Economía etiquetada. No
necesariamente significan buenas noticias las economías externas pecuniarias o
las economías externas tecnológicas en el contextos de las economías
diferentes, al menos no se corresponden con las noticias de esos tipos de economías externas en las economías centrales,
donde los niveles de bienestar se calibraron hace más de cincuenta años con
estándares o patrones soportables de distribución de ingresos o rentas y de equidad/inequidad
para vastas franjas de la población, especialmente para franjas medias y medias
bajas, que son las que habitualmente, en las economía diferentes especialmente,
reciben los cimbronazos de las recesiones mezcladas con elevados niveles de
precios promedio bajos niveles de salarios nominales y reales con mutaciones
bruscas por modificaciones en el tipo de cambio, elevados déficit fiscales,
motivados más por financiación pública de performances productivas de
particulares ineficientes que por la financiación de consumos populares de
subsistencia además, de ingresos públicos regresivos que gravan a sectores de
ingresos fijos y no a empresarios enriquecidos con ingresos crecientes que permiten acumulaciones de
activos, con empresas pobres, o lo que es lo mismo, los mismos empresarios que
en los circuitos virtuales y fiduciarios dilapidan recursos monetarios y
financieros con operaciones fraudulentas de evasión y transformación de activos
en moneda nacional a activos en divisas que luego son transferidas
internacionalmente, con lo que las economías externas son más bien deseconomías
de escala con costos a las franjas de población nacional imposibilitada de
migrar y vulnerable en niveles de ingresos o rentas, los mismos empresarios que
en los circuitos reales hacen escasear la inversión autónoma y privada para
transformar los instrumentos y los recursos tecnológicos que impacten mejorando
las economías externas tecnológicas que tendrían que derivarse de esas
inversiones con retornos de largo plazo pero que son inexistentes en las
economías diferentes, tanto por parte de los empresarios nacionales como por
parte de los empresarios extranjeros que participan más bien en las obras
públicas y oligopolizan los mercados de servicios públicos en los que por
posiciones dominantes elevan sus precios que además están resueltos en moneda
extranjera, y llevan las resoluciones de diferencias a tribunales arbitrales
internacionales donde encuentran escenarios de connivencias que por lo general
las favorecen.

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