uno mismo con todo lo que se pueda amar a sí mismo le da la impresión que los es, zonzo, porque por estos días en este proyecto que muchos llamamos patria se 2tocaron” instituciones y salvo algunas contadas y honrosas excepciones, nadie se inmutó, probablemente en este tipo de actitudes difíciles no solamente de encuadrar sino también de interpretar incluso por parte del más avezado profesional, se encuentren nuestras más severas lesiones de nuestra conciencia social, y según la cual nos vamos acordando y olvidando de los conviene mientras la historia nos pasa por encima, y encima ni nos inmutamos….
We do not understand anything or do we sometimes eejits yourself with all that one can love himself gives the impression that is silly, because these days in this project that many call home is 2tocaron "institutions and except some few honorable exceptions, no one flinched, probably in this kind of attitude not only difficult to frame but also to interpret even by the most seasoned professional, you will find our most severe injuries of our social consciousness, and according to which we we agreeing and forgetting of history as we should pass over and over and we immutable ....
Nous ne comprenons pas quelque chose ou avons-nous parfois eejits-vous avec tout ce qu'on peut s'aimer lui-même donne l'impression qu'il est idiot, parce que ces jours-ci dans ce projet que la maison est 2tocaron beaucoup appellent "les établissements et sauf quelques exceptions honorables, personne ne bronché, sans doute dans ce genre d'attitude non seulement difficile à définir mais aussi à interpréter, même les plus aguerris professionnel, vous trouverez nos blessures les plus graves de notre conscience sociale, et selon laquelle nous nous avons accepté et l'oubli de l'histoire que nous devrions passer au-dessus et plus immuable et nous ....
ejemplo de un escribidor valiente con muchos opinadores al frente pero pocos valientes como él
Periodismo de Verdad: 10 de Diciembre de 2009
El autor entregó esta nota antes de ser designado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. En ella, Posse, colaborador habitual de LA NACION, fija su posición sobre temas de seguridad y de uso del espacio público
El ventarrón de criminalidad no cesa. El Gobierno tiene un Indec especializado en demostrar que no aumenta y que más bien está muy por debajo de otros países. Un ministro con inclinación verbosa y metafísica le dijo a la gente que padecíamos una sensación.
Lo cierto es que es el episodio que más nos angustia en este mar de frustraciones.
Los Kirchner hurtaron el tema, desde Cromagnon en adelante. Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle. Pero ya con el enfrentamiento en la Panamericana por el tema de Kraft, las cosas cambiaron. Ahora, en las protestas vecinales reiteradas ellos están presentes en los insultos.
Los Kirchner lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir (que, según la Real Academia, significa “contener, refrenar, templar o moderar”.)
Reprimir es obligación del Estado en cuanto “contención en acto del delito inminente”. Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo) y sus bienes.
Entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta, cuando una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales. Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K ?aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70? lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la Justicia se ausente en este momento de crisis, sin reaccionar con urgencia ante la criminalidad reincidente y concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores, incluso en casos de asesinato o uso de armas. Algunos miembros de la Corte deben creer que son niños equivocados y con animus iocandi. El Poder Judicial parece refugiado y silencioso, pese a la tormenta con la que la mala política del Poder Ejecutivo arrasa con los principios básicos del derecho.En estos años, el olvido constitucional nos lleva a la anarquía. El Estado es un instrumento para conservar el poder K. La sociedad tiene la sensación de habitar un país invivible, con una corrupción que nos ubica más bien por debajo de los cien países más corruptos del planeta. Los K nos llevaron tan lejos que ya nadie quiere hablar con claridad y coraje del camino de retorno indispensable que la Argentina tendrá que transitar, tarde o temprano.Muchos “garantistas” pagaron su lujo humanista con los cadáveres humanísimos de ciudadanos honestos acribillados delante mismo de sus hijos o padres, mujeres violadas y decenas de policías que mueren sin afecto oficial ni el respeto debido a su profesión imprescindible y peligrosa.Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social. Son escamoteadores del tema, que se refugian en la indispensable acción recuperatoria, rehuyendo la batalla central. Mientras ellos quedan bien con la sociología indiscutible y omiten hablar de armas y medios de acción inmediato, todos los días nos revuelve y convulsiona la noticia del comerciante, padre, estudiante, baleado a mansalva por el asesino-joven (no el niño-asesino, porque cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad “asesino” prevalece sobre la edad biológica). Tal el caso del joven estudiante de Tigre que muere con un balazo en la cara en brazos de su desolada madre. ¿Cómo la Presidenta no tomó inmediatamente su helicóptero hacia esa madre para llevar consuelo y compromiso? Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo. El oficialismo culpable y la mayoría de susurrantes opositores no estuvieron a la altura de la batalla que exige el orden público en un país crispado y conflictivo, donde nunca existió una cultura de respeto ciudadano.El Gobierno empieza a padecer lo que sembró. Tal vez, al ex presidente Néstor Kirchner le espera el destino cómico de ser en sus finales políticos el restaurador de las leyes y del orden?La policía sale a la calle mal equipada. En algunas esquinas del conurbano, hay autos policiales estacionados sin agentes en su interior, como espantapájaros irrisorios. No tienen armamento ni la convicción de ser el brazo armado del Estado, como lo siente cualquier policía del mundo, desde Pekín hasta Nueva York.El oficial del grupo Halcón que murió con un balazo en la cara sabía que el delincuente que trataban de detener estaba armado. En efecto, éste se resistió. La policía no actuó con todo su poder y pagó con la muerte de un jefe. Este es apenas un ejemplo de esa inhibición previa que le impide actuar como toda policía en su tarea normal y ancestral. El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes.La recuperación social y moral del delincuente es en todas partes (salvo en la Argentina) un episodio posterior al de desactivar su peligrosidad con la energía suficiente para que el representante del Estado y los ciudadanos o bienes amenazados no corran riesgos.La Argentina piensa mal. En muchos campos, vamos contra la experiencia y el buen sentido. Es el país que llega a la indefensión nacional para castigar a un ejército por hechos de hace cuatro décadas. Es el país que indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el orden democrático. El mismo partido que ordenó aniquilar ese alzamiento siguiendo el pensamiento de defensa del Estado del propio Perón es el que ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos. Muchos argentinos ?sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos? recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía, saludable expresión de libertad. No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente. Sea democracia socialista u organización liberal de la comunidad.Hace tiempo que la Argentina se arriesga a vivir más cerca del surrealismo que de la realidad. ¿Será una diversión gratuita o se pagará muy caro, en la medida en que el sector más humilde es el más golpeado por el irrealismo sentimental de los asesinos derrotados? ¿Qué hacer? ¿Qué cantidad de poder tendrá que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y la anarquización, desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia al colegio, a la universidad, y que cubre tantos aspectos de la vida comunitaria?
© LA NACION
El autor entregó esta nota antes de ser designado ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires. En ella, Posse, colaborador habitual de LA NACION, fija su posición sobre temas de seguridad y de uso del espacio público
El ventarrón de criminalidad no cesa. El Gobierno tiene un Indec especializado en demostrar que no aumenta y que más bien está muy por debajo de otros países. Un ministro con inclinación verbosa y metafísica le dijo a la gente que padecíamos una sensación.
Lo cierto es que es el episodio que más nos angustia en este mar de frustraciones.
Los Kirchner hurtaron el tema, desde Cromagnon en adelante. Se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Entregaron la calle. Pero ya con el enfrentamiento en la Panamericana por el tema de Kraft, las cosas cambiaron. Ahora, en las protestas vecinales reiteradas ellos están presentes en los insultos.
Los Kirchner lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir (que, según la Real Academia, significa “contener, refrenar, templar o moderar”.)
Reprimir es obligación del Estado en cuanto “contención en acto del delito inminente”. Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo) y sus bienes.
Entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta, cuando una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales. Sin embargo, con persistencia gramsciana, los guerrilleros que rodean a los K ?aunque ya estaban generosamente indemnizados por sus derrotas de los 70? lograron afirmar la tarea de demoler a las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva que los delincuentes en su agresión y que la Justicia se ausente en este momento de crisis, sin reaccionar con urgencia ante la criminalidad reincidente y concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores, incluso en casos de asesinato o uso de armas. Algunos miembros de la Corte deben creer que son niños equivocados y con animus iocandi. El Poder Judicial parece refugiado y silencioso, pese a la tormenta con la que la mala política del Poder Ejecutivo arrasa con los principios básicos del derecho.En estos años, el olvido constitucional nos lleva a la anarquía. El Estado es un instrumento para conservar el poder K. La sociedad tiene la sensación de habitar un país invivible, con una corrupción que nos ubica más bien por debajo de los cien países más corruptos del planeta. Los K nos llevaron tan lejos que ya nadie quiere hablar con claridad y coraje del camino de retorno indispensable que la Argentina tendrá que transitar, tarde o temprano.Muchos “garantistas” pagaron su lujo humanista con los cadáveres humanísimos de ciudadanos honestos acribillados delante mismo de sus hijos o padres, mujeres violadas y decenas de policías que mueren sin afecto oficial ni el respeto debido a su profesión imprescindible y peligrosa.Es curioso que, en la desnaturalización idiomática que viven los argentinos, los mismos dirigentes de la oposición hablen a media lengua y se fuguen hacia la prevención educativa, la recuperación del joven delincuente y la inclusión social. Son escamoteadores del tema, que se refugian en la indispensable acción recuperatoria, rehuyendo la batalla central. Mientras ellos quedan bien con la sociología indiscutible y omiten hablar de armas y medios de acción inmediato, todos los días nos revuelve y convulsiona la noticia del comerciante, padre, estudiante, baleado a mansalva por el asesino-joven (no el niño-asesino, porque cuando se asesina disparando sobre alguien indefenso, a los 14 o 16 años, no hay niño que valga, la entidad “asesino” prevalece sobre la edad biológica). Tal el caso del joven estudiante de Tigre que muere con un balazo en la cara en brazos de su desolada madre. ¿Cómo la Presidenta no tomó inmediatamente su helicóptero hacia esa madre para llevar consuelo y compromiso? Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo. El oficialismo culpable y la mayoría de susurrantes opositores no estuvieron a la altura de la batalla que exige el orden público en un país crispado y conflictivo, donde nunca existió una cultura de respeto ciudadano.El Gobierno empieza a padecer lo que sembró. Tal vez, al ex presidente Néstor Kirchner le espera el destino cómico de ser en sus finales políticos el restaurador de las leyes y del orden?La policía sale a la calle mal equipada. En algunas esquinas del conurbano, hay autos policiales estacionados sin agentes en su interior, como espantapájaros irrisorios. No tienen armamento ni la convicción de ser el brazo armado del Estado, como lo siente cualquier policía del mundo, desde Pekín hasta Nueva York.El oficial del grupo Halcón que murió con un balazo en la cara sabía que el delincuente que trataban de detener estaba armado. En efecto, éste se resistió. La policía no actuó con todo su poder y pagó con la muerte de un jefe. Este es apenas un ejemplo de esa inhibición previa que le impide actuar como toda policía en su tarea normal y ancestral. El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes.La recuperación social y moral del delincuente es en todas partes (salvo en la Argentina) un episodio posterior al de desactivar su peligrosidad con la energía suficiente para que el representante del Estado y los ciudadanos o bienes amenazados no corran riesgos.La Argentina piensa mal. En muchos campos, vamos contra la experiencia y el buen sentido. Es el país que llega a la indefensión nacional para castigar a un ejército por hechos de hace cuatro décadas. Es el país que indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el orden democrático. El mismo partido que ordenó aniquilar ese alzamiento siguiendo el pensamiento de defensa del Estado del propio Perón es el que ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos. Muchos argentinos ?sobre todo, jóvenes que no vivieron los hechos? recibieron una versión torcida. Por ese camino empiezan a creer que el orden es umbral de fascismo y la anarquía, saludable expresión de libertad. No imaginan que democracia implica un riguroso orden. Sin orden como primer valor, la democracia naufraga inexorablemente. Sea democracia socialista u organización liberal de la comunidad.Hace tiempo que la Argentina se arriesga a vivir más cerca del surrealismo que de la realidad. ¿Será una diversión gratuita o se pagará muy caro, en la medida en que el sector más humilde es el más golpeado por el irrealismo sentimental de los asesinos derrotados? ¿Qué hacer? ¿Qué cantidad de poder tendrá que tener el futuro gobierno democrático después de la demolición institucional de los K y la anarquización, desjerarquización e indisciplina que van de la misma familia al colegio, a la universidad, y que cubre tantos aspectos de la vida comunitaria?
