Frases hechas. Uno es dueño de
lo que calla y esclavo de las palabras que dice. Incuestionable principio aún
por la inversa, porque son de muy difícil ocurrencia las circunstancias, en la
que uno pueda ser dueño de lo que no calla y esclavo de las palabras que no
dice, o esclavo de lo que calla y dueño de lo que dice, lejos son más comunes
los errores por hablar de más en la vida de donde se queda uno engrampado de
las más difíciles circunstancias, incómodas comprometedoras, ridículas
situaciones que no exponen con los demás volviéndonos vulnerables, rompiendo la
sugerencia del silencio saludable, confirmando las sujeciones o las
subordinaciones a esas palabras de más que lo dejan a uno maldiciendo por
haberlas proferido, o quién me manda a hablar, para qué lo habré dicho si al
final la embromé, y cosas parecidas, por las que uno cae en la cuenta que es
más conveniente meterse en lo que no es directamente de su atinencia, opinando,
negando o confirmando sin fundamento la semiótica la semántica de los demás
mortales que andan cometiendo errores parecidos a los de uno confirmando
aquello que somos la única especie animal que tropezamos dos veces con la misma
piedra de alegorías y metáforas que pueden ser más útiles que las palabras que
se usan o no se usan, oportunamente.

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