Frases hechas. El vivo vive del
tonto y el tonto de su trabajo. De esta uno se acuerda muy frecuentemente,
cuando los acontecimientos de la vida nos hacen recordar lo poco que hacemos
por nuestras reivindicaciones, ocupados como andamos “buscando el mango para parar
la olla” o al menos dando estas explicaciones cuando alguien nos sacude
recordándonos nuestras inopias cuando el color de estos dramas pasan de castaño
oscuro, epígrafe que no queda circunscripto a su referencia con las
performances laborales que nos ahogan cotidianamente, sino que es válido en su
extensión a muchos de los otros aspectos cuya suma es la ridícula, estrecha,
ordinaria cosa que llamamos patria, que supuestamente nos hermana y nos
contiene, que no es más que un rejuntado de esos vivos que en número son unos
pocos no tan pocos que viven del tonto que son unos muchos que viven de su
trabajo, legalizados en sus desaguisados por normas y por instituciones que en
su mayoría son ilegítimas porque borran las fronteras entre derechos y deberes
entre individuos y lo social, y es por esto que nos encontramos con nepotismos
enquistados en todos los ámbitos empresarios y gubernativos, acomodados que
detentan cargos que más bien corresponderían a los otros que para eso hacen sus
méritos, tontos retintos que no hacen nada por sus reivindicaciones.

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