© LA NACION
copiándome a mí mismo
Recuerdos del presente, hecho y derecho.
Del dicho al hecho y del hecho al derecho, lo que no es totalmente un sofisma que valga la pena para nosotros más allá de cómo suena, porque los argentinos andamos siempre con discursos y acontecimientos que son muy dispares entre sí, los discursos que pergeñamos y los acontecimientos que pasamos que en muy escasas ocasiones están encauzados en las normas, eso quiere decir que andamos corriendo por atrás de condiciones que nosotros mismos nos ocupamos por lo menos de escribir pero muy pocas veces de cumplir como debe ser la Constitución por ejemplo y todas las demás leyes que a partir de ella se hicieron con el paso de los años, y pega la figura que andamos corriendo por atrás porque es como que hacemos mal las cosas y después mucho después nos damos cuenta cuando no hay más posibilidades de que sean diferentes, disposiciones e instrucciones que tenemos para dar y para prestar y no para cumplir que de eso ni hablar, normas manuales de procedimientos reglas expedientes leyes decretos resoluciones o actos administrativos o memorándums, escritos y expuestos en incontables escenarios que no se corresponden entre sí en el sentido de guardar reciprocidad entre ellos una equivalencia aceptable en el sentido de acortar las inconmensurables distancias que a veces hay entre lo que se dice y lo que se hace, o entre lo que se dice y lo que se debe hacer o entre lo que se dijo y lo que se debería haber hecho que es lo realmente importante, porque por acá andamos y decimos una cosa y hacemos otra como si a nadie le importara o como si a cualquiera le diera lo mismo, que de hecho ni de derecho nadie nos reprende ni nos confirma ni siquiera nos corrige lo que es un síntoma grave porque hasta quiere decir que nos ninguneamos entre nosotros mismos entre los que somos iguales en infinidad de aspectos y entre los que no tenemos diferencias sustanciales, lo que puede ser una buena estrategia cuando nos conectamos con los de afuera y pretendemos confundirlos, pero nada bien para los de adentro ni para nosotros ni para los otros, porque los de afuera con ese motivo pueden seguir colonizándonos de las unas y mil y un maneras en que nos colonizan desde hace una pila de años, antes con espejitos y la biblia y hoy con sanatas que suenan lindo como las zonceras de greenpeace y los declarados patrimonios de la humanidad de organismos internacionales manejados por gerentes que responden a otros amos y que aceptamos pasiva y mansamente para que vaya a saber cuándo se les de las ganas y con ese rótulo se apropien de nuestros recursos naturales, y porque los de adentro alguna vez debemos recuperar esa autoestima que perdimos casi desde que perdimos la moneda nacional y ponernos en el lugar del otro aunque no sea una obligación sería bueno que comenzáramos a hacerlo al lado del compatriota del hermano ciudadano como cualquiera de nosotros, desplazamientos de los rumbos que debíamos tomar y no tomamos y que tanto nos destrozaron los que alternativamente los inventan o los que nos van gobernando, unas veces los de facto y otras veces los de la estirpe que por lo general aparecieron y aparecen con los militares con todas o parte de la fuerzas armadas, los que precisamente afirman con bastante frecuencia que no se limpian la boca con la república o con lo que nuestra patria está condenada al éxito y otras expresiones de intelectuales estúpidas, pero que en términos caricaturescos fueron o son mejor casi la misma lacra para el país que tenemos, y que junto a nosotros siguen en esta loca e inútil aventura de buscar un terruño que no existe o que muchos queremos que no exista porque existe solamente lo que consideramos unilateralmente que debe existir como si fuéramos todopoderosos, mientras las nuevas generaciones o algunos de los que forman esas generaciones que son nuevas apareciendo en el horizonte de este planeta, los más avispados, nos miran como si fuéramos sapos de otro pozo cuando somos del mismo pozo de ellos y encima no pueden saber hoy y muy bien del estado en el que se lo estamos dejando en ese pozo que por convención algunos llaman el mundo y otros por acá llaman el país que tenemos aunque a veces parezca que es el que queremos tener o quieren hacernos creer que debe ser el que queremos tener, que no es para nada bueno, este pago acotado que tenemos como si hubiéramos estado sentados sobre un péndulo en todo este último tiempo, por estos lados los que vivimos por estos lados hemos estado yendo de un punto a otro de dos extremos que como imanes del mismo electromagnetismo se rechazan, como si nada nos pasara, yendo del hecho al derecho, y no del derecho al revés como indica la lógica de los que hace rato le puedan haber encontrado el agujero al mate de vivir todos por acuerdos que nos resuman y nos contengan pero a todos con la menor cantidad de diferencias, que es lo que se deduce mirando desde lejos la experiencia de los países o territorios que están en otra más tranquilos y que la tienen muy clara eso de vivir en paz y con tolerancia.
Del dicho al hecho y del hecho no estoy muy seguro que lleguemos al derecho que eso todavía está por verse aunque ya estemos en el portal del año diez de este siglo al cual algunos están viendo como el reservorio potencial de las cosas que es evidente que nos faltan y que iremos necesitando en los próximos años como el agua o los combustibles volviendo a los preciados patrimonios de la humanidad de los mismos vivos que en siglos pasados pasaron por aquí depredando, de las cosas que ya hoy son muy reales en otras latitudes como la inseminación artificial o la manipulación genética, mientras otros, como nosotros lo estemos viendo todavía como el tiempo de las rencillas no solamente políticas sino también de ideologías que dejaron de ser hace ya mucho tiempo aunque esos credos tengan manifestaciones muy novedosas como es el caso de esos que se animan bajo la figura o la sombra de un tipo que hace más de cien años pensó en la integración y no en la desintegración de la América, Bolívar que si los viera actuar en su nombre por lo menos vomitaría. Está por verse cuánto tiempo más iremos resistiendo con nuestros precarios sistemas en manos de Mesías auto nominados desmesurados y terrenales, y millonarios porque eso sí son inmensamente millonarios especialmente durante la gestión y obviamente cuando la terminan con no más de dos o tres excepciones que entraron y salieron con una mano atrás y otra adelante, tipos de carne y hueso que se creen inmortales y en nombre de eso llevan adelante los atropellos más impensables, porque se trata de tiempos muy diferentes y que probablemente no nos ayudarán como en otras ocasiones a forjar nuestros destinos porque justamente esos a los que vamos a buscar como si fueran nuestros padres cada vez que nos sobrepasa algún problema, son los mismos que están ya medio cansados que después de eso los usemos como forros de nuestras desventuras amparándonos en la tibieza de su fuerte constitución institucional, algo que nosotros no tenemos y que es para envidiarles y que es probable que no tengamos en mucho tiempo porque es como que caminamos en la dirección opuesta con eso de decir y no hacer lo que decimos, porque si bien cambiamos de ritmos o de música no cambiamos de orquesta, suceso que sería muy interesante que se nos diera para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras identidades perdidas que si las perdimos qué podremos decir de nuestros porvenires que son cosas que tienen que ver una con la otra porque no se inventa un país no se hace una patria no se construye una nación ni se afirma una república con la simple voluntad una expresión de deseos o un simple chasquido de dedos, para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras coincidencias nuestras consonancias y resonancias que perdimos por completo vaya uno a saber en qué instante de los casi setenta y cinco mil días que tenemos.
Del dicho al hecho, y del hecho al derecho porque ahí nomás de andar naciendo dijimos elegimos el derecho entre los meses de mayo y de julio de esos años diez y dieciséis del siglo diecinueve y ahí nomás sin mayores tardanzas, o demora alguna para nada que no fuera marcarles la cancha a los españoles y a los ingleses o a cualquiera de los que por entonces tuvieran sentimientos hostiles o negocios interesantes como para compartirlos, comenzamos con la repetida vuelta de esa rueda esta de la historia de los militares en algunos años y de los civiles en otros años, como si fuera de lo más natural que los primeros estaban preparados para gobernarnos mejor que los civiles que por lo que se ha venido viendo hasta ahora tampoco estaban preparados para gobernarnos considerando la forma en que nos vienen tratando, esto es ser condescendientes y extremadamente buenos con nosotros en las épocas en que necesitan nuestros votos e ignorarnos cuando comienzan con el proceso de llenarse los bolsillos de los dineros del pueblo que por eso pasa a ser el dinero de unos cuantos pero que evidentemente son muchos menos de los que constituyen el pueblo. Y así con la denominación de antinomias como si se tratara de comedias pasamos de directorios a la organización nacional, de unitarios a federales, de rojos a azules, de conservadores a radicales, de radicales a anarquistas de anarquistas a socialistas de socialistas a peronistas de peronistas de radicales a peronistas, mientras que generales, capitanes y hasta mayores o simples suboficiales se animaron a pensar que éramos tan blandos que nos podían someter como se somete es de imaginar a una dama delicada, o a un soldado y conscripto al que se somete a saltos de rana, diana o picana eléctrica, con el paraguas del comunismo o el imperialismo apátrida que suenan más o menos lo mismo como excusas sin sustento. Del dicho al hecho porque decimos que debemos andar por el derecho pero no pasan más de un par o a lo sumo tres décadas que ya andamos todos viendo analizando y hablando de los argumentos que justifiquen nuestras más oscuras reacciones esas que tienen que ver con tener patoteros en vez de gobernantes y si tienen uniforme mejor porque nos da como un miedo inmanejable o sentimos la morbosa inclinación de sentir que estamos más seguros y que somos más maleables cuanto más elementos de coacción hay dando vueltas por la administración que fuera, porque de esto no se salva ninguno por lo menos de los conocidos desde el año treinta del siglo veinte en adelante.
Por esos años es que comenzamos con esa sintomatología con ese síndrome con ese síntoma con esa señal de nuestra genética social que se expresa en eso de sacar un gobernante elegido democráticamente por el pueblo y poner a otro elegido por unos cuantos que entonces fueron conservadores más que otro tipo de políticos, aristócratas criollos constituidos a la sombra de los oficios que tuvieron sus padres o sus abuelos, durante la sangrienta campaña del desierto que a los indios les significó desarraigos y persecuciones, y a ellos pasar de inmigrantes varones hispanos, muchos de ellos oficiales del ejército, de hijos o nietos de inmigrantes varones hispanos, a ser propietarios de la tierra que a los otros se les quitaba porque eran la barbarie los indios que habían llegado antes que nadie pero eso no importaba a la otra parte que por exclusión se denominaba la civilización, génesis de la inmensa y más importante grieta, diáspora que dejamos abierta de allí en adelante y para toda una posteridad que no supo remediarla, la más angustiante y profunda antinomia que de allí en adelante separaría irremediablemente nuestras posibilidades de redención, tipos que recibían aquello como pago por los bienes rematados o por los servicios prestados, como las monturas, las botas, los alimentos, kilos y kilos de pertrechos que ellos ponían en manos del ejército argentino recibiendo a cambio pagos en especie que nada más ni nada menos eran escrituras o títulos de propiedad de leguas y leguas al cuadrado del inmenso territorio que como le pasaría casi a lo largo de toda su historia estaba supeditado a confrontaciones fraticidas, yendo en consecuencia de un lado a otro entre los extremos de gobiernos civiles a gobiernos de los militares.
Y continuamos inmutables como somos incorregibles como decía Borges, cronopios y famas como nos decía Cortázar, a las cosas como nos instó Ortega y Gasset por no decirnos otra cosa, pequeños enanos fascistas como nos dijo la Fallacci, manga de ladrones como nos dijo Batlle o inevitables como digo yo, acumulando broncas no resueltas logros casi ninguno disputas insalvables secesiones inacabables civiles y religiosas y también militares porque en medio de las otras comenzaron a manifestarse los golpes a los golpes, como si se tratara de asonadas fácticas de avances fácticos, de civiles pelando con civiles y militares peleando con militares con la misma bandera el mismo himno y la misma escarapela, unos pocos cambiando de banda y otros muchos de bando en cuanta oportunidad se nos va presentando o en cuanta oportunidad se nos va dando de cambiar de color como el camaleón sea del color del ropaje que se nos ve como del corazón que no se nos ve pero que no es muy complicado deducir si es blanco o es negro, pasando por vaya saber cuántos presidentes y cuántas autoridades civiles y militares abren y cierran períodos de gobiernos que por el promedio mencionado para nada son ordinarios sino simplemente extraordinarios en un sentido o en otro, autoridades funcionarios secretarios directores nacionales transformados en burócratas en una mezcla más que explosiva pero invisible que solamente se puede medir por lo mal que nos va con unos pocos que están bien y muchos que estamos mal, porque en realidad cuando aparecieron algunos ciclos normales las que tendieron a perpetuarse fueron las personas investidas que para los que conocemos no hace ni falta nombrarlas, militares a civiles en el denigrante promedio de más o menos un presidente cada 2,4 años lo que para cualquiera que nos observe no significa precisamente un sinónimo de estabilidad, de fortaleza o de firmeza, encandilados por los mismos que nos deslumbran primero para desencantarnos después para volver a ilusionarnos y a desanimarnos, como en el trayecto de esos largos años del cuarenta y del cincuenta cuando Perón nos dio la posibilidad a muchos de pertenecer a las clases medias por reivindicaciones que tocaron a nuestros abuelos o a nuestros padres, saturados de alpargatas antes que de libros, jugados con las pelotas de los campeonatos Evita y festejados con las sidras y los pan dulce de cada navidad o año nuevo que por entonces pasamos antes de llegar al carnaval que terminamos siendo.
