CUENTO BREVE NÚMERO TRES DE HISTORIA ECONÓMICA en LA ALDEA.
Había una vez una aldea, donde vivían miserables, vivos o idiotas, más
pocos que muchos vivos y más muchos que pocos idiotas.
Vamos todos por la defensa de la propiedad privada, todos somos vientín,
que no nos quiten lo nuestro, legiones, contingentes numerosos de manifestantes
ansiosos, mostrándose en contra de una expropiación que todavía no es, que no
será en el corto plazo, y que por ahí tiene otra forma en el largo plazo, como
la de una administración colegiada, o lo que fuera.
Unos idiotas un poco más pensantes que otros preguntaron:
Qué es la propiedad privada, ¿la de un grupo de supuestos empresarios?,
¿prebendarios que evaden impuestos?, ¿corruptos que fugan capitales y mienten
con sus balances, con mentiras avaladas por contables y notarios corruptos
también?, ineficientes que deben más de lo que tienen como patrimonio y
acreencias, si la propiedad privada que se defiende no es propiedad de otra
gente diferente a la gente que aparece para la gilada, que tiene más deudas que
créditos, ¿qué propiedad privada será la de quien tiene más pasivos que activos?.
Los primeros y más gritones y quejosos idiotas entre los pocos vivos dijeron:
En defensa de la propiedad privada, de la constitución, viva la
patria.
Y así siguieron encerrados en su odio, impenetrable, impermeable odio,
que les permite estar en contra porque sí, y estar a favor del oprobio, de la
indignidad.

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