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Wednesday, April 19, 2017

Resurrecciones rima persecuciones.




Lo único que perecía al margen de la histeria en esos días en ese pueblito de mierda era una manada de perros callejeros desmañados y sucios trasuntando en busca de comida seguramente, que de rato en rato especialmente cuando se despoblaban las calles por la hora de la siesta, chapuceaban en los charcos y cabeceaban mostrando sus ojos grandes redondos vidriosos lastimosos, paseando empiojados y amodorrados en busca de cualquier comida o de los restos de comida que las comadres juntaban como sobras de los guisos o los pucheros para darles primero a los animalitos de la casa que estaban como si posaran inmóviles y chochos y rechonchos en los zaguanes o en los zócalos o en los peldaños de los porches de entrada a las casas en el ingenio, o de los restos de los restos de la comida que los compadres disimulaban con caras de asco en cajones que afanaban en la verdulería de los Guerrero que les hacían la vista gorda con esto, cajones que ellos forraban primero con diarios viejos y amarillentos para traspasar esas materias babosas y chorreantes de la basura, lo único que parecía al margen de la histeria era esa yunta de perros vagabundos que iba y venía por las cinco cuadras de la avenida libertad, mientras quien más quien menos transcurría neurasténico por las calles escuchando que por orden del interventor de la municipalidad el Buendía anunciaba por medio de unos altoparlantes un mensaje que salía de unas cintas grabadas antes por el mismo con la voz impostada como le salía cuando le tocaba dar noticias que no gustaban demasiado, hacía saber a la población de la vigencia del estado de sitio del mantenimiento de las garantías mientras estén cumplidas las instrucciones y de los cuidados extremos que todos tenían que tomar para no quedar pegados de células subversivas de la guerrilla apátrida, le salían al publicista del pueblo las palabras dictadas por el secretario del interventor de la municipalidad que respondía al comando de la región con asiento en el jardín de la república, las palabras fluidas como habrán sido las instrucciones que tenía, que tenían por esos días las comadres y los compadres que de asustados ni siquiera organizaban jodas porque se veía que ni sabían lo que buscaban o perseguían los milicos recién llegados, porque al vecino de Palito se lo llevaron y ahora como si hubiera resucitado apareció después de dos meses y dijo que con estos no hay joda y que no quiere tener problemas, que no le hablen del sindicato ni de la explotación de los obreros ni de nada.



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