El problema no es qué nos mienten
sino qué creemos sobre lo que nos mienten para mantenernos disciplinados dentro
de las reglas que sirven para sostener el sistema esa amorfa entidad que según
lo que dicen nos sirve a todos que es así porque si bien es cierto que no
existo sin el sistema también es cierto que el sistema no existe si no existo,
el problema no es cómo nos mienten sino cómo tomamos esas mentiras cómo las
procesamos para hacerlas verdades relativas cómo las tomamos cómo las tratamos
cuando las incorporamos en los aconteceres cotidianos donde nos mienten y
mentimos aunque digamos lo contrario porque cómo estamos es la medida de cómo
mentimos, el problema no es dónde nos mienten sino dónde dejamos que no mientan
que lo vamos haciendo en todos lados después de ir transitando negaciones que
marcamos como fronteras y que en estas cuestiones de las mentiras somos
nosotros mismos entonces las cuestiones son qué cómo y dónde me miento como me mienten
como les miento a los que les miento para que no terminen de ver de buscar o de
encontrar las verdades, el problema no es por qué nos mienten sino porqué
aceptamos las mentiras o porqué dejamos que nos mientan cuando nos acercamos a
eso que nos dicen mentime que me gusta, el problema no es para qué no mienten
sino para qué dejamos que nos mientan tal vez con la remota presunción que nos
sale mejor ser parte o ser una mentira que la autenticidad con la que
alardeamos solamente desde el lado del relato que nos hacemos o de los
discursos que les damos a los que están cerca, el problema no son los que nos
mienten probablemente sea más bien el problema o de la solución que es parte
del problema, tal vez solo somos una o más mentiras de distintas layas de distintos
portes.

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