Frases hechas. No hay moros en
la costa. Una terminación con muchas interpretaciones o con muchas acepciones,
antigua admonición que con poco margen de error se usaba para alertar sobre la
presencia o ausencia de invasores moros no deseados en la península ibérica,
que ahora se usa familiarmente para adornar alguna confidencia infidencia de
adultos que los niños de casa no pueden conocer al menos por el momento, o para
señales de alerta de varones o mujeres infieles describiendo escenarios
despejados en el cortísimo plazo por damas celosas o maridos furtivos ante
presentimientos tremendos que no le interesan más que al propio deudo, o que,
en alguna extensión conveniente para los tiempos de globalización que se viven,
se podría usar tranquilamente para dar las señales que, momentáneamente al
menos, no están cerca esos hipócritas que funcionan en modo permanente de sacar
ventajas de las debilidades de cualquier prójimo, ventajas que en el ciento por
ciento de los casos son de carácter económico
aunque haya esfuerzos por mostrarlas a veces como ventajas religiosas.

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