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Saturday, March 11, 2017

Prisiones rima libertades.



Los primeros días fueron todo una novedad, la casa por la calle, el encierro por el espacio infinito de la ciudad, el primero el segundo el tercer día, la primera semana la segunda fueron todo una novedad, el primer mes y los restantes, respirar tranquilo sentirse libre de verdad sentarse en cualquier vereda sin pedir permiso a nadie sin rendirles cuentas a nadie sin andar explicando estupideces a la bruja a los niños a vecinos o curiosos en el almacén de la esquina en el súper, buscar cuando vinieran las ganas agua en bebederos destruidos por los inadaptados y vándalos en plazoletas atiborradas de niños de sirvientas y jubilados armarse una choza con pedazos de cartones de cajas usadas en tachos de basura, lavarse la cara después de noches tenebrosas y de desvelos, sentirse libre aunque esa libertad hubiera sido pagada con su raquítico patrimonio que era más heredado que propio la escritura de la casucha un autito de mierda, sentirse libre aunque para sentirse así se hubiera entregado lo poco que se tenía, libre de ataduras gritos imprecaciones reclamos, de celdas estrechas de calvarios en rincones de la casa para calmar las iras que despertaban los insultos los razonamientos de la ladina los gritos de los caprichosos de los chicos, lo timbres que sonaban todos los días apretados por vendedores ambulantes por mercachifles ofreciendo de todo, libre y tranquilo aunque fuera en la calle para amortiguar las intolerancias las ganas de meter puñetazos en puertas o ventanas de mandar todo al carajo, libre de vagos varios que venían con discusiones por cualquier motivo, caminar por las calles sentarse en un banco de cualquier plaza cuando cayera la ficha de la ocurrencia subirse al cerro siguiendo los senderos que abrían niños promesantes con morros recordatorios de las estaciones del calvario de los últimos días de Jesús las doce estaciones o las diez al final los curas nunca se ponían de acuerdo, senderos de curas y de los perros, de la ciudad que antes se contemplaban desde la ventana mientras se cuidaba a los críos que pasaban esos días que no los aguantaba nadie, los primeros días fueron todo una novedad sin los gritos ni las llamadas de atención de la ladina que se quejaba todo el día de cualquier cosa de la casa de la falta de trabajo de la escasas vituallas que llegaban desde las casas paternas cuando ellos se habían comprometido a ayudar con los gastos y presupuestos cuando se confirmó el embarazo y le dijeron que evitara el raspado y que lo tuviera aunque no esperados los nietos eran una bendición de dios y hasta por ahí llegaban con un pan bajo el brazo, toda una novedad caminando por las calles que antes se transitaban por intervalos de la casa al trabajo del trabajo a la casa cuando la ladina no dejaba ni respirar ni siquiera los viernes por la noche cuando los muchachos se juntaban  a comer bagre en los mayuatos jugar al sapo y mamarse hasta nomás de las cuatro de la mañana, los primeros días fueron todo una novedad dirimir con los otros que andaban por la calle que no es de nadie pero sí de los que como él habían perdido además de las esperanzas el rancho para volver después de las andadas.

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