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Sunday, February 19, 2017

Jefes rima ejes rima tejes(manejes).


No era cuestión de llegar así nomás de un día para otro y hacerse el señorito o la señorita si lo intentaba en el embudo, donde de noche andaban rondando desde el familiar a los duendes y la mujer sin cabeza según fueran avanzando las horas de las madrugadas después que las puchero se fueran a dormir contentas de haberle hecho la cabeza y otras cosas a los pajeros que las revoloteaban, y donde de día andaban los malandras con libertad condicional del penal de Villa Gorriti que le cagaban la vida de honesto a rompehuesos que había levantado a duras penas su ranchito, esa lacra alardeando con su bíceps apretados en camisetas malla blancas que las concubinas se ocupaban que estuvieran así con la lejía que les ponían cuando las lavaban, para ellas que andaban también malhumoradas especialmente cuando no las apretaban para garchárselas en los rincones que encontraban, podía escasear el puchero pero no la lavandina cuando ellos venían porque venían justamente a dejar las vituallas, no era cuestión de llegar y marcar territorio en la compuerta ese hueco en el extremo del cañaveral atravesando la ruta treinta y cuatro donde los días de verano se convertía en natatorio de las comadres y los compadres del ingenio o más que de ellos de los vástagos que eran muchos que retozaban bajo la vigilancia celosa a puro mate de los progenitores que además aprovechaban para hacer vida social y esas cosas, no era cuestión de llegar así nomás y hacerse el señorito o la señorita si fuese de todas las calles de tierra del ingenio donde se desplegaban las infinitas payanas, las rayuelas las pilladitas, las vueltas en bicicletas que dejaban los reyes magos cuando pasaban, no era cuestión, había que hablar con los jefes primero que hacían de ejes del visto bueno y las negaciones cuando alguien quería entrar en esas cofradías cerradas que parecían cosas de niños llegaban en carradas al pueblo cuando se hizo la papelera que, eso sí, se conocían todos los tejes y manejes, si ellos consentían los señoritos, o las señoritas, entraban en esos juegos.



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