Son más frecuentes las
situaciones con condiciones como el carnicero del ejemplo de Adam Smith que
hace valer en sus transacciones su propio interés que funciona mejor que su
benevolencia, que las sugeridas por las teorías de los utilitaristas y
marginalistas que imaginaron un sujeto que además de buscar optimizar sus
rendimientos o minimizar sus costos era benevolente y solidario y que por tanto
por los famosos derrames contribuiría al “derrame” de la prosperidad para
todos, sin embargo los principios de estos como aseguran los autores sirvieron
y sirven constantemente para explicar para que no se entiendan todas las
incoherencias institucionales de los sistemas donde se necesite que se
interpreten las desproporciones y los equilibrios inestables con resignaciones,
a diferencia de los principios del derecho natural objetable del ejercicio de
apropiación del ejercicio de la propiedad privada de bienes servicios y
recursos, y de las cuestionadas libertades de contratación, en las que frecuentemente
se vulneran los intereses de algunos o muchos en consonancia con las
concesiones por los derechos de otros muchos o pocos.

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