No hay mejor sordo
que el que no quiere oír, peor compañero que el que no quiere estar, peor
indiferencia que la que sale de un indiferente, él siempre fue bueno conmigo yo
me quedé con esa espina si yo fui entonces bueno con el o si actué como malo
como una escoria que merece la hoguera eterna sabiendo fehacientemente que era
el único que podía estar con él cerca haciéndole saber que éramos pocos pero
que ahí estábamos amontonados como pocos apilados como los pocos miembros de
una familia que no había sido extensa y que venía ya con reducciones de muertes
y de partidas, él postrado yo acompañando como podía como pude entonces como
podría, tormentoso como fue siempre atormentado lento como fui para responder ahí
nomás a las cosas importantes que se me presentaban en cada codo de la vida, después
de todo somos lo que somos, lento para reaccionar al toque como en ese codo
como en esa vuelta que él pidió y yo no pude darle, satisfacer su pedido, como en
un salto de una rayuela, siempre pidió siempre estuve ahora pedía no pude, haciendo equilibrio del uno al dos o del dos al
uno de ese momento de mi vida de su vida, un instante unos segundos una mañana
cualquiera de cualquiera de los tantos otoños que se terminan pasando, no me lo
mando a decir ni me mandó un mensaje por elevación no apareció interpòsita
persona a decirme que lo decía, esa mañana casi de madrugada me lo dijo
directamente tomando mi antebrazo con sus manos esquelética con las venas
dibujadas y las manchas marrones sobre la piel propias del paso del tiempo, con
efusión medio dormido todavía, me dijo que no lo dejara solo me pidió que
estuviera cerca que necesitaba que anduviera a tiro, no me lo mandó a decir me
lo dijo directamente y yo no estuve contestando ese pedido suyo directo, por
esto por aquello de esos argumentos que usamos para justificar falencias, en
esos días de pretextos de cargas que no se compraban, no pude quedarme cerca de
él que me lo pidió, andando con mis
ocupaciones terrenales cotidianas obligaciones ordinarias, inventando
excusas con esas ocupaciones con esas obligaciones de todos los días, cuando
debería haber estado, el fue el mejor conmigo y hasta ahí yo había hecho lo
posible para ser el mejor con él que había sido impecable conmigo, su mensaje de
entonces me llegó la cosa es que fue el único que no pude responderle, él se
murió a la semana se habrá muerto enroscado en sus miedos en sus temblores
convencido de mi pobre calidad de hijo, pensando que actué para la mierda.

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