Con esas intermitencias que tanto nos caracterizan, interrupciones no solamente de las decisiones que se ven en la superficie sino también de las decisiones que no se aprecian a simple vista pero que definen lo que somos, las que determinaron lo que fuimos las que determinarán lo que seremos, porque lo que con forma o sin forma son temas caros y sensibles como la educación en cualquiera de sus niveles en cualquiera de sus expresiones, como nuestras cuestiones sanitarias y de salud que hacen a la propia vida que pocos valoramos en su magnitud verdadera, como otras cuestiones no tan menores como nuestras producciones y exportaciones las importaciones, nuestros ahorros magros discontinuos y raros que no conocemos desde la libreta de la caja nacional, asuntos y cuestiones que nos trastornan y nos transforman que nos protegen que nos exponen, y que en forma irreversible ha significado que los pobres seamos cada vez más pobres y que los ricos sin problemas más ricos y evadan impuestos y estafen y mientan solos o ayudados y en connivencia con estos que cambian para hacerse más poderosos pero con el aspecto de otarios hasta que la muerte los alcance de alguna manera bajo la forma de deceso natural o de deceso por la mano de los hombres de los mismos hombres que los elegimos que si no los votamos los elegimos a la fuerza como ellos acceden al poder y de todas maneras porque somos unos disconformes y unos energúmenos, pobres todos pero de espíritu nacional y legítimamente popular, que al final no sabemos muy bien de nosotros y por eso mismo de nadie de afuera, interrupciones de procesos que deberían ser naturalmente normales que no solamente nos detienen sino que nos hacen retroceder todo el tiempo, fines que en otras ocasiones hayamos podido alcanzar porque obviamente no siempre andamos haciendo como el pato tanta porquería en tiempos cortos e infinitesimales. Jurando como se jura cuando se jura en los estados de derecho y en los estrados de la calle ordenando y haciendo ordenar de prepo como se ordena en las ocasiones de períodos marciales porque en otras sólo en apariencias hay manifestaciones civiles que son tan de facto como las otras que son puras y militares, y en esas ocasiones son peores las represalias y las peleas porque los jefes son matones lo que quiere decir que cuentan con otros códigos otras tácticas y otras estrategias que por ser de comunes burgueses son más vulgares, y también con otros ejércitos más difíciles de conocer y de reconocer porque los soldados no andan con uniformes ni entrenamientos encima, sino vestidos como nosotros y confundidos en la multitud como caminamos todos cada día cuando iniciamos nuestras jornadas cuando entremezclados con estos que nos gobiernan acertamos y nos equivocamos una y otra vez con esto del hecho y del derecho.
Así entramos en esa larga noche en esa inmensa oscuridad que algunos llamaron el proceso de reorganización nacional y otros con el tiempo la dictadura, una dictadura relativa porque mal que le pese a más de uno que no quiere acordarse de sus errores por lo menos con la misma intensidad que se acuerda de sus presuntos aciertos, fue un gobierno de milicos aplaudido por la gente llamada opinión pública llamada la conciencia social llamada la soberanía popular y cuántas denominaciones que se utilizaron para ubicar a esas reacciones desproporcionadas de la gente contra la gente y sobre las cuales la misma gente no decía nada y si decía era mas para apoyar las desproporciones que para denostarla, de argentinos que peleaban contra argentinos igual que continuamos peleándonos ahora sin mayores diferencias, por eso somos tan fáciles y previsibles para los que nos ven desde afuera, las diferencias de patriotas contra patriotas insalvables por lo que parece porque no nos damos cuenta pero desde hace mucho tiempo que somos acaparadores y chabones según el lunfardo a los que no nos gusta que nos digan lo que debemos hacer aunque eso que hacemos lo hagamos en contra de la gente que es como decir que lo hacemos en contra de nosotros mismos, actitudes inéditas y no repetidas en otras culturas, las discrepancias de facciosos contra facciosos, de intolerantes e indolentes que en la superficie pretendemos aparecer como generosos y dinámicos.
Y así salimos y entramos docenas, decenas de veces, de gobiernos de facto a gobiernos supuestamente democráticos porque en realidad son autocracias, dictaduras jugadas sucias aunque ocurrentes de oligarquías en ascenso, pero lo más grave es lo que llevamos adentro, en realidad no nos gustan ni los unos ni los otros nos gustamos a nosotros mismos como debería ser según el principio bíblico de quererse a asimismo pero que no es para exagerar porque en la exageración es adonde nos dañamos, la democracia nos gusta, decimos lo buena que es pero la democracia a la carta y a la carta de nosotros, porque en el día a día somos prepotentes e exagerados que embromamos a todo el mundo culpando a todo el mundo de los males que nos aquejan, cortando puentes y calles por donde sea, suprimiendo los derechos de otros que no tienen ni siquiera semejanza con nosotros en sus urgencias y necesidades, embromando el trabajo de los otros porque embromaron otros con nuestro trabajo como si la forma de cortar los resentimiento y los problemas fuera exacerbarlos hacerlos pero de lo que son, mientras lo sea para nosotros y nuestro grupos de amigos y no nos gusta cuando comienza a tocarnos intereses que no son tan especiales, no nos gustan los que piensan diferentes, por ese hecho los declaramos enemigos, en cualquier tema vivimos con viejas y anquilosadas dicotomías antinomias, diferencias, de mersas a conchetos, de ricos a pobres de villeros a urbanos, de empresarios a obreros, de vivos a tontos, no nos gusta nada que sea diferente a nosotros porque estamos muy cómodos con nuestro lugar de ombligos del planeta pero ombligos voluntaristas y voluntarios que damos asco sintiendo asco de todo, a los niños, a los veteranos, a los que tienen más suerte de la que tenemos nosotros, y también a los que tienen menos suerte a los que pretendemos hacerles creer que es culpa del que nos creó el que ellos estén regular o mal en esta tierra. Y llevamos esta condena en la cabeza, el cargo de conciencia nos pesa como nos pesan los kilos y kilos de equivocaciones que tuvimos y seguiremos teniendo si no cambiamos, si no les decimos a los que nos siguen que ellos no deben equivocarse como nosotros, que si no equivocamos nosotros ya fue, fuimos pero ya está vamos a otra argentina, a una argentina más auténtica, en la que las cuestiones sean genuinas sin mentiras intermedias sin dobles interpretaciones o versiones sesgadas de subjetivismo enfermizo de conductas mesiánicas y redentoras, y ahí sí estaremos yendo del dicho al hecho y tal vez del hecho al derecho, pero de verdad.
Del dicho al hecho y del hecho al derecho, lo que no es totalmente un sofisma que valga la pena para nosotros más allá de cómo suena, porque los argentinos andamos siempre con discursos y acontecimientos que son muy dispares entre sí, los discursos que pergeñamos y los acontecimientos que pasamos que en muy escasas ocasiones están encauzados en las normas, eso quiere decir que andamos corriendo por atrás de condiciones que nosotros mismos nos ocupamos por lo menos de escribir pero muy pocas veces de cumplir como debe ser la Constitución por ejemplo y todas las demás leyes que a partir de ella se hicieron con el paso de los años, y pega la figura que andamos corriendo por atrás porque es como que hacemos mal las cosas y después mucho después nos damos cuenta cuando no hay más posibilidades de que sean diferentes, disposiciones e instrucciones que tenemos para dar y para prestar y no para cumplir que de eso ni hablar, normas manuales de procedimientos reglas expedientes leyes decretos resoluciones o actos administrativos o memorándums, escritos y expuestos en incontables escenarios que no se corresponden entre sí en el sentido de guardar reciprocidad entre ellos una equivalencia aceptable en el sentido de acortar las inconmensurables distancias que a veces hay entre lo que se dice y lo que se hace, o entre lo que se dice y lo que se debe hacer o entre lo que se dijo y lo que se debería haber hecho que es lo realmente importante, porque por acá andamos y decimos una cosa y hacemos otra como si a nadie le importara o como si a cualquiera le diera lo mismo, que de hecho ni de derecho nadie nos reprende ni nos confirma ni siquiera nos corrige lo que es un síntoma grave porque hasta quiere decir que nos ninguneamos entre nosotros mismos entre los que somos iguales en infinidad de aspectos y entre los que no tenemos diferencias sustanciales, lo que puede ser una buena estrategia cuando nos conectamos con los de afuera y pretendemos confundirlos, pero nada bien para los de adentro ni para nosotros ni para los otros, porque los de afuera con ese motivo pueden seguir colonizándonos de las unas y mil y un maneras en que nos colonizan desde hace una pila de años, antes con espejitos y la biblia y hoy con sanatas que suenan lindo como las zonceras de greenpeace y los declarados patrimonios de la humanidad de organismos internacionales manejados por gerentes que responden a otros amos y que aceptamos pasiva y mansamente para que vaya a saber cuándo se les de las ganas y con ese rótulo se apropien de nuestros recursos naturales, y porque los de adentro alguna vez debemos recuperar esa autoestima que perdimos casi desde que perdimos la moneda nacional y ponernos en el lugar del otro aunque no sea una obligación sería bueno que comenzáramos a hacerlo al lado del compatriota del hermano ciudadano como cualquiera de nosotros, desplazamientos de los rumbos que debíamos tomar y no tomamos y que tanto nos destrozaron los que alternativamente los inventan o los que nos van gobernando, unas veces los de facto y otras veces los de la estirpe que por lo general aparecieron y aparecen con los militares con todas o parte de la fuerzas armadas, los que precisamente afirman con bastante frecuencia que no se limpian la boca con la república o con lo que nuestra patria está condenada al éxito y otras expresiones de intelectuales estúpidas, pero que en términos caricaturescos fueron o son mejor casi la misma lacra para el país que tenemos, y que junto a nosotros siguen en esta loca e inútil aventura de buscar un terruño que no existe o que muchos queremos que no exista porque existe solamente lo que consideramos unilateralmente que debe existir como si fuéramos todopoderosos, mientras las nuevas generaciones o algunos de los que forman esas generaciones que son nuevas apareciendo en el horizonte de este planeta, los más avispados, nos miran como si fuéramos sapos de otro pozo cuando somos del mismo pozo de ellos y encima no pueden saber hoy y muy bien del estado en el que se lo estamos dejando en ese pozo que por convención algunos llaman el mundo y otros por acá llaman el país que tenemos aunque a veces parezca que es el que queremos tener o quieren hacernos creer que debe ser el que queremos tener, que no es para nada bueno, este pago acotado que tenemos como si hubiéramos estado sentados sobre un péndulo en todo este último tiempo, por estos lados los que vivimos por estos lados hemos estado yendo de un punto a otro de dos extremos que como imanes del mismo electromagnetismo se rechazan, como si nada nos pasara, yendo del hecho al derecho, y no del derecho al revés como indica la lógica de los que hace rato le puedan haber encontrado el agujero al mate de vivir todos por acuerdos que nos resuman y nos contengan pero a todos con la menor cantidad de diferencias, que es lo que se deduce mirando desde lejos la experiencia de los países o territorios que están en otra más tranquilos y que la tienen muy clara eso de vivir en paz y con tolerancia.
