Volaba alto, nadie tenía la misma
puntería ni la prestancia de él cuando agarraba el rifle calibre veintidós lo
acomodaba en sus manos lo apoyaba en el hombro y un ojo cerrado y el otro
abierto siguiendo la línea del largo caño y la mira ordinaria, disparaba a la
bandada de loros que se desparramaba menos el que caía como si explotara una bomba
de acuarelas desordenadas como los trabajos que ellos hacían para las señorita
de dibujo, desde las ramas de los eucaliptos con dirección al cielo lo más alto
posible con cada bala que disparaba compensando las balas que desperdiciaban
los otros niños que temblequeaban más que los loros de plumas verdes y
amarillas las tardes en la isla mientras el chacarero los dejara mientras no
anduviera de mal humor y quejándose de su suerte rondando los surcos
supervisando los regadíos para hacer más fuerte la tierra donde crecían las
cañas en los surcos, el no buscaba troncos donde subirse ni páramos descampados
para prepararse ni se preocupaba si los loros estaban en lo más alto de los
árboles o en lo más bajo, él volaba alto, aunque cuando tenía mala suerte y no
le pegaba a ninguno de los loros que parecían burlarse de él y de los niños en
sus vuelos, volaba bajo mintiendo de sus caserías a los demás que embelesados
lo escuchaban cuando volvían al ingenio.

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