Frases hechas. El que se enoja
de nada y retorna sin llamadas ni señales ni nada, el que se va sin que lo
echen vuelve sin que lo llamen. Funciona para los necios que empacados por
nimiedades menores se exilian en ridículos exilios blindados a explicaciones y
razones buenas o malas razones de conciliaciones posibles, funciona la metáfora
cuando alguien retorna como perro con la cola entre las piernas la cabeza gacha
y el entendimiento tardío que las discordias no dan para tanto que las concordias
disuelven rencores que acortan las armonías que alteran las desarmonías que
arruinan tantas existencias iracundas tal vez por la confirmación de la
inmanencia que prevalece sobre la trascendencia de lo poco efímero que se está
ante lo mucho eterno que no se está, funciona para el que interpreta que la
ausencia que procede la comodidad del egoísmo es más importante que la
presencia que fomenta el compromiso de la cooperación, del que se va sin
imperativos y a la larga vuelve con eufemismos, de la resignación que atrasa y
el reconocimiento que la equivocación a veces no es solamente del otro.

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