Del dicho al hecho y del hecho no estoy muy seguro que lleguemos al derecho que eso todavía está por verse aunque ya estemos en el portal del año diez de este siglo al cual algunos están viendo como el reservorio potencial de las cosas que es evidente que nos faltan y que iremos necesitando en los próximos años como el agua o los combustibles volviendo a los preciados patrimonios de la humanidad de los mismos vivos que en siglos pasados pasaron por aquí depredando, de las cosas que ya hoy son muy reales en otras latitudes como la inseminación artificial o la manipulación genética, mientras otros, como nosotros lo estemos viendo todavía como el tiempo de las rencillas no solamente políticas sino también de ideologías que dejaron de ser hace ya mucho tiempo aunque esos credos tengan manifestaciones muy novedosas como es el caso de esos que se animan bajo la figura o la sombra de un tipo que hace más de cien años pensó en la integración y no en la desintegración de la América, Bolívar que si los viera actuar en su nombre por lo menos vomitaría. Está por verse cuánto tiempo más iremos resistiendo con nuestros precarios sistemas en manos de Mesías auto nominados desmesurados y terrenales, y millonarios porque eso sí son inmensamente millonarios especialmente durante la gestión y obviamente cuando la terminan con no más de dos o tres excepciones que entraron y salieron con una mano atrás y otra adelante, tipos de carne y hueso que se creen inmortales y en nombre de eso llevan adelante los atropellos más impensables, porque se trata de tiempos muy diferentes y que probablemente no nos ayudarán como en otras ocasiones a forjar nuestros destinos porque justamente esos a los que vamos a buscar como si fueran nuestros padres cada vez que nos sobrepasa algún problema, son los mismos que están ya medio cansados que después de eso los usemos como forros de nuestras desventuras amparándonos en la tibieza de su fuerte constitución institucional, algo que nosotros no tenemos y que es para envidiarles y que es probable que no tengamos en mucho tiempo porque es como que caminamos en la dirección opuesta con eso de decir y no hacer lo que decimos, porque si bien cambiamos de ritmos o de música no cambiamos de orquesta, suceso que sería muy interesante que se nos diera para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras identidades perdidas que si las perdimos qué podremos decir de nuestros porvenires que son cosas que tienen que ver una con la otra porque no se inventa un país no se hace una patria no se construye una nación ni se afirma una república con la simple voluntad una expresión de deseos o un simple chasquido de dedos, para ver si por ese lado de la novedad encontramos nuestras coincidencias nuestras consonancias y resonancias que perdimos por completo vaya uno a saber en qué instante de los casi setenta y cinco mil días que tenemos.
Del dicho al hecho, y del hecho al derecho porque ahí nomás de andar naciendo dijimos elegimos el derecho entre los meses de mayo y de julio de esos años diez y dieciséis del siglo diecinueve y ahí nomás sin mayores tardanzas, o demora alguna para nada que no fuera marcarles la cancha a los españoles y a los ingleses o a cualquiera de los que por entonces tuvieran sentimientos hostiles o negocios interesantes como para compartirlos, comenzamos con la repetida vuelta de esa rueda esta de la historia de los militares en algunos años y de los civiles en otros años, como si fuera de lo más natural que los primeros estaban preparados para gobernarnos mejor que los civiles que por lo que se ha venido viendo hasta ahora tampoco estaban preparados para gobernarnos considerando la forma en que nos vienen tratando, esto es ser condescendientes y extremadamente buenos con nosotros en las épocas en que necesitan nuestros votos e ignorarnos cuando comienzan con el proceso de llenarse los bolsillos de los dineros del pueblo que por eso pasa a ser el dinero de unos cuantos pero que evidentemente son muchos menos de los que constituyen el pueblo. Y así con la denominación de antinomias como si se tratara de comedias pasamos de directorios a la organización nacional, de unitarios a federales, de rojos a azules, de conservadores a radicales, de radicales a anarquistas de anarquistas a socialistas de socialistas a peronistas de peronistas de radicales a peronistas, mientras que generales, capitanes y hasta mayores o simples suboficiales se animaron a pensar que éramos tan blandos que nos podían someter como se somete es de imaginar a una dama delicada, o a un soldado y conscripto al que se somete a saltos de rana, diana o picana eléctrica, con el paraguas del comunismo o el imperialismo apátrida que suenan más o menos lo mismo como excusas sin sustento. Del dicho al hecho porque decimos que debemos andar por el derecho pero no pasan más de un par o a lo sumo tres décadas que ya andamos todos viendo analizando y hablando de los argumentos que justifiquen nuestras más oscuras reacciones esas que tienen que ver con tener patoteros en vez de gobernantes y si tienen uniforme mejor porque nos da como un miedo inmanejable o sentimos la morbosa inclinación de sentir que estamos más seguros y que somos más maleables cuanto más elementos de coacción hay dando vueltas por la administración que fuera, porque de esto no se salva ninguno por lo menos de los conocidos desde el año treinta del siglo veinte en adelante.
Por esos años es que comenzamos con esa sintomatología con ese síndrome con ese síntoma con esa señal de nuestra genética social que se expresa en eso de sacar un gobernante elegido democráticamente por el pueblo y poner a otro elegido por unos cuantos que entonces fueron conservadores más que otro tipo de políticos, aristócratas criollos constituidos a la sombra de los oficios que tuvieron sus padres o sus abuelos, durante la sangrienta campaña del desierto que a los indios les significó desarraigos y persecuciones, y a ellos pasar de inmigrantes varones hispanos, muchos de ellos oficiales del ejército, de hijos o nietos de inmigrantes varones hispanos, a ser propietarios de la tierra que a los otros se les quitaba porque eran la barbarie los indios que habían llegado antes que nadie pero eso no importaba a la otra parte que por exclusión se denominaba la civilización, génesis de la inmensa y más importante grieta, diáspora que dejamos abierta de allí en adelante y para toda una posteridad que no supo remediarla, la más angustiante y profunda antinomia que de allí en adelante separaría irremediablemente nuestras posibilidades de redención, tipos que recibían aquello como pago por los bienes rematados o por los servicios prestados, como las monturas, las botas, los alimentos, kilos y kilos de pertrechos que ellos ponían en manos del ejército argentino recibiendo a cambio pagos en especie que nada más ni nada menos eran escrituras o títulos de propiedad de leguas y leguas al cuadrado del inmenso territorio que como le pasaría casi a lo largo de toda su historia estaba supeditado a confrontaciones fraticidas, yendo en consecuencia de un lado a otro entre los extremos de gobiernos civiles a gobiernos de los militares.
Y continuamos inmutables como somos incorregibles como decía Borges, cronopios y famas como nos decía Cortázar, a las cosas como nos instó Ortega y Gasset por no decirnos otra cosa, pequeños enanos fascistas como nos dijo la Fallacci, manga de ladrones como nos dijo Batlle o inevitables como digo yo, acumulando broncas no resueltas logros casi ninguno disputas insalvables secesiones inacabables civiles y religiosas y también militares porque en medio de las otras comenzaron a manifestarse los golpes a los golpes, como si se tratara de asonadas fácticas de avances fácticos, de civiles pelando con civiles y militares peleando con militares con la misma bandera el mismo himno y la misma escarapela, unos pocos cambiando de banda y otros muchos de bando en cuanta oportunidad se nos va presentando o en cuanta oportunidad se nos va dando de cambiar de color como el camaleón sea del color del ropaje que se nos ve como del corazón que no se nos ve pero que no es muy complicado deducir si es blanco o es negro, pasando por vaya saber cuántos presidentes y cuántas autoridades civiles y militares abren y cierran períodos de gobiernos que por el promedio mencionado para nada son ordinarios sino simplemente extraordinarios en un sentido o en otro, autoridades funcionarios secretarios directores nacionales transformados en burócratas en una mezcla más que explosiva pero invisible que solamente se puede medir por lo mal que nos va con unos pocos que están bien y muchos que estamos mal, porque en realidad cuando aparecieron algunos ciclos normales las que tendieron a perpetuarse fueron las personas investidas que para los que conocemos no hace ni falta nombrarlas, militares a civiles en el denigrante promedio de más o menos un presidente cada 2,4 años lo que para cualquiera que nos observe no significa precisamente un sinónimo de estabilidad, de fortaleza o de firmeza, encandilados por los mismos que nos deslumbran primero para desencantarnos después para volver a ilusionarnos y a desanimarnos, como en el trayecto de esos largos años del cuarenta y del cincuenta cuando Perón nos dio la posibilidad a muchos de pertenecer a las clases medias por reivindicaciones que tocaron a nuestros abuelos o a nuestros padres, saturados de alpargatas antes que de libros, jugados con las pelotas de los campeonatos Evita y festejados con las sidras y los pan dulce de cada navidad o año nuevo que por entonces pasamos antes de llegar al carnaval que terminamos siendo.
Con esas intermitencias que tanto nos caracterizan, interrupciones no solamente de las decisiones que se ven en la superficie sino también de las decisiones que no se aprecian a simple vista pero que definen lo que somos, las que determinaron lo que fuimos las que determinarán lo que seremos, porque lo que con forma o sin forma son temas caros y sensibles como la educación en cualquiera de sus niveles en cualquiera de sus expresiones, como nuestras cuestiones sanitarias y de salud que hacen a la propia vida que pocos valoramos en su magnitud verdadera, como otras cuestiones no tan menores como nuestras producciones y exportaciones las importaciones, nuestros ahorros magros discontinuos y raros que no conocemos desde la libreta de la caja nacional, asuntos y cuestiones que nos trastornan y nos transforman que nos protegen que nos exponen, y que en forma irreversible ha significado que los pobres seamos cada vez más pobres y que los ricos sin problemas más ricos y evadan impuestos y estafen y mientan solos o ayudados y en connivencia con estos que cambian para hacerse más poderosos pero con el aspecto de otarios hasta que la muerte los alcance de alguna manera bajo la forma de deceso natural o de deceso por la mano de los hombres de los mismos hombres que los elegimos que si no los votamos los elegimos a la fuerza como ellos acceden al poder y de todas maneras porque somos unos disconformes y unos energúmenos, pobres todos pero de espíritu nacional y legítimamente popular, que al final no sabemos muy bien de nosotros y por eso mismo de nadie de afuera, interrupciones de procesos que deberían ser naturalmente normales que no solamente nos detienen sino que nos hacen retroceder todo el tiempo, fines que en otras ocasiones hayamos podido alcanzar porque obviamente no siempre andamos haciendo como el pato tanta porquería en tiempos cortos e infinitesimales. Jurando como se jura cuando se jura en los estados de derecho y en los estrados de la calle ordenando y haciendo ordenar de prepo como se ordena en las ocasiones de períodos marciales porque en otras sólo en apariencias hay manifestaciones civiles que son tan de facto como las otras que son puras y militares, y en esas ocasiones son peores las represalias y las peleas porque los jefes son matones lo que quiere decir que cuentan con otros códigos otras tácticas y otras estrategias que por ser de comunes burgueses son más vulgares, y también con otros ejércitos más difíciles de conocer y de reconocer porque los soldados no andan con uniformes ni entrenamientos encima, sino vestidos como nosotros y confundidos en la multitud como caminamos todos cada día cuando iniciamos nuestras jornadas cuando entremezclados con estos que nos gobiernan acertamos y nos equivocamos una y otra vez con esto del hecho y del derecho.
Así entramos en esa larga noche en esa inmensa oscuridad que algunos llamaron el proceso de reorganización nacional y otros con el tiempo la dictadura, una dictadura relativa porque mal que le pese a más de uno que no quiere acordarse de sus errores por lo menos con la misma intensidad que se acuerda de sus presuntos aciertos, fue un gobierno de milicos aplaudido por la gente llamada opinión pública llamada la conciencia social llamada la soberanía popular y cuántas denominaciones que se utilizaron para ubicar a esas reacciones desproporcionadas de la gente contra la gente y sobre las cuales la misma gente no decía nada y si decía era mas para apoyar las desproporciones que para denostarla, de argentinos que peleaban contra argentinos igual que continuamos peleándonos ahora sin mayores diferencias, por eso somos tan fáciles y previsibles para los que nos ven desde afuera, las diferencias de patriotas contra patriotas insalvables por lo que parece porque no nos damos cuenta pero desde hace mucho tiempo que somos acaparadores y chabones según el lunfardo a los que no nos gusta que nos digan lo que debemos hacer aunque eso que hacemos lo hagamos en contra de la gente que es como decir que lo hacemos en contra de nosotros mismos, actitudes inéditas y no repetidas en otras culturas, las discrepancias de facciosos contra facciosos, de intolerantes e indolentes que en la superficie pretendemos aparecer como generosos y dinámicos.
