Es difícil decir justo cuándo fue
que el diablo entró por la ventana porque si era pasar por la puerta el único
que lo hacía por la de su casa era el mesías por la cantidad de chupasirios que
había en la familia con todos yendo a las misas de los domingos comulgando
aunque más no sea una vez por semana ayunando en pascuas o pasando como
señoritos el garrón de las doce estaciones de la pasión en las vísperas de
navidades, es difícil decir justo cuando fue que se filtraron las llamas de un
infierno más grande que el infierno mismo que se soñaba con las pesadillas
malos entendidos presentimientos celos euforias, pero aunque difícil de la
noche a la mañana aparecieron las malas noticias imponiéndose sobre las buenas
los malo augurios las premoniciones, de repente, todo lo malo fue bueno o lo
poco de bueno desapareció para ser malo definitivamente de los escenarios donde
ellos se movían con un par de niñas muy pequeñas que inocentes y absortas
miraban desconcertadas desde sus confortables lugares como si adivinaran que
los estaban perdiendo, cuándo desde cuándo ella había caído en las garras y en
las fábulas de ese galán calamitoso que ni siquiera se jugaba llevándosela como
los príncipes llevan a las princesas más que en otros lados en los cuentos que
es en todo caso hacerse cargo de las propias elecciones, lo cierto es que
cuando eso pasó todos los soportes cedieron todos los tablones donde estaban
parados se vinieron abajo y ellos fueron protagonistas y damnificados de los
mismos incidentes de la separación de bienes de penurias de hijos que
sobrevinieron después de las deshonras después de las escaramuzas después de
todo lo que pasó en un instante, que tal vez era el resultado de una larga
historia de equivocaciones, quien más que él para olfatearlo que había hecho lo
mismo que estaba haciendo ahora ella, de hacerla cornuda no una sino miles de
veces.

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