Frases hechas. A brazo partido. Pues
cualquier cristiano con poco más de dos dedos de frente y buena leche hace sus
cosas de esta manera que de esa forma no son exclusivas de nadie, menos de aquellos
que se sienten únicos ejes del universo del propio universo que ni eso tienen
en cuenta, espejos de sus propios reflejos, de miradas concentradas en sus
ombligos que les impiden ver que hay otros, muchos, parecidos, que se rompen
todos los días por ser mejores, y hacerla mejor de lo que vienen haciéndola, a
brazo partido, porfiando de la mejor manera, con todas las fuerzas, físicas y
morales, y que así y todo hay, muchos, a los que los resultados no los
favorecen, justamente porque más allá de una voluntad particular hay un entorno
hostil y previamente digitado por prestidigitadores acomodados y codiciosos
convencidos de sus condiciones mesiánicas y fundantes, a los que nada interesan
los cientos de miles que, todos los días, le pelean a lo que le tengan que
pelear con todas sus fuerzas con todas la energías que tienen o sacan.

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