Y así salimos y entramos docenas, decenas de veces, de gobiernos de facto a gobiernos supuestamente democráticos porque en realidad son autocracias, dictaduras jugadas sucias aunque ocurrentes de oligarquías en ascenso, pero lo más grave es lo que llevamos adentro, en realidad no nos gustan ni los unos ni los otros nos gustamos a nosotros mismos como debería ser según el principio bíblico de quererse a asimismo pero que no es para exagerar porque en la exageración es adonde nos dañamos, la democracia nos gusta, decimos lo buena que es pero la democracia a la carta y a la carta de nosotros, porque en el día a día somos prepotentes e exagerados que embromamos a todo el mundo culpando a todo el mundo de los males que nos aquejan, cortando puentes y calles por donde sea, suprimiendo los derechos de otros que no tienen ni siquiera semejanza con nosotros en sus urgencias y necesidades, embromando el trabajo de los otros porque embromaron otros con nuestro trabajo como si la forma de cortar los resentimiento y los problemas fuera exacerbarlos hacerlos pero de lo que son, mientras lo sea para nosotros y nuestro grupos de amigos y no nos gusta cuando comienza a tocarnos intereses que no son tan especiales, no nos gustan los que piensan diferentes, por ese hecho los declaramos enemigos, en cualquier tema vivimos con viejas y anquilosadas dicotomías antinomias, diferencias, de mersas a conchetos, de ricos a pobres de villeros a urbanos, de empresarios a obreros, de vivos a tontos, no nos gusta nada que sea diferente a nosotros porque estamos muy cómodos con nuestro lugar de ombligos del planeta pero ombligos voluntaristas y voluntarios que damos asco sintiendo asco de todo, a los niños, a los veteranos, a los que tienen más suerte de la que tenemos nosotros, y también a los que tienen menos suerte a los que pretendemos hacerles creer que es culpa del que nos creó el que ellos estén regular o mal en esta tierra. Y llevamos esta condena en la cabeza, el cargo de conciencia nos pesa como nos pesan los kilos y kilos de equivocaciones que tuvimos y seguiremos teniendo si no cambiamos, si no les decimos a los que nos siguen que ellos no deben equivocarse como nosotros, que si no equivocamos nosotros ya fue, fuimos pero ya está vamos a otra argentina, a una argentina más auténtica, en la que las cuestiones sean genuinas sin mentiras intermedias sin dobles interpretaciones o versiones sesgadas de subjetivismo enfermizo de conductas mesiánicas y redentoras, y ahí sí estaremos yendo del dicho al hecho y tal vez del hecho al derecho, pero de verdad.
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cuentos del abuelo que no son más que cuentos que se van copiando a lo largo del tiempo
MIAMI.- Uno tiende a pensar que las canciones infantiles no son otra cosa que tradición oral de origen incierto, convertida en dominio público y, como consecuencia, creaciones exentas de todo reclamo propietario.
"Sobre el puente de Avignon", por ejemplo, es una canción francesa del siglo XV y alude al famoso puente medieval de Saint-Benézet, que se extendía sobre el Ródano. Y "Mambrú se fue a la guerra" fue compuesta en 1709, tras la Batalla de Malplaquet, donde Gran Bretaña y Francia se enfrentaron para dirimir la sucesión española. El Mambrú en cuestión era el duque de Marlborough, a quien los franceses creían muerto.
Pero nadie conoce la identidad de sus creadores y en algunos casos, como el de Mambrú, se sospecha que se trata de una melodía originalmente árabe, que llegó a Francia con las cruzadas.
No es el caso de "Happy Birthday To You" ("Feliz cumpleaños"), considerada por el libro Guinness de récords la canción más popular del mundo, entonada en los más variados niveles de disonancia y en una multitud de lenguas en aniversarios de bebes, adultos y ancianos, incluida en cajas de música, teléfonos celulares y tarjetas de aniversario, llevada al espacio como uno de los testimonios de la cultura del planeta Tierra y memorablemente cantada por Marilyn Monroe el 19 de mayo de 1962 (78 días antes de su suicidio) a su amante, el presidente John F. Kennedy, en una celebración multitudinaria en el Madison Square Garden.
"Happy Birthday To You" no sólo tiene un origen comprobado, sino que además tiene dueño y copyright, y es objeto de una fascinante batalla legal por lo que podría representar unos 2.000.000 de dólares anuales en concepto de derechos de autor.
La historia comienza en 1893, cuando las hermanas Mildred y Patty Smith Hill, maestras jardineras de Kentucky, confeccionaron un libro titulado Cuentos cantados para el j ardín de infantes, que fue publicado por la editorial Clayton F. Summy Co., de Chicago.
La primera canción del libro se titulaba "Buenos días a todos", pero durante un cumpleaños del que las hermanas participaron, Patty sugirió cambiar la letra de la canción por "Happy Birthday To You", como una manera de homenajear a la niña que ese día celebraba su aniversario.
Esto es, en realidad, lo que se supone, porque no existe documentación que establezca que la letra de "Happy Birthday To You", de apenas cuatro líneas, sea efectivamente autoría de Patty Smith.
En marzo de 1924, un editor llamado Robert H. Coleman publicó una versión de "Buenos días a todos", que incorporaba la letra de "Happy Birthday" como alternativa. Con el advenimiento del cine y de la radio, la canción alcanzó una extraordinaria popularidad.
En 1931, fue incluida en el musical The Band Wagon , de George S. Kaufman y Howard Dietz, que protagonizaron Fred Astaire y su hermana, Adele, y dos años más tarde, cuando la Western Union lanzó su primer telegrama cantado, eligió "Happy Birthday To You" como su primera canción.
Fue, precisamente, en 1933, cuando Irving Berlin volvió a usar la canción en su comedia musical As Thousands Cheer ( Mientras miles vitorean ) que Jessica Hill, la tercera de las hermanas Hill, decidió emprender acciones legales.
Tras demostrar la similitud entre la canción original y "Happy Birthday To You", Jessica Hill logró que una corte la autorizara a registrar la nueva versión, que obtuvo un copyright en 1934.
La compañía Summy de Chicago publicó la canción en 1935. Según la legislación en vigor, los derechos debían expirar en 28 años, pero el acta del derecho de autor sancionada en 1976 los extendió hasta 2010. Y en 1998, a propósito de una disputa en torno de una canción de Sonny Bono, la Corte Suprema norteamericana añadió 20 años más al derecho de autor, lo que prolongó el copyright sobre "Happy Birthday To You" hasta 2030.
Algunos expertos, como Robert Brauneis, de la Universidad George Washington, argumentan que si bien los méritos para registrar una canción popular son válidos, en el caso de "Happy Birthday To You", los argumentos se ven anulados por la inexistencia de pruebas fehacientes acerca de quién escribió la letra de la canción.
Si todo esto hace dudar al lector acerca de la conveniencia de cantar "Happy Birthday" la próxima vez que algún familiar cumpla años, a riesgo de que aparezca alguien de Sadaic a reclamar los royalties, tranquilícese. Las demandas sólo se aplican a la explotación comercial de la canción, no a las fiestas familiares.
(tradición conocida gracias a mario diament en una nación de 2009)
"Sobre el puente de Avignon", por ejemplo, es una canción francesa del siglo XV y alude al famoso puente medieval de Saint-Benézet, que se extendía sobre el Ródano. Y "Mambrú se fue a la guerra" fue compuesta en 1709, tras la Batalla de Malplaquet, donde Gran Bretaña y Francia se enfrentaron para dirimir la sucesión española. El Mambrú en cuestión era el duque de Marlborough, a quien los franceses creían muerto.
Pero nadie conoce la identidad de sus creadores y en algunos casos, como el de Mambrú, se sospecha que se trata de una melodía originalmente árabe, que llegó a Francia con las cruzadas.
No es el caso de "Happy Birthday To You" ("Feliz cumpleaños"), considerada por el libro Guinness de récords la canción más popular del mundo, entonada en los más variados niveles de disonancia y en una multitud de lenguas en aniversarios de bebes, adultos y ancianos, incluida en cajas de música, teléfonos celulares y tarjetas de aniversario, llevada al espacio como uno de los testimonios de la cultura del planeta Tierra y memorablemente cantada por Marilyn Monroe el 19 de mayo de 1962 (78 días antes de su suicidio) a su amante, el presidente John F. Kennedy, en una celebración multitudinaria en el Madison Square Garden.
"Happy Birthday To You" no sólo tiene un origen comprobado, sino que además tiene dueño y copyright, y es objeto de una fascinante batalla legal por lo que podría representar unos 2.000.000 de dólares anuales en concepto de derechos de autor.
La historia comienza en 1893, cuando las hermanas Mildred y Patty Smith Hill, maestras jardineras de Kentucky, confeccionaron un libro titulado Cuentos cantados para el j ardín de infantes, que fue publicado por la editorial Clayton F. Summy Co., de Chicago.
La primera canción del libro se titulaba "Buenos días a todos", pero durante un cumpleaños del que las hermanas participaron, Patty sugirió cambiar la letra de la canción por "Happy Birthday To You", como una manera de homenajear a la niña que ese día celebraba su aniversario.
Esto es, en realidad, lo que se supone, porque no existe documentación que establezca que la letra de "Happy Birthday To You", de apenas cuatro líneas, sea efectivamente autoría de Patty Smith.
En marzo de 1924, un editor llamado Robert H. Coleman publicó una versión de "Buenos días a todos", que incorporaba la letra de "Happy Birthday" como alternativa. Con el advenimiento del cine y de la radio, la canción alcanzó una extraordinaria popularidad.
En 1931, fue incluida en el musical The Band Wagon , de George S. Kaufman y Howard Dietz, que protagonizaron Fred Astaire y su hermana, Adele, y dos años más tarde, cuando la Western Union lanzó su primer telegrama cantado, eligió "Happy Birthday To You" como su primera canción.
Fue, precisamente, en 1933, cuando Irving Berlin volvió a usar la canción en su comedia musical As Thousands Cheer ( Mientras miles vitorean ) que Jessica Hill, la tercera de las hermanas Hill, decidió emprender acciones legales.
Tras demostrar la similitud entre la canción original y "Happy Birthday To You", Jessica Hill logró que una corte la autorizara a registrar la nueva versión, que obtuvo un copyright en 1934.
La compañía Summy de Chicago publicó la canción en 1935. Según la legislación en vigor, los derechos debían expirar en 28 años, pero el acta del derecho de autor sancionada en 1976 los extendió hasta 2010. Y en 1998, a propósito de una disputa en torno de una canción de Sonny Bono, la Corte Suprema norteamericana añadió 20 años más al derecho de autor, lo que prolongó el copyright sobre "Happy Birthday To You" hasta 2030.
Algunos expertos, como Robert Brauneis, de la Universidad George Washington, argumentan que si bien los méritos para registrar una canción popular son válidos, en el caso de "Happy Birthday To You", los argumentos se ven anulados por la inexistencia de pruebas fehacientes acerca de quién escribió la letra de la canción.
Si todo esto hace dudar al lector acerca de la conveniencia de cantar "Happy Birthday" la próxima vez que algún familiar cumpla años, a riesgo de que aparezca alguien de Sadaic a reclamar los royalties, tranquilícese. Las demandas sólo se aplican a la explotación comercial de la canción, no a las fiestas familiares.
(tradición conocida gracias a mario diament en una nación de 2009)
boludeces de humor negro que circulan
por el ciberespacio y por la calle
Hay un tipo gangoso sentado en un banco del Central Park de Nueva York,
en la noche de Nochebuena, cuando de pronto se acerca una dama y se
sienta a su lado. El tipo, que andaba solo, para romper el hielo le dice:
- ¡Ghola!
- ¡Ghola!
- ¿Ghos tanguien shos gangosa...?
- Shi.
- ¿Y haglás Eskañol?
- Shi.
- ¡Lo único que te jaltaria esh sher Arlgentina!
- Shi, shoy Arlgentina.
- ¡Uy! ¡Qué shuerte! ¡Yo tamguien shoy Arlgentino! Yo eskaba solo acá
shentado hoy que esh noche guena y jhusto akareciste vosh que tamguien
shos gangosa y Arlgentina. ¿Que te karece shi hacemos algo...?
- Gueno, ashi ninguno de los dosh she queda sholo.
Entonces se van los dos a cenar. Empiezan a charlar, a conocerse y se van
a pasar la Nochebuena en un Hotel. Se encaman, y luego de unas horas de
sexo, lujuria y placer se produce la siguiente conversación:
- Oguime, le dice la chica, tengho que confesharte algho.
- ¿Qué esh?
- Tengho Sida...
- ¡Ah...! ¡Güenísimo! ¡ ¡Yho tengho Pan Dulce!
Hay un tipo gangoso sentado en un banco del Central Park de Nueva York,
en la noche de Nochebuena, cuando de pronto se acerca una dama y se
sienta a su lado. El tipo, que andaba solo, para romper el hielo le dice:
- ¡Ghola!
- ¡Ghola!
- ¿Ghos tanguien shos gangosa...?
- Shi.
- ¿Y haglás Eskañol?
- Shi.
- ¡Lo único que te jaltaria esh sher Arlgentina!
- Shi, shoy Arlgentina.
- ¡Uy! ¡Qué shuerte! ¡Yo tamguien shoy Arlgentino! Yo eskaba solo acá
shentado hoy que esh noche guena y jhusto akareciste vosh que tamguien
shos gangosa y Arlgentina. ¿Que te karece shi hacemos algo...?
- Gueno, ashi ninguno de los dosh she queda sholo.
Entonces se van los dos a cenar. Empiezan a charlar, a conocerse y se van
a pasar la Nochebuena en un Hotel. Se encaman, y luego de unas horas de
sexo, lujuria y placer se produce la siguiente conversación:
- Oguime, le dice la chica, tengho que confesharte algho.
- ¿Qué esh?
- Tengho Sida...
- ¡Ah...! ¡Güenísimo! ¡ ¡Yho tengho Pan Dulce!
ADN
ADN, los derechos y los ácidos. No sé mucho de los derechos a darse cuenta de que la privacidad es la privacidad y ninguna ley puede cambiar de una entidad de este tipo fuera de la condición humana, o la cosmética o la justificación de un derecho natural e inherente a lo esencial de nuestra más pura naturaleza, y que esto es como un apoyo a la vida antes de que otros principios, si uno trató de construir un sistema o establecer prioridad sobre lo que está aguas arriba o aguas abajo en este autodeterminada, y con independencia de tema o la implicación de otra u otras personas en esta iniciativa. Por supuesto, las líneas que marcan los espacios reales y virtuales en todo esto son muy indefinida ya veces hace que el avance hacia lo que aún no se sabe si se hiciese lo que con la eutanasia, o en un extremo opuesto a incurrir en errores extraordinarios como privar a alguien de libertad no recordar el número de identificación de la memoria o su look hippie de desgracia como lo fue para la Argentina en los años setenta. La intimidad es la intimidad y creo francamente que debemos estar de acuerdo - no palabrería - la mayoría de las personas que habitan este planeta, pero privacidad que no debe confundirse con el privado, como parte de nuestra personalidad es constitutiva, pero no es determinante de nuestra función social se despliega en una amplia gama de posibilidades, y luego sucede que alguien quiere meterse con nuestra privacidad sin una petición o similares , también puede ser individual más o menos dispuestos a compartir nuestra intimidad con uno u otro o directamente a no compartir. El que fue violada, sin duda, es herido en sustancia, sino la sociedad en su sistema como se señaló en ese caso a quien la lesión y, en general condenando la actitud, pero no heridos alivio al que sufre y en todo caso sólo contiene el enigma nunca es recuperada por el individual y así es como entrar en el gran área de gris que existe en esta materia que va del negro al blanco, ya la tercera, que, como grupo lo resolvemos nuestras lesiones socialmente con los que obtenemos asuma que sufrió una lesión en su intimidad somos que no participan, lo hacemos a veces y otras no ?, ¿cómo lo que otros entienden que debemos comprometernos con la privacidad de los demás, especialmente cuando la persona no solicita o cuando lo solicite expresamente, o si la persona no lo hace? ¿Por qué habría de lo que otros quieren ser y no es lo que debería ser? ¿Está bien que otra carga generacional se convierte en uno que pertenece a otra generación? ¿Hay alguien en el sistema con la capacidad de sopesar las decisiones íntimas no es socialmente perjudicial, ¿alguien puede obligar a otro para alterar las decisiones subjetivas? Aunque las costumbres argentinas como nos inclinamos a menudo para tomar el lugar de los dioses intimidad es la intimidad, y aunque se encuentran con la base para los que no se ve bien para obligar a alguien compulsivamente directa o indirectamente a someterse a las pruebas de ADN para determinar su por caso o formular objeciones si hay razones que podrían desencadenar acciones, para asegurarse de que la decisión de convertir esas características cualquiera de los términos de la ecuación esa es nuestra inherente e inviolable espléndida privacidad, o la totalidad de sus términos. En cuanto a la integridad, en su resolución y si las normas que puedan estar en ese sentido la estatura de su propia probidad es primero una decisión individual y la privación y si uno es conjunto y también con su entorno que no es perjudicial, no hay razón alguien puede reclamar el derecho a oponerse, porque de la misma manera que podría desafiar lo que creemos es posiblemente el otro, evidentemente, más de un lío armar estilo argentino con piquete y todo, y razones más legítimos distintos de los que se hicieron sobre si son incompatibles con ellos mismos, y mucho menos si éstos pertenecen al anuncio para la afiliación de uno mismo. ¿Cuántos ejemplos de problemas no resueltos en nuestra sociedad es sólo porque la gente elige para preservar su integridad? Debido a la dignidad, porque la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes están en un nivel más alto que la evaluación externa de la honra o deshonra a sí mismo. ¿Es el voluntarismo honor individual una variable dependiente de otra u otras personas? Como el umbral de la identidad, es decir, antes mucho antes de la inexactitud probable de tercero para la medición de índices de audiencia muy personales y también por su forma de elección auto-mal es pre errores por proxy, tanto más si la información, comunicación o conocimiento se impregnan con un ácido rencor del árbitro.
copiando del álbum de belén; casa blanca
About Me
- inca paz
- Inca Paz también puede ser este ¿no?, de mi vida si te interesa preguntá, y sino todo bien
historia argentina contemporánea
Fernando Peña
29.03.2008
Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país... Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada. Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo” o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó. Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel. Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él. De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no. La saluda cordialmente,Fernando Peña
Inca Paz puede ser éste que nunca pertenecería a carta abierta
para la memoria y la libertad - ni una palabra más
Es habitual en los últimos tiempos encontrarse con intelectuales y artistas (y también con periodistas)que se dicen cansados de un periodismo crítico de los Kirchner. "Todos se han puesto de acuerdo para hablar mal del Gobierno", se escuchó decir hace poco a un reconocido escritor argentino. ¿Por qué no se cansaron cuando los periodistas criticábamos a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa, a Eduardo Duhalde y hasta a Raúl Alfonsín mismo, aunque en este último caso prevaleció siempre, es cierto, el natural cuidado de una democracia recién nacida? En realidad, aquellos fatigados confunden cansancio con coincidencia. Ellos están -y es su derecho- muy cerca del discurso del kirchnerismo, aun cuando les sea difícil unir discurso y realidad, a veces tan divorciados.
El problema no pasaría de ser un duelo inconcluso entre extenuados y resistentes si la solución que se ofrece no fuera extremadamente peligrosa. Lo que agota, dicen, es la opinión.
El periodismo debería limitarse a ser un transportador de informaciones asépticas y un comunicador de posiciones antagónicas con preponderancia de las oficiales, porque el Gobierno tiene la responsabilidad de conducir la nación política. Eso es lo que proponen. En castellano simple y directo: lo que buscan es un periodismo pasteurizado, integrado por mecanógrafos o relatores que deberían limitarse a contar una realidad compleja, impetuosa y cambiante. Imposible de digerir fácilmente, por lo tanto, para el ciudadano preocupado por las cosas rutinarias de su vida.
La primera contradicción surge cuando ninguno de aquellos fatigados alude a las opiniones que florecen en los huertos del kirchnerismo. Ministros, legisladores, periodistas amigos y hasta la Presidenta suelen opinar (¡y cómo!) sobre todo lo que les es adverso. Es, entonces, la opinión del periodismo independiente (sí, independiente) lo que cansa y estaría de más.
Resulta, sin embargo, que no hay una fórmula verdadera para el periodismo que no incluya su función crítica del poder. Un periodismo acrítico, esterilizado y descolorido no tiene ninguna razón para existir. Su posición crítica debe incluir, desde ya, a la oposición, en tanto ésta forma parte del poder actual o del poder futuro. Pero su función crítica (desde la opinión o desde la investigación) debe abarcar sobre todo al poder que gobierna la contingencia. La publicidad de los actos de gobierno corre por cuenta de los funcionarios y de los enormes recursos estatales para promocionarlos, distribuidos arbitrariamente en el caso que nos ocupa.
Un medio periodístico debe incluir también en sus páginas o en sus espacios la opinión (con la condición de que sea seria y responsable) de los que no coinciden con el punto de vista de ese medio de comunicación. La Nacion lo ha hecho hasta cuando se dio el debate por la nueva ley de medios: convocó a sus páginas a políticos e intelectuales que no coincidían con la posición editorial del diario. Es la obligación del periodismo. Pero el medio periodístico y los periodistas cuentan con el derecho ?y el deber? de tener una opinión determinada sobre los sucesos de la vida pública del país. ¿Acaso no dejaría de merecer el necesario respeto (y hasta carecería de la conveniente previsibilidad) un medio al que le diera lo mismo el derecho o el revés de las cosas, las políticas de un color o de otro y las buenas o las malas formas?
La opinión es libre, como dijo hace poco Cristina Kirchner, en una de sus pocas oraciones de aceptación de la libertad del otro. Con todo, el periodismo tiene algunos deberes junto con aquellos derechos. La información que sustenta su opinión debe ser veraz. El chequeo de las versiones es una práctica que jamás debe olvidarse y nunca debe prestarse a las detestables operaciones de prensa que el kirchnerismo frecuenta con más constancia que ningún otro grupo político. Honestidad personal y honestidad intelectual son los atributos que deben marcar el límite moral del periodismo. Es necesario también el cultivo de la coherencia: no hay nada más desconcertante para un lector desprevenido que un medio o un periodista que cambian sus opiniones en todas las esquinas de la vida.
En medio de ese debate, es perceptible la existencia de periodistas jóvenes que se preguntan si es conveniente coincidir con las opiniones de "la empresa" periodística en la que trabajan. Esto es nuevo y es viejo, al mismo tiempo. El kirchnerismo tiene una habilidad enorme para resucitar viejos fantasmas del pasado. Ese enredo muy antiguo entre la libertad de prensa y la "libertad de empresa" había dejado de existir hace más de treinta años.
Hagamos un ejercicio. ¿Por qué no cambiamos las preguntas? ¿Qué tiene de raro, por ejemplo, que un periodista concuerde con el medio en el que trabaja? ¿Acaso las empresas periodísticas no existen también gracias a la composición del buen periodismo? ¿Por qué esas empresas deberían tener, en los casos más notables al menos, intereses contradictorios con las mejores prácticas de la profesión? ¿No es preferible para este oficio de libertarios estar de acuerdo con un diario, donde pasamos parte de nuestras vidas, antes que con un gobierno de políticos pasteleros y fugaces?
La Argentina, en efecto, habita en el pasado. Ningún debate de los últimos meses ha llegado siquiera a la década del 80. ¿Qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía. Sólo los que vivieron bajo el peso aplastante y gris de una dictadura saben que no había muchas más cosas para defender que pequeñas cuotas de dignidad. Hagamos de nuevo preguntas desde otro lugar: ¿acaso los únicos periodistas dignos fueron los exiliados o los que se comprometieron firmemente con organizaciones insurgentes de la década del 70? Esa sería, si fuera así, una conclusión injusta, discriminatoria e inaceptable. Otra cosa tan inaceptable como aquélla es la decisión política del Gobierno de cambiar la historia de cada uno de los que considera adversarios.
La síntesis ha llegado a la farsa: o se está con Kirchner o se estuvo con la dictadura.
Feas armas se han usado en los últimos tiempos. A muchos periodistas no les gusta ser protagonistas de esas emisiones de maldad que se emiten por canales oficiales o paraoficiales.
Es cierto que es difícil cuando la vida cambia y ya no se puede caminar con tranquilidad por la calle porque se está a la espera de una agresión verbal o física. Y es más arduo aún aguantar en silencio la insistencia de la calumnia y de la falsedad, repetida hasta el cansancio por los portavoces oficiosos del Gobierno.
Lo único bueno de todo esto es que no hay atajos: habrá que armarse de paciencia, sin resignar los derechos ni los deberes del periodismo. Asumamos también el riesgo de solitarios que corremos en la vía pública. Un periodista con custodia a su alrededor abandona automáticamente su condición de periodista. Dejemos las aparatosas custodias para que se pavoneen los funcionarios y algunos políticos.
Una vez le pregunté a Néstor Kirchner, en esos diálogos de los columnistas con los presidentes que son mitad reservados y mitad públicos, en tiempos en que los periodistas éramos como somos ahora y el ex presidente no había desenfundado un revólver permanente contra nosotros (sólo lo hacía de vez en cuando), cómo imaginaba su destino después del poder. No estaba preparado para esa pregunta. Miró el techo, demoró la respuesta y, al cabo de unos segundos largos como la eternidad, contestó: "Quisiera poder caminar tranquilo por la calle y que la gente común me saludara con un «buen día, doctor». No quiero más que eso". Tal vez dijo sólo lo que él creía que el periodista quería escuchar, como acostumbraba hacerlo, pero si entonces fue sincero ha decidido ahora llevarse por delante aquel proyecto, hasta incinerar su propia ilusión.
© LA NACION
El problema no pasaría de ser un duelo inconcluso entre extenuados y resistentes si la solución que se ofrece no fuera extremadamente peligrosa. Lo que agota, dicen, es la opinión.
El periodismo debería limitarse a ser un transportador de informaciones asépticas y un comunicador de posiciones antagónicas con preponderancia de las oficiales, porque el Gobierno tiene la responsabilidad de conducir la nación política. Eso es lo que proponen. En castellano simple y directo: lo que buscan es un periodismo pasteurizado, integrado por mecanógrafos o relatores que deberían limitarse a contar una realidad compleja, impetuosa y cambiante. Imposible de digerir fácilmente, por lo tanto, para el ciudadano preocupado por las cosas rutinarias de su vida.
La primera contradicción surge cuando ninguno de aquellos fatigados alude a las opiniones que florecen en los huertos del kirchnerismo. Ministros, legisladores, periodistas amigos y hasta la Presidenta suelen opinar (¡y cómo!) sobre todo lo que les es adverso. Es, entonces, la opinión del periodismo independiente (sí, independiente) lo que cansa y estaría de más.
Resulta, sin embargo, que no hay una fórmula verdadera para el periodismo que no incluya su función crítica del poder. Un periodismo acrítico, esterilizado y descolorido no tiene ninguna razón para existir. Su posición crítica debe incluir, desde ya, a la oposición, en tanto ésta forma parte del poder actual o del poder futuro. Pero su función crítica (desde la opinión o desde la investigación) debe abarcar sobre todo al poder que gobierna la contingencia. La publicidad de los actos de gobierno corre por cuenta de los funcionarios y de los enormes recursos estatales para promocionarlos, distribuidos arbitrariamente en el caso que nos ocupa.
Un medio periodístico debe incluir también en sus páginas o en sus espacios la opinión (con la condición de que sea seria y responsable) de los que no coinciden con el punto de vista de ese medio de comunicación. La Nacion lo ha hecho hasta cuando se dio el debate por la nueva ley de medios: convocó a sus páginas a políticos e intelectuales que no coincidían con la posición editorial del diario. Es la obligación del periodismo. Pero el medio periodístico y los periodistas cuentan con el derecho ?y el deber? de tener una opinión determinada sobre los sucesos de la vida pública del país. ¿Acaso no dejaría de merecer el necesario respeto (y hasta carecería de la conveniente previsibilidad) un medio al que le diera lo mismo el derecho o el revés de las cosas, las políticas de un color o de otro y las buenas o las malas formas?
La opinión es libre, como dijo hace poco Cristina Kirchner, en una de sus pocas oraciones de aceptación de la libertad del otro. Con todo, el periodismo tiene algunos deberes junto con aquellos derechos. La información que sustenta su opinión debe ser veraz. El chequeo de las versiones es una práctica que jamás debe olvidarse y nunca debe prestarse a las detestables operaciones de prensa que el kirchnerismo frecuenta con más constancia que ningún otro grupo político. Honestidad personal y honestidad intelectual son los atributos que deben marcar el límite moral del periodismo. Es necesario también el cultivo de la coherencia: no hay nada más desconcertante para un lector desprevenido que un medio o un periodista que cambian sus opiniones en todas las esquinas de la vida.
En medio de ese debate, es perceptible la existencia de periodistas jóvenes que se preguntan si es conveniente coincidir con las opiniones de "la empresa" periodística en la que trabajan. Esto es nuevo y es viejo, al mismo tiempo. El kirchnerismo tiene una habilidad enorme para resucitar viejos fantasmas del pasado. Ese enredo muy antiguo entre la libertad de prensa y la "libertad de empresa" había dejado de existir hace más de treinta años.
Hagamos un ejercicio. ¿Por qué no cambiamos las preguntas? ¿Qué tiene de raro, por ejemplo, que un periodista concuerde con el medio en el que trabaja? ¿Acaso las empresas periodísticas no existen también gracias a la composición del buen periodismo? ¿Por qué esas empresas deberían tener, en los casos más notables al menos, intereses contradictorios con las mejores prácticas de la profesión? ¿No es preferible para este oficio de libertarios estar de acuerdo con un diario, donde pasamos parte de nuestras vidas, antes que con un gobierno de políticos pasteleros y fugaces?
La Argentina, en efecto, habita en el pasado. Ningún debate de los últimos meses ha llegado siquiera a la década del 80. ¿Qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía. Sólo los que vivieron bajo el peso aplastante y gris de una dictadura saben que no había muchas más cosas para defender que pequeñas cuotas de dignidad. Hagamos de nuevo preguntas desde otro lugar: ¿acaso los únicos periodistas dignos fueron los exiliados o los que se comprometieron firmemente con organizaciones insurgentes de la década del 70? Esa sería, si fuera así, una conclusión injusta, discriminatoria e inaceptable. Otra cosa tan inaceptable como aquélla es la decisión política del Gobierno de cambiar la historia de cada uno de los que considera adversarios.
La síntesis ha llegado a la farsa: o se está con Kirchner o se estuvo con la dictadura.
Feas armas se han usado en los últimos tiempos. A muchos periodistas no les gusta ser protagonistas de esas emisiones de maldad que se emiten por canales oficiales o paraoficiales.
Es cierto que es difícil cuando la vida cambia y ya no se puede caminar con tranquilidad por la calle porque se está a la espera de una agresión verbal o física. Y es más arduo aún aguantar en silencio la insistencia de la calumnia y de la falsedad, repetida hasta el cansancio por los portavoces oficiosos del Gobierno.
Lo único bueno de todo esto es que no hay atajos: habrá que armarse de paciencia, sin resignar los derechos ni los deberes del periodismo. Asumamos también el riesgo de solitarios que corremos en la vía pública. Un periodista con custodia a su alrededor abandona automáticamente su condición de periodista. Dejemos las aparatosas custodias para que se pavoneen los funcionarios y algunos políticos.
Una vez le pregunté a Néstor Kirchner, en esos diálogos de los columnistas con los presidentes que son mitad reservados y mitad públicos, en tiempos en que los periodistas éramos como somos ahora y el ex presidente no había desenfundado un revólver permanente contra nosotros (sólo lo hacía de vez en cuando), cómo imaginaba su destino después del poder. No estaba preparado para esa pregunta. Miró el techo, demoró la respuesta y, al cabo de unos segundos largos como la eternidad, contestó: "Quisiera poder caminar tranquilo por la calle y que la gente común me saludara con un «buen día, doctor». No quiero más que eso". Tal vez dijo sólo lo que él creía que el periodista quería escuchar, como acostumbraba hacerlo, pero si entonces fue sincero ha decidido ahora llevarse por delante aquel proyecto, hasta incinerar su propia ilusión.
© LA NACION
noticias de babel
cuando los hombres dejan de entenderse sobrevienen las guerras
BBC
La última persona que hablaba la lengua Bo en las islas indias de Andamán, murió a la edad de 85 años, dijo a BBC una lingüista.
La profesora Anvita Abbi aseguró que la muerte de la señora Boa Sr es un hecho de importancia porque uno de las lenguas más antiguas había llegado a su fin.
Agregó que India perdió una "irremplazable" parte de su herencia cultural.
Los dialectos que se hablan en las islas Andamán se cree que se originaron en África.
Algunas tienen incluso 70.000 años de antigüedad.
Las islas son llamadas con frecuencia "el sueño de los antropólogos", ya que son una de las zonas del mundo con mayor diversidad lingüística.
Se acabó
La profesora Abbi –directora del portal en internet "Vanishing Voices of the Great Andamanese"- explicó: "Tras la muerte de sus padres, hace treinta o cuarenta años, Boa era la última persona que lo podía hablar".
Agregó que "estaba casi siempre sola y tuvo que aprender una versión de hindi que se habla en las islas para poder comunicarse con otra gente".
"Sin embargo, siempre tuvo muy buen sentido del humor… su sonrisa era muy fresca y sus carcajadas eran contagiosas".
La lingüista dijo que la muerte de Boa Sr es una pérdida para los científicos que quieren investigar más acerca de los orígenes de las lenguas antiguas, ya que perdieron una pieza vital del rompecabezas.
Hay una creencia general de que los idiomas que se hablan en las islas Andaman pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos
Profesora Anvita Abbi
"Hay una creencia general de que los dialectos que se hablan en las Islas Andamán pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos". Dijo la profesora Abbi.
"Se piensa que en las Islas Andaman estaban nuestros primeros ancestros", agregó.
El caso de Boa Sr fue destacado también por el grupo Survival International (SI).
"La extinción de la lengua Bo significa que una parte única de la sociedad es ahora sólo una memoria", dijo el director de SI, Stephen Corry.
"Enfermedades importadas"
La profesora Abbi dijo que dos dialectos de las Islas Andamán han muerto en los últimos tres meses y que esto es un tema que causa gran inquietud.
Los académicos han dividido a las tribus de Andamán en cuatro grandes grupos: los Gran Andamaneses, los Jarawa, los Onge, y los Sentineleses.
La profesora Anvita Abbi se hizo muy amiga de Boa Sr.
La profesora Abbi explicó que la mayoría de los habitantes de las Islas Andamán –con excepción de los Sentineleses-, han estado en contacto con indígenas "de tierra firme" y que por eso sufren "enfermedades importadas".
Dijo que los integrantes del grupo de los Gran Andamaneses son alrededor de 50, la mayoría niños, y que viven en la isla Strait, cerca de la capital, Port Blair.
Boa Sr formaba parte de esta comunidad, que está conformada por varias subtribus, en donde se hablan al menos cuatro lenguas.
Los Jarawa cuentan con alrededor de 250 miembros, y viven en la selva, en el centro de Andamán.
La comunidad de los Onge se cree que tiene no más de varios cientos.
"Nunca se ha establecido ningún contacto humano con los Sentineleses, y hasta el día de hoy, se han resistido a cualquier intervención foránea", agregó la profesora.
El destino de los Gran Andamaneses es lo que más preocupa a los académicos, porque los miembros de esa tribu dependen del gobierno indio para sus alimentos y alojamiento, y el alcohol se consume en grandes cantidades
BBC
La última persona que hablaba la lengua Bo en las islas indias de Andamán, murió a la edad de 85 años, dijo a BBC una lingüista.
La profesora Anvita Abbi aseguró que la muerte de la señora Boa Sr es un hecho de importancia porque uno de las lenguas más antiguas había llegado a su fin.
Agregó que India perdió una "irremplazable" parte de su herencia cultural.
Los dialectos que se hablan en las islas Andamán se cree que se originaron en África.
Algunas tienen incluso 70.000 años de antigüedad.
Las islas son llamadas con frecuencia "el sueño de los antropólogos", ya que son una de las zonas del mundo con mayor diversidad lingüística.
Se acabó
La profesora Abbi –directora del portal en internet "Vanishing Voices of the Great Andamanese"- explicó: "Tras la muerte de sus padres, hace treinta o cuarenta años, Boa era la última persona que lo podía hablar".
Agregó que "estaba casi siempre sola y tuvo que aprender una versión de hindi que se habla en las islas para poder comunicarse con otra gente".
"Sin embargo, siempre tuvo muy buen sentido del humor… su sonrisa era muy fresca y sus carcajadas eran contagiosas".
La lingüista dijo que la muerte de Boa Sr es una pérdida para los científicos que quieren investigar más acerca de los orígenes de las lenguas antiguas, ya que perdieron una pieza vital del rompecabezas.
Hay una creencia general de que los idiomas que se hablan en las islas Andaman pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos
Profesora Anvita Abbi
"Hay una creencia general de que los dialectos que se hablan en las Islas Andamán pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos". Dijo la profesora Abbi.
"Se piensa que en las Islas Andaman estaban nuestros primeros ancestros", agregó.
El caso de Boa Sr fue destacado también por el grupo Survival International (SI).
"La extinción de la lengua Bo significa que una parte única de la sociedad es ahora sólo una memoria", dijo el director de SI, Stephen Corry.
"Enfermedades importadas"
La profesora Abbi dijo que dos dialectos de las Islas Andamán han muerto en los últimos tres meses y que esto es un tema que causa gran inquietud.
Los académicos han dividido a las tribus de Andamán en cuatro grandes grupos: los Gran Andamaneses, los Jarawa, los Onge, y los Sentineleses.
La profesora Anvita Abbi se hizo muy amiga de Boa Sr.
La profesora Abbi explicó que la mayoría de los habitantes de las Islas Andamán –con excepción de los Sentineleses-, han estado en contacto con indígenas "de tierra firme" y que por eso sufren "enfermedades importadas".
Dijo que los integrantes del grupo de los Gran Andamaneses son alrededor de 50, la mayoría niños, y que viven en la isla Strait, cerca de la capital, Port Blair.
Boa Sr formaba parte de esta comunidad, que está conformada por varias subtribus, en donde se hablan al menos cuatro lenguas.
Los Jarawa cuentan con alrededor de 250 miembros, y viven en la selva, en el centro de Andamán.
La comunidad de los Onge se cree que tiene no más de varios cientos.
"Nunca se ha establecido ningún contacto humano con los Sentineleses, y hasta el día de hoy, se han resistido a cualquier intervención foránea", agregó la profesora.
El destino de los Gran Andamaneses es lo que más preocupa a los académicos, porque los miembros de esa tribu dependen del gobierno indio para sus alimentos y alojamiento, y el alcohol se consume en grandes cantidades
la canción desesperada
en pedo querido neruda, en pedo
La canción desesperadaEmerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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La canción desesperadaEmerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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aunque nunca llegue, parís, aunque nunca mire tus calles
candela y maría belén; blogs
historias de camas
de diament
MIAMI.- Admitámoslo: si Hollywood hubiera tomado la historia del gobernador Mark Sanford y la hubiera llevado a la pantalla con Richard Gere y Julia Roberts, la gente habría necesitado una toalla para secarse las lágrimas.
¿Qué puede ser más conmovedor que una historia de amor alocado? El adusto gobernador de un estado igualmente adusto, casado con una mujer a cuya fortuna le debe su carrera, con cuatro hijos que puestos en fila trazan una perfecta diagonal, inesperadamente flechado por una porteña de ojos verdes.
¿Cómo contener el palpitar del corazón mientras escucha, como un murmullo distante, el parloteo de sus asesores? ¿Cómo desprenderse de las imágenes que obstinadamente se apoderan de su mente, desplazando cualquier otro pensamiento? Ella es el amor imposible, sí, pero también es el amor.
¿Quién puede sobreponerse al intenso aguijoneo de los recuerdos, a la memoria de la tierna sensación de sus besos, de la sensual curva de sus caderas, al contorno de sus pechos resplandeciendo en la penumbra?
¿Qué espíritu romántico podría dejar de admirar la osadía del gobernador de levantarse un buen día del sillón de su despacho, de la mesa cubierta de anteproyectos y decretos a la firma, de pliegos de presupuestos deficitarios e informes sobre seguridad interior, y dejarlo todo para correr hacia ella?
No le dijo nada a nadie. Nadie supo dónde estaba. Uno de sus asesores insinúa que el gobernador, agobiado por la presión de su trabajo, se ha ido a escalar las montañas Apalaches, como solía hacerlo cuando era chico.
Pero él está en otro lado, volando hacia una Buenos Aires invernal, sucia, intoxicada de debates sobre las inminentes elecciones.
Nada de esto lo amilana porque sabe que al final de ese purgatorio están las calles arboladas del barrio de Palermo, la puerta de cristal, la escultura en el vestíbulo de entrada, el portero somnoliento que baldea la vereda, el ascensor demasiado moroso y, finalmente, ella.
La cama retiene aún el calor de la noche y él se pierde en sus brazos, en sus labios, en el revuelo de su pelo y en las medias palabras que se emiten en el ardor de la pasión.
El amor, aunque efímero, ha triunfado. Mañana no importa. No importan la pretenciosa moralina de los periodistas, los desdeñosos comentarios de políticos rivales, el escándalo, la traición, el precipicio que se abre a sus pies. Nada de eso importa. El corazón ha triunfado.
Lástima que la realidad no tenga la armonía de la ficción literaria. Lástima que haya personajes tan perversos que sean capaces de apoderarse de un intercambio íntimo de correos electrónicos entre amigos y pasárselos anónimamente a la prensa. Lástima que hubo un periodista advertido esperándolo en el aeropuerto de Atlanta. Fin del encantamiento
Pero él no tiene derecho a lamentarse. Después de todo, cayó en el mismo error, debe reconocerlo, cuando cuestionó la "legitimidad moral" de Bill Clinton por su affaire con Mónica Lewinsky y reclamó su juicio político, o cuando criticó a un colega con una historia similar a la suya, diciendo que "violó el juramento a su esposa".
En este punto es donde Richard Gere desaparece y Mark Sanford retoma su rol. Aquí es donde el encantamiento se esfuma y lo que reaparece es la descarada institución del arrepentimiento político.
El gobernador hizo su mea culpa , como antes de él hicieron otros políticos. Las mismas palabras, la misma admisión de haber traicionado a todo el mundo. A su mujer, a sus hijos, a sus amigos, al electorado. Las conferencias de prensa son el confesionario de los funcionarios pecadores. Todo fue un desatino, una pérdida temporaria de la razón. El amor no importa. El corazón es un embaucador. Ahora lo comprende. Lo que importa es la misión, la fe religiosa, los deberes del funcionario.
Hubo otras desprolijidades, es cierto. El viaje anterior a la Argentina pagado con fondos públicos, el abandono de su función, el engaño respecto de su paradero. No exactamente la clase de comportamiento que uno esperaría de Richard Gere. Pero él se propone enmendar las faltas, reponer el dinero, ganar la absolución de su esposa, recuperar la confianza del público.
¿Qué pensará María, a solas en el departamento de Palermo, mirando a su amigo pedir perdón por televisión? ¿Pensará también que al amor es lo de menos?
MIAMI.- Admitámoslo: si Hollywood hubiera tomado la historia del gobernador Mark Sanford y la hubiera llevado a la pantalla con Richard Gere y Julia Roberts, la gente habría necesitado una toalla para secarse las lágrimas.
¿Qué puede ser más conmovedor que una historia de amor alocado? El adusto gobernador de un estado igualmente adusto, casado con una mujer a cuya fortuna le debe su carrera, con cuatro hijos que puestos en fila trazan una perfecta diagonal, inesperadamente flechado por una porteña de ojos verdes.
¿Cómo contener el palpitar del corazón mientras escucha, como un murmullo distante, el parloteo de sus asesores? ¿Cómo desprenderse de las imágenes que obstinadamente se apoderan de su mente, desplazando cualquier otro pensamiento? Ella es el amor imposible, sí, pero también es el amor.
¿Quién puede sobreponerse al intenso aguijoneo de los recuerdos, a la memoria de la tierna sensación de sus besos, de la sensual curva de sus caderas, al contorno de sus pechos resplandeciendo en la penumbra?
¿Qué espíritu romántico podría dejar de admirar la osadía del gobernador de levantarse un buen día del sillón de su despacho, de la mesa cubierta de anteproyectos y decretos a la firma, de pliegos de presupuestos deficitarios e informes sobre seguridad interior, y dejarlo todo para correr hacia ella?
No le dijo nada a nadie. Nadie supo dónde estaba. Uno de sus asesores insinúa que el gobernador, agobiado por la presión de su trabajo, se ha ido a escalar las montañas Apalaches, como solía hacerlo cuando era chico.
Pero él está en otro lado, volando hacia una Buenos Aires invernal, sucia, intoxicada de debates sobre las inminentes elecciones.
Nada de esto lo amilana porque sabe que al final de ese purgatorio están las calles arboladas del barrio de Palermo, la puerta de cristal, la escultura en el vestíbulo de entrada, el portero somnoliento que baldea la vereda, el ascensor demasiado moroso y, finalmente, ella.
La cama retiene aún el calor de la noche y él se pierde en sus brazos, en sus labios, en el revuelo de su pelo y en las medias palabras que se emiten en el ardor de la pasión.
El amor, aunque efímero, ha triunfado. Mañana no importa. No importan la pretenciosa moralina de los periodistas, los desdeñosos comentarios de políticos rivales, el escándalo, la traición, el precipicio que se abre a sus pies. Nada de eso importa. El corazón ha triunfado.
Lástima que la realidad no tenga la armonía de la ficción literaria. Lástima que haya personajes tan perversos que sean capaces de apoderarse de un intercambio íntimo de correos electrónicos entre amigos y pasárselos anónimamente a la prensa. Lástima que hubo un periodista advertido esperándolo en el aeropuerto de Atlanta. Fin del encantamiento
Pero él no tiene derecho a lamentarse. Después de todo, cayó en el mismo error, debe reconocerlo, cuando cuestionó la "legitimidad moral" de Bill Clinton por su affaire con Mónica Lewinsky y reclamó su juicio político, o cuando criticó a un colega con una historia similar a la suya, diciendo que "violó el juramento a su esposa".
En este punto es donde Richard Gere desaparece y Mark Sanford retoma su rol. Aquí es donde el encantamiento se esfuma y lo que reaparece es la descarada institución del arrepentimiento político.
El gobernador hizo su mea culpa , como antes de él hicieron otros políticos. Las mismas palabras, la misma admisión de haber traicionado a todo el mundo. A su mujer, a sus hijos, a sus amigos, al electorado. Las conferencias de prensa son el confesionario de los funcionarios pecadores. Todo fue un desatino, una pérdida temporaria de la razón. El amor no importa. El corazón es un embaucador. Ahora lo comprende. Lo que importa es la misión, la fe religiosa, los deberes del funcionario.
Hubo otras desprolijidades, es cierto. El viaje anterior a la Argentina pagado con fondos públicos, el abandono de su función, el engaño respecto de su paradero. No exactamente la clase de comportamiento que uno esperaría de Richard Gere. Pero él se propone enmendar las faltas, reponer el dinero, ganar la absolución de su esposa, recuperar la confianza del público.
¿Qué pensará María, a solas en el departamento de Palermo, mirando a su amigo pedir perdón por televisión? ¿Pensará también que al amor es lo de menos?
antecedentes para la fundación de agharta
ADN, derechos y ácido.
No hay que saber mucho de derechos para darse cuenta que la intimidad es la intimidad y que ninguna ley modificará desde afuera semejante entidad de la condición humana, y que los que no lo tengan claro pueden cometer errores como privar de la libertad a alguien por su aspecto de hippie en desgracia como era para cualquier argentino en la década esa. La intimidad es la intimidad, y no está bueno retrotraer iniciativas parecidas a las de los setenta y obligar a alguien en forma directa o indirecta para averiguar su ADN por caso, porque si no hay lesión a la libertad del otro la intimidad es integridad y la estatura de la propia probidad es primero una decisión individual y privativa no de un tercero por más que se interponga una loable causa, la intimidad es dignidad y la contrición la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes y se encuentran en una frecuencia diferente a la apreciación por parte de un tercero del propio honor o del destructivo deshonor, la intimidad es identidad, y en su forma de elección equivocarse por cuenta propia también es anterior a cometer errores por interpósitas personas, más aún más si la averiguación está impregnada de algún ácido rencor del tercero en discordia.
No hay que saber mucho de derechos para darse cuenta que la intimidad es la intimidad y que ninguna ley modificará desde afuera semejante entidad de la condición humana, y que los que no lo tengan claro pueden cometer errores como privar de la libertad a alguien por su aspecto de hippie en desgracia como era para cualquier argentino en la década esa. La intimidad es la intimidad, y no está bueno retrotraer iniciativas parecidas a las de los setenta y obligar a alguien en forma directa o indirecta para averiguar su ADN por caso, porque si no hay lesión a la libertad del otro la intimidad es integridad y la estatura de la propia probidad es primero una decisión individual y privativa no de un tercero por más que se interponga una loable causa, la intimidad es dignidad y la contrición la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes y se encuentran en una frecuencia diferente a la apreciación por parte de un tercero del propio honor o del destructivo deshonor, la intimidad es identidad, y en su forma de elección equivocarse por cuenta propia también es anterior a cometer errores por interpósitas personas, más aún más si la averiguación está impregnada de algún ácido rencor del tercero en